La caída del astronauta

21 de mayo del 2013

mi cuerpo se hundirá largamente y se corromperá y disolverá en el viento engendrado  por la caída, que es infinita. – Borges Una de los mitos científicos más comunes y más ampliamente difundidos es el de la gravedad cero. Desde pequeños, cuando en algún momento todos soñamos con ser astronautas, nos acostumbramos a pensar que […]

mi cuerpo se hundirá largamente y se corromperá y disolverá en el viento engendrado  por la caída, que es infinita.

– Borges

Una de los mitos científicos más comunes y más ampliamente difundidos es el de la gravedad cero. Desde pequeños, cuando en algún momento todos soñamos con ser astronautas, nos acostumbramos a pensar que los aventureros espaciales, de blancos trajes y cascos redondos como sacados de antiguos grabados en las pirámides mayas, están exentos del efecto de la gravedad, pues los vemos flotar libremente por el negro espacio exterior sin que al parecer actúe la más mínima fuerza sobre sus cuerpos inmaculados. La creencia está soportada en el sentido común: para quienes estamos aferrados a la superficie de la Tierra y sentimos a diario el peso de nuestro propio cuerpo, es casi natural pensar que esos astronautas que flotan libremente y para quienes un chorro de agua pura se convierte en una perfecta esfera cristalina, están más allá de las leyes de la gravedad y disfrutan en el cielo de la ausencia total de su peso.

La verdad es que estos afortunados visitantes de nuestra órbita no dejan de sentir el efecto de la gravedad. Pensemos en ello con cuidado: la altura a la que orbita la Estación Espacial Internacional, el impresionante laboratorio espacial que construyen varias naciones desde inicios del presente milenio, es de aproximadamente 400 kilómetros. Esta es una altura considerable, pero no parece tan grande al compararla con el radio del planeta, que es de 6400 kilómetros. Tal vez sea más fácil visualizarlo si nos imaginamos que la Tierra es del tamaño de una pelota de baloncesto. En ese caso, astronautas como el Comandante Chris Hadfield, que nos deleitó antes de regresar del espacio con una versión en órbita de Space Oddity, orbitan el planeta a una altura de tan sólo 7 milímetros y medio sobre la superficie. Isaac Newton estableció que la fuerza de atracción que ejerce la Tierra sobre nuestros cuerpos depende de qué tan lejos estemos del centro del planeta, lo cual significa que a dicha altura los astronautas aún sienten el 80 por ciento de su peso. Si Chris Hadfield, con su guitarra incluída, pesa 80 kilos en la superficie de la Tierra, allí arriba pesa la nada despreciable cantidad de 64 kilos. De hecho, no existe un punto de gravedad cero en ningún lugar del Universo, pues, como también nos enseñó Newton, la influencia de la gravedad se extiende infinitamente en el espacio. ¿Por qué entonces vemos al comandante Hadfield, tan tieso y tan majo, flotando en el video musical?

La respuesta es sencilla, pero tan fascinante quizás como la idea misma de la gravedad cero: el comandante Hadfield, y todos los demás astronautas que vemos realizando experimentos en el espacio, se encuentran en caída libre, como si los hubiéramos puesto dentro de un ascensor en la cima del edificio Colpatria de Bogotá y hubiéramos cortado los cables que los mantienen aferrados al techo. Durante los poco segundos que tardaría la caída, dentro del ascensor los distinguidos visitantes de nuestra ciudad capital flotarían como ligeras burbujas, y a menos que les informáramos dónde se encuentran, no podrían distinguir entre esa sensación y la de estar orbitando la Tierra a 400 kilómetros de altura. La gravedad cero no es más que una ilusión, una caída libre y extremadamente larga en la que los astronautas no caen hacia abajo, sino alrededor de la Tierra. Ahora imagínense las náuseas que produce ser astronauta. Como en ocasiones (muy rara vez) es la ciencia la que se adelanta a la literatura, Borges llegó a explorar las implicaciones literarias de una caída infinita sólo mucho después de que Einstein lograra intuir la equivalencia entre la gravedad y una caída acelareada.

En efecto, el viaje de un astronauta tiene mucho que ver con uno de los principios fundamentales de la física moderna: no existe una diferencia entre el efecto de la gravedad y el movimiento acelerado. Con sus videos en el espacio, Chris Hadfield quiso mostrarnos un poco de la realidad en un mundo donde siempre se cae, un viaje a lo largo de suaves curvaturas en el entramado del espacio-tiempo en el que las leyes de la física se hacen evidentes. Al compartirnos su experiencia, logró sorprendernos con el funcionamiento del Universo, pero también nos acercó a la idea de que, por medio de la razón, es posible comprenderlo.

@juramaga

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