Corrupción, hasta aquí te trajo el río

Corrupción, hasta aquí te trajo el río

16 de julio del 2017

Reficar, Agro Ingreso Seguro, Ley Urrutia, Isagén, Saludcoop, Transmilenio, ICBF, Odebrecht, fiscal anticorrupción apresado por corrupto, director de seguridad de la segunda ciudad colombiana procesado por vínculos con bandas criminales, por sólo mencionar algunos pocos escándalos.
¿Hasta dónde vamos a llegar?

Los colombianos pierden cada día más, con sobradas razones, la confianza en las instituciones y en la política, o por lo menos en la forma en que se hace hoy la política en este país. La corrupción es el pan de cada día, y para nuestra desgracia involucra también a los encargados de perseguirla.

Pero más grave que perder la confianza en la forma como se hace la política, es acomodarse a ello; de ahí se puede inferir que la sociedad tiene una gran responsabilidad. Desde hace tiempos la mayoría de los ciudadanos están eligiendo a los políticos que hacen de la corrupción su modus vivendi y el poder lo poseen los partidos políticos con cuyo aval fueron elegidos estos personajes.

Quien a sabiendas de lo que hace, elige un corrupto es tan responsable como el elegido que desarrolla prácticas corruptas. Si no usamos bien nuestro derecho de elegir y votamos por los mismos que han desangrado el erario público y se han enriquecido con los dineros del Estado, que han salido de nuestros bolsillos de contribuyentes, somos tan culpables como ellos.

Hay una anécdota que desnuda de cuerpo entero nuestra democracia de papel: un político de mucho renombre, que llevaba ya cuatro períodos haciéndose elegir como congresista mediante la compra de votos, fue abordado por uno de sus electores que le increpó por haber aprobado una ley que resultaba siendo perjudicial para este votante, pero el congresista, sin el menor asomo de vergüenza le respondió: “tú no tienes derecho a reclamar nada porque tú me vendiste tu voto, entonces ese voto es mío y yo hago con él lo que me venga en gana”

Pese al descaro con el que este político respondió a su elector, sólo dijo algo que resulta siendo una realidad, pues nadie tiene por qué reclamarle al diablo después de venderle su alma. Un dicho que quizás todos hemos escuchado entre la gente del común cuando se refiere a sus gobernantes es aquél “que roben, pero que por lo menos dejen obras”, es otra evidencia del nivel tan bajo al que ha descendido en nuestro país la percepción de lo que debe ser la política.

Es muy grave la corrupción, pero peor es que sea tolerada como algo inherente a la función pública y es profundamente lamentable que esté arraigada en el imaginario colectivo, hasta el punto de ser aceptada con resignación. La corrupción no debe ser permitida ni tolerada, no debe salvaguardarla la impunidad, ha de ser condenada y sobre sus responsables debe caer todo el peso de la ley.

No hay democracia que funcione en sociedades corruptas. No es posible tener una sana convivencia en sociedad si no prima la satisfacción de las necesidades e intereses comunes, el bien común. Que no es más que tender a hacer más justa y más digna la vida colectiva. No podemos seguir eligiendo –y tomo esta frase del senador Robledo- a quienes separan su suerte individual de la suerte de la nación, aquellos a quienes sólo les importa que a la minoría que gobierna le vaya muy bien, mientras al resto de la población le va muy mal.

Y este escrito no es para concluir “recoge y vámonos que aquí no hay nada que hacer”. Al contrario, hay una gran tarea pendiente, porque con la convicción de que esta situación por la que atraviesa Colombia tiene cómo cambiarse, los ciudadanos de bien, que son la mayoría, deben adquirir este compromiso. Necesitamos cohesionarnos, trabajar juntos; los problemas de este país nos conciernen a todos; podemos encontrar dirigentes probos, que se unan a este compromiso, pues no todos los políticos son iguales.

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