El pobre humor de una mujer indolente

6 de julio del 2012

Qué grato es sentarse con una persona cuando sus ademanes, comentarios y gestos despiertan cierta gracia que nos hace sentir cómodos con su presencia. Algo muy contrario sentiría Doña Magolita, la que vende flores cerca a mi casa,  si hubiera leído la desastrosa columna de Alejandra Azcárate y tuviera la desgracia de compartir con ella […]

Qué grato es sentarse con una persona cuando sus ademanes, comentarios y gestos despiertan cierta gracia que nos hace sentir cómodos con su presencia. Algo muy contrario sentiría Doña Magolita, la que vende flores cerca a mi casa,  si hubiera leído la desastrosa columna de Alejandra Azcárate y tuviera la desgracia de compartir con ella en una visita. (Por cierto, Doña Magola “NO” goza de un cuerpo esbelto y largas y delgadas piernas),
Así como Doña Magolita, muchas mujeres se sienten juzgadas, ofendidas y señaladas por una mediocre “humorista” que no colabora con una sociedad que sufre por estar siempre condicionada. Si, nosotros somos esa sociedad y vivimos llenos de condiciones por nuestra religión, por nuestro estrato, por nuestro color de piel, por nuestra figura, por la forma como nos vestimos y no tenemos porqué aguantarnos un señalamiento más de una mujer que busca un poco de rating al intentar hacer reír a su público.
Tengo un pensamiento sensato y coherente y creo que no todos somos iguales. Unos tienen una estatura alta, otros somos de baja estatura, hay gordos, flacos, feos. bonitos y nuestras diferencias no deben ser un motivo público del pobre humor de una mujer indolente.
Pensar que uno tiene buen humor cuando se utiliza la burla como herramienta para hacer reír a la gente, es tal vez el más pobre de los ejercicios y demuestra mediocridad en una profesión. ¿Acaso no hay más formas de hacer reír a la gente?
Cuando pasamos del humor a la indolencia y la burla es porque ya se están quemando los últimos cartuchos de tu carrera como humorista. Ya la pobre imaginación busca el insulto y la vulgaridad como salida de emergencia y son pocas las personas a quienes les genera gracia semejante “guachada”.
Hoy quiero ser solidario con todas las mujeres gordas que sintieron un golpe en su valioso ego. Vivamos una vida sin condiciones y  no permitamos más insultos cuando la evolución de nuestra gente debe tener como gran valor el respeto mutuo.
Sotero.

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO