De apátridas, traiciones y otros demonios…

9 de junio del 2017

Cuando en el 2007 en un evento en México, durante el gobierno del cuestionado por unos y aclamado por otros, expresidente Uribe, la otrora senadora Piedad Córdoba afirmó que Colombia era un país “paramilitarizado”, fue en su momento duramente criticada y juzgada socialmente como apátrida, traidora y otros adjetivos. Muy pocos años después había sido […]

De apátridas, traiciones y otros demonios…

Cuando en el 2007 en un evento en México, durante el gobierno del cuestionado por unos y aclamado por otros, expresidente Uribe, la otrora senadora Piedad Córdoba afirmó que Colombia era un país “paramilitarizado”, fue en su momento duramente criticada y juzgada socialmente como apátrida, traidora y otros adjetivos. Muy pocos años después había sido destituida por la Procuraduría de entonces, el hoy candidato a la Presidencia de la República; Alejandro Ordoñez, en una sentencia recientemente tumbada por el Consejo de Estado.

Sin embargo, hoy a menos de 10 años después, el mismo expresidente Uribe es quien hoy sale a un evento internacional a hablar mal del Gobierno actual, pero finalmente a hablar mal del país.

Al comparar las dos declaraciones (la de Córdoba en México y la de Uribe en Grecia), encontramos similitudes en el actuar pero sendas diferencias en la información y en los dos casos, consecuencias igualmente desastrosas para la confianza internacional y la inversión extranjera y un mensaje de desunión interna, bastante desafortunado.

Mientras que Córdoba acusaba al presidente electo democráticamente entre otras cosas de; asesino, paramilitar y mafioso, señalaba también a todo el país de estar paramilitarizado, si bien, no son pocas las acusaciones que pesan sobre el expresidente y miembros del congreso de la época, donde mas del 30% del congreso estaba permeado por el fenómeno de la criminalidad paramilitar, trasladar ese señalamiento al total de la población, es por lo mínimo temerario, injusto y poco cercano a la realidad, peor aun cuando sumado a ello se invitaba a los gobiernos progresistas a cesar toda actividad comercial con Colombia, perjudicando al grueso de la población nacional.

Ahora bien, recientemente escuchábamos a un desencajado senador y expresidente Uribe afirmando con vehemencia en un pésimo ingles, que “en Colombia, los terroristas están por encima de las reglas del estado de derecho”, esto en el marco de una cumbre mundial de lideres realizada en Grecia. Estas declaraciones pasarían desapercibidas, sino fuera por que este desafortunado comportamiento, no deja de ser similar a aquel mismo que sancionaba tan duramente el senador Uribe de su contradictora la ahora exsenadora Piedad Córdoba, pintando un panorama ante la comunidad internacional de un país invadido por los cultivos de coca y con una delincuencia imperante que ha llevado a que los inversionistas extranjeros, se hayan retirado del territorio nacional

Sin que se justifique una acción o la otra y sin que esta discusión gire en torno a si un gobierno ha sido mas o menos legitimo que otro, si se hace necesario que en Colombia aprendamos a zanjar nuestras diferencias de manera interna, respetuosa y ciudadana, no podemos seguir comportándonos como los hermanos menores que buscan a su hermano mayor para que le defienda y esto recuerda otros incidentes internacionales en los que se ha buscado apoyo internacional a sus planteamientos sin contar con que esos apoyos a iniciativas particulares le hacen un terrible daño a la población nacional, quienes padecen las consecuencias de los orgullos mal manejados y las arrogancias de creer que su cosmovisión de país es la que debe ser aceptada, ya no solo por la población interna, sino que ahora se traslada ese necesidad de aceptación a la comunidad internacional.

Cuando un Colombiano acusa a otro de traición, amparado únicamente en la idea de que no comparte la opinión de otro, es imposible no pensar en aquello que realmente esta traicionando; a otro, a lo que se esperaba de esa otra persona o a sus ideas, de cualquier manera, a lo único a lo que no podemos traicionar es a nuestra sociedad, al colectivo que conformamos todos, independientemente de sus creencias, ideas, pensamientos o filiación política.

Con cada incidente de esta naturaleza, se hace mas evidente la necesidad de una lógica compartida de reconciliación nacional, lo cual significa necesariamente que todas las ideas tienen cabida y que finalmente debe haber un interés superior; el bienestar colectivo a nivel interno y a nivel internacional, aplicando el adagio popular que reza que “la ropa sucia se lava en casa”

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