De los Canales Privados (Televisión Nacional)

Mar, 05/07/2011 - 03:35
Antes que nada me permito hacer una aclaración: dada nuestra condición de país en vías de desarrollo, -o lo que viene a ser lo mismo subdesarrollado-, se entiende que en gran parte del territorio
Antes que nada me permito hacer una aclaración: dada nuestra condición de país en vías de desarrollo, -o lo que viene a ser lo mismo subdesarrollado-, se entiende que en gran parte del territorio nacional, la mayoría de las personas no tenga acceso a televisión por cable. Lo que los obliga, de forma literal, a someterse a lobotomías diarias, por la programación poco educativa que los canales privados de televisión nacional ofrecen. He ahí, una muestra de subdesarrollo. Si se les mira bien, estos canales son como siameses. Al comenzar el día, cada uno ofrece programas dedicados al campo, a mostrar las últimas tendencias en el agro, la tecnificación en las grandes fincas, muy alejados eso sí, de la realidad del pequeño campesino. De todos modos, son programas dirigidos a la gente del campo, a los campesinos, pero resulta que a esa hora de la mañana, la gente del campo, se encuentra realizando sus labores, sacando de la tierra, -de la poca que le han dejado-, el sustento diario para su familia. Y no existe la más mínima posibilidad de que lo puedan observar, a menos que seas un campesino jubilado, -cosa que dudo mucho en éste país-, o en su defecto, un acaudalado terrateniente, a quien no digamos mentiras, el programa tampoco interesaría. Luego, para darle más entretenimiento a las familias colombianas. Inician de forma simultánea, dos programas, con formatos casi que calcados, -como todo en estos dos canales-, con presentadores reencauchados, que supuestamente ofrecen un contenido variado, con el ánimo de interesarle a todo mundo (por lo menos a la gran mayoría de los colombianos, -o habitantes del país subdesarrollado-). A mí, no me interesan, sobretodo porque no soporto al señor “Jota” en un canal y al señor “Acné” en el otro, para mí, no clasifican ni como presentadores para un espectáculo circense. Sin el ánimo de ofender, lo importante es la personalidad. Mi pregunta es: ¿con éste tipo de programas, cómo diablos no vamos a ser subdesarrollados? La mañana trascurre, mientras que la olla pitadora anuncia que el almuerzo casi está listo. De forma inmediata y simultánea, comienzan los programas con referencia a casos de la vida real (que a usted y a mí, nos puede pasar), una duda que siempre me ha asaltado: de dónde carajos sacan a las personas que participan ahí. Es impresionante el grado de degradación, de manipulación, de burla, al que los productores de estos programas están dispuestos a llegar, con tal de subir aunque sea un poco el rating. No hay derecho, como nos burlamos de esa forma, ya sabemos que son personas i-letradas e i-gnorantes, pero no es justo restregárselo en la cara, y mucho menos en televisión nacional, y mucho menos antes de almuerzo. Ese es un crimen de i-lesa humanidad. Pero eso es entretenimiento, damos a la gente lo que le gusta. Y que otra cosa le gusta más a la gente que el morbo. Y si de morbo hablamos, que tal los noticieros. Antes aclaro una cosa: los presentadores de los noticieros no son robots, aunque lo parezcan no lo son, son seres humanos como tú y como yo, no hay que faltarles el respeto de esa manera, me refiero a los robots por supuesto. Lo que pasa es, que enfrente de ellos tienen un telepronter, una especie de pantalla electrónica, situada en la cámara que les está haciendo el plano, indicándoles todo lo que tienen que decir, esto con el fin de evitar gazapos literarios, para que la presentación de la noticia sea impecable, en la televisión no se permiten lo errores, todo debe ser perfecto. Las noticias buenas, positivas, en el formato de estos noticieros, son escasas. Tan escasas, como dijo un columnista de la Revista Semana, que admiro mucho: que se pueden contar con los dedos de la mano, de la mano de Germán Vargas Lleras. Todo en los noticieros es tragedia, están empecinados en hacer de todo una tragedia, -como si éste país ya no lo fuera-. Pero lo trágico, es sinónimo de rating. Y el rating, es lo que hace que las grandes empresas, pacten en publicidad, simple, sencillo. No importa informar, lo importante es el rating. Para completar la programación. Hacerla más entretenida. Nada más implacable, que una telenovela. Con el mismo libreto, una y mil veces desgastado, que estas producciones ofrecen, llámense: venezolanas, mexicanas, colombianas, o de cualquier otro lugar de éste muladar americano. El protagonista pobre, dicho sea de antemano, que no tiene apariencia de pobre, que se hace rico, porque en realidad era rico, solo que no lo sabía, y se casa con la rica, que no era rica, solo que usurpaba el lugar del pobre que era rico y del cual se enamoro, sin saber que era rico. Es más o menos algo parecido. Los pobres de las telenovelas siempre han llamado mi atención: en el caso masculino, porque el tipo es fornido, todo un adonis de la pobreza, un digno representante de la decadencia social. Imaginen a un pobre del estilo de, digamos: Diego Cadavid, Manolo Cardona, Javier Jattin, recogiendo cartones por la calle, con un diseño de sonrisa a lo Marlon Becerra. Haciendo dietas, y asistiendo a una rutina diaria de entrenamiento personalizado para mantenerse en forma. O, en el caso femenino, a Taliana Vargas, Sara Corrales o alguna otra, como muchacha del servicio, o vendiendo minutos en un SAI callejero. Con cinco muchachos reclamándole comida, siendo madre soltera y haciendo fila, para recibir el subsidio de familias en acción y con ello poder pagar sus tratamientos de belleza. No, eso en la vida real no sucede, solo en las novelas. Expertas en crear dilemas existenciales, a los incautos, cuya existencia en sí, ya es un dilema, porque viven en un país subdesarrollado. La conclusión, es la siguiente: como vivimos en un país subdesarrollado, somos tratados como seres subdesarrollados. Y la televisión que vemos, es para gente subdesarrollada, en cuanto a contenido. De igual manera, la gente que hace televisión en Colombia, es subdesarrollada, -la que hace televisión en los canales privados-. Y como la mayoría de la gente subdesarrollada de Colombia, no tiene los medios, ya no económicos, sino infraestructurales, para acceder a la televisión por cable, no queda otra salida que seguir sintonizando los canales privados. Y como la Comisión Nacional de Televisión, no sirve para nada, en cuanto a regular contenido de programación se refiere, -más enfáticamente de estos canales-, nos tocará morirnos, siendo subdesarrollados y viendo programación subdesarrollada, todos los días. Hasta que dejemos de serlo, y podamos conseguir televisión por cable, para encontrarnos con la triste realidad, que en los países desarrollados, también se hace televisión subdesarrollada.
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