La frágil paz que comenzó a regir en Siria este jueves, gracias al plan del enviado especial de Naciones Unidas y la Liga Árabe Koffi Annan, da un muy necesitado respiro a la población siria, aunque deja muchas dudas hasta el momento. Serán cientos, sino miles de personas las que tendrán acceso a ayuda humanitaria, entregada directamente por el Comité Internacional de la Cruz Roja, después de 11 meses de inagotable violencia. Sin embargo, si no comienza de inmediato un arduo proceso de diálogo y transición, en pocos días volverá la violencia, y esta vez con creces.
A pesar de no haber retirado sus tropas de ciudades como Homs, Alepo o Deraa, el gobierno de Bashar Al Assad dio la orden de cesar las hostilidades siempre y cuando las fuerzas opositoras hicieran lo mismo, advirtiendo indirectamente su intención de proseguir con la violencia si la situación se lo exige. Esto recuerda de manera implícita que la situación actual es solo un cese al fuego y no un acuerdo de paz definitivo. En los próximos días deberían entrar veedores de Naciones Unidas para supervisar el desarrollo de la situación pero nada de esto será suficiente.
La violencia en Siria empezó durante los levantamientos de la Primavera Árabe y, como parte esencial de este proceso, buscaba la transición a un régimen democrático, respetuoso de la ley y la diversidad de opiniones. El cese al fuego no hace nada por el clamor legítimo del pueblo sirio. El plan del Koffi Annan establece un proceso de diálogo entre oposición y gobierno en las próximas semanas, pero será difícil que la oposición pueda confiar en la palabra de un hombre como Al Assad, quien no ha tenido ningún tipo de reparo para usar las fuerzas destinadas a la defensa de la población civil para su propio beneficio.
Por otro lado, la comunidad internacional (representada en este caso por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas) ha llegado a un punto muerto en sus conversaciones debido a la posición férrea de Rusia y China de defender la soberanía del régimen de Al Assad. La comunidad internacional (así como lo ha señalado en diversas ocasiones Koffi Annan) tiene que mantenerse unida a la hora de denunciar al régimen sirio. No basta con que EEUU y la Unión Europea pidan la renuncia de Bashar Al Assad si por el otro lado Moscú denuncia a la oposición como gran culpable de la violencia en el país. El Consejo de Seguridad debe llegar a un acuerdo en el cual se denuncie a cualquier actor en el panorama sirio, sin importar su afinidad política, decidido a interrumpir la paz.
Y, como si fuera poco, todo debe terminar con un nuevo gobierno transicional, representativo de los todos los sectores políticos del país, que asuma la tarea de llevar a Siria a un nuevo periodo democrático de su historia. Bashar Al Assad no tiene ya lugar en el futuro del país como líder pues ha perdido su legitimidad. Será la justicia internacional la que decida qué ocurrirá con Al Assad después del fin de su mandato, pero su permanencia en el poder tiene los días contados.
Hay mucho por hacer para asegurar la paz en Siria. El cese al fuego es un buen primer paso, pero tiene un inmenso riesgo de pasar al olvido si no se usa para continuar con un arduo y constante trabajo de democratización. El camino es largo pero por lo menos esta semana se ha dado un importante primer paso.
Del cese al fuego en Siria y la necesaria transición
Jue, 12/04/2012 - 14:30
La frágil paz que comenzó a regir en Siria este jueves, gracias al plan del enviado especial de Naciones Unidas y la Liga Árabe Koffi Annan, da un muy necesitado respiro a la población siria, aunq
