Los políticos contra el sucesor del Hubble

Dom, 11/09/2011 - 21:02
Durante los últimos cuatro años he tenido la oportunidad de trabajar como parte de un numeroso grupo de personas que pone a punto uno de los proyectos astronómicos más ambiciosos de la historia. S
Durante los últimos cuatro años he tenido la oportunidad de trabajar como parte de un numeroso grupo de personas que pone a punto uno de los proyectos astronómicos más ambiciosos de la historia. Se trata del Telescopio Espacial James Webb, el último de los denominados Grandes Observatorios que la agencia espacial estadounidense, NASA, ha puesto en el espacio para responder desde un punto de vista privilegiado a las grandes preguntas de la astronomía moderna: ¿Hay posibilidades de vida en planetas lejanos? ¿Cómo se formaron las primeras estrellas en la historia del Universo? ¿Cuál es nuestro destino como parte del todo? Para entender la relevancia de estas preguntas tal vez valga la pena hacer un recuento del estado actual de nuestro conocimiento del Cosmos, cómo ese conocimiento se ha transformado en la era del Telescopio Espacial Hubble (predecesor del Telescopio James Webb), qué nuevas respuestas puede aportar el nuevo telescopio y hasta qué punto esas respuestas podrían ser encontradas sin la ayuda del telescopio espacial. Cuando el telescopio Hubble fue lanzado al espacio en 1990 sabíamos que el Universo se expandía, tal como se desprendía de algunas soluciones de las ecuaciones de campo de la relatividad general y de las observaciones de galaxias lejanas que parecía alejarse de nosotros en todas las direcciones. Sin embargo, no sabíamos que el Universo no sólo se expandía como un globo que se infla, sino que además esta expansión está acelerada: el Universo se expande cada vez más rápido. El descubrimiento sólo fue posible con imágenes del telescopio espacial que revelaron supernovas (masivas estrellas en explosión) en galaxias lejanas, y tiene implicaciones cosmológicas profundas, la más famosa de las cuales es la existencia de la llamada "energía oscura", una especie de anti-gravedad que hace que cuerpos masivos como las galaxias, a pesar de su atracción gravitacional mutua, tiendan a alejarse unas de otras. El Telescopio Espacial James Webb, con su inigualable capacidad de observar las primeras estrellas que se formaron el Universo, será sin duda un factor clave en la confirmación e interpretación de estos resultados. Sólo Webb revelará a los ojos de la Humanidad las primeras luces del Universo. A principios de los años 90 tampoco sabíamos de la existencia de planetas en órbita alrededor de otras estrellas diferentes al Sol. Hoy sabemos que los planetas son un fenómeno muy común en el Universo, y que al menos un tercio de las estrellas en esta galaxia son el centro de sistemas planetarios como nuestro sistema solar. Nuevas técnicas perfeccionadas durante la última década permiten que hoy podamos incluso estudiar las atmósferas de estos mundos, observando la luz que sale de la estrella central y atraviesa la atmósfera de estos planetas antes de alcanzar nuestros telescopios. El problema, por supuesto, es que estos planetas están tan lejos, y las estrellas que orbitan son comparativamente tan brillantes, que es difícil detectarlos. Pero el telescopio Webb no sólo estará equipado con "máscaras" que ocultarán la luz de la estrella central, haciendo visibles los planetas, sino que además será sensible a la luz infrarroja, en la cual los planetas son en algunos casos más brillantes que las estrellas. [caption id="" align="aligncenter" width="500" caption="Un planeta alrededor de la estrella Fomalhaut, detectado por el Hubble (NASA)"][/caption] En Europa, con aportes de varios latinoamericanos, hemos construído un componente muy importante del telescopio James Webb: un instrumento que no sólo obtendrá sorprendentes imágenes de estas primeras galaxias y de estos exoplanetas, sino que además descompondrá su luz y revelará las condiciones de temperatura, densidad y abundancia química en estos remotos lugares de cuya existencia ni siquiera sabíamos hace apenas 15 años. El Instrumento del Infrarrojo Medio (MIRI), acaba de pasar una rigurosa campaña de prueba que terminó hace un mes en el Reino Unido, y está listo para ser enviado a los Estados Unidos, donde será integrado con los demás componentes del telescopio. A pesar de estar casi terminado, y a pesar del gran avance que su lanzamiento significará para el conocimiento humano, en este momento el telescopio se encuentra  librando una dura batalla política contra algunos sectores de opinión en Estados Unidos que piden su cancelación basados en el enorme gasto que implica. Otro ejemplo de necedad política. Si los parlamentarios del mundo supieran que la curiosidad humana va más allá de las fronteras de sus países y se extiende hasta planetas lejanos donde tal vez otras formas de vida no se preocupen en absoluto por quién detenta el poder en el planeta Tierra, tal vez serían más razonables y darían vía libre a proyectos que, como James Webb, cuestan lo mismo que cuatro semanas de guerra en Irak*, pero que en lugar de sangre producen fascinación y deseo de conocimiento. *Gracias a mi colega Ruymán Azzollini por los datos precisos de los costos de la guerra. Twitter: @juramaga
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