EL COLOMBOÑOL

7 de septiembre del 2011

¿Por qué en el español no hay signos de interrogación mayúsculos y minúsculos? ¿Acaso es lo mismo preguntar cosas cotidianas y triviales que preguntar cosas profundas y trascendentales?  Por ejemplo, ¿tienen el mismo calibre estas dos preguntas?:  -Monito, ¿me regala una monedita?  -Monitos, ¿van a aprobar el TLC?  No, por supuesto que este par de […]

¿Por qué en el español no hay signos de interrogación mayúsculos y minúsculos? ¿Acaso es lo mismo preguntar cosas cotidianas y triviales que preguntar cosas profundas y trascendentales?

 Por ejemplo, ¿tienen el mismo calibre estas dos preguntas?:

 -Monito, ¿me regala una monedita?

 -Monitos, ¿van a aprobar el TLC?

 No, por supuesto que este par de preguntas no tienen el mismo peso, a pesar de que ambas tienen el mismo aire lastimero. Pero hay diferencias: la primera pregunta es formulada por un capitalino de abajo buscando un peso; la segunda, por unos de arriba buscando más capital y muchos, pero muchos pesos.

 Entonces, si las preguntas difieren en materia, sujeto y valor, ¿por qué se formulan con idéntica clase de signos de interrogación?

 Hay preguntas que deberían escribirse entre signos de interrogación especiales, mayúsculos digo yo. En mi concepto, estas cinco preguntas clásicas son un buen ejemplo. Analice usted, por favor:

 -¿Se llama Tratado de Libre Comercio porque se trató, se trató y no se pudo?

 -¿Una casa de citas es una casa de interés social?

 -¿Será casualidad que la vida empiece con el semen y concluya en el cemen-terio?

 -¿La capital de Latinoamérica es Miami?

 -¿La diferencia entre el 15-M español y el M-19 colombiano es mucho más que cuatro cositas?

Por la cara que hizo, ya veo que usted no está de acuerdo conmigo. Pero tranquilo: respeto su punto de vista, reconozco que el tema es polémico. Créame que no pienso zanjar esta diferencia a tiros con usted. Por estas cosas no vale la pena sacar a pasear el sicario que llevamos adentro. Mejor hagamos una cosa: déjeme en los comentarios al final de este blog las preguntas que en su concepto merecen encerrarse entre signos mayúsculos de interrogación. ¿Ve?, el problema era fácil de solucionar. No había razón para matarnos por una pendejada de esas.

 ¿Le parece si seguimos hablando del asunto de los signos de interrogación? OK, gracias. Entonces, prosigo.

 Aunque usted no lo crea la lengua de Cervantes aventaja al inglés en esto de los signos de interrogación, cuantitativamente hablando.    El español cuenta con dos signos de esta clase –el de apertura y el de cierre- como cualquier colombiano lo sabe, con excepción de los publicistas (que usan únicamente el de cierre) y el doctor Gaviria (que cree sólo en el de apertura).

 Por su parte, la lengua de Shakespeare emplea un solo signo de esta clase: el que se coloca al final de la frase interrogativa. ¿Se copiaron los inventores y diseñadores del inglés de nuestros publicistas criollos? No, en absoluto. La razón es otra. El bajo nivel de tecnología semántica y semiótica de que históricamente han adolecido los pueblos angloparlantes no les permite crear el signo de interrogación de inicio de la pregunta. Es el fenómeno de los “idiomas en vía de desarrollo”.

 Teniendo nosotros ya una ventaja comparativa sobre el inglés (un 50% en cuanto a los signos de interrogación se refiere), es hora de cuadruplicarla. ¡Es nuestra gran oportunidad! Si creamos los signos de interrogación especiales (mayúsculos y minúsculos, concretamente) el colomboñol –que es el nuevo nombre que se la dará al español, según un proyecto que se adelanta en la ONU como reconocimiento al vuen manejo que los calomvianos acemos de la lengua de García Marques y de Cerbantes- repito, el colomboñol con estos nuevos signos se colocaría, cualitativamente hablando, por lo menos un siglo adelante no sólo del inglés, sino del resto de idiomas del mundo. Esto, sin lugar a dudas, redundaría en el desarrollo económico, social y político de nuestra Patria.

 ¿Por qué? Porque Locombia contaría con potentes herramientas para la formulación enfática de interrogantes, que es la condición básica para la resolución definitiva de enigmas y misterios. Una cosa es preguntar con signos de interrogación ordinarios y otra muy distinta hacerlo con signos especiales. Si no me cree, permítame se lo demuestro.

 ¿Qué pasó con la denuncia de evasión en cerca de 30 mil millones en el pago de regalías por ventas de oro al exterior formulada por Analdex en febrero de este año? ¿Qué pasó con la investigación sobre la “piñata” de los títulos mineros? ¿Por qué a las bacrim les pusieron nombre de antibiótico, si son una infección neo-narco-paraco-antisocial?

 Fíjese: bastó formular estas preguntas con signos de interrogación en negrilla, para que las autoridades de la República iniciaran inmediatamente exhaustivas investigaciones para resolver pronta y cumplidamente nuestras respetuosas inquietudes. ¿Se imagina si las hubiéramos hecho con signos mayúsculos de interrogación? ¡Ni pa que le cuento!

A propósito: ¿oye usted, allá a lo lejos, el veloz tecleteo de las máquinas de escribir de los funcionarios estatales redactando los informes sobre las investigaciones que indagamos? ¿No los oye? No me diga que se le burocratizó el oído. Estamos jodidos…

 Por todas las razones atrás expuestas (y por otras más que hoy no me da la gana exponer), desde este blog quiero hacer un llamado a la Academia Colombiana de la Lengua (y a su sucursal de España) para que le den vida cuanto antes a la figura de los signos de interrogación minúsculos y mayúsculos, que sin lugar a dudas le aportarán grandes ventajas al país y a nuestra lengua.

 ¿O es que estoy proponiendo pendejadas? ¿O es que esto de los signos mayúsculos y minúsculos les importa dos soberanos Q…?

 ¡Qué viva Colombia, qué viva el colomboñol, qué viva usted y qué viva yo!

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