Hoy 20 de junio, Nicole Mary Kidman, la bella pelirroja de ojos azules, de 1.80 m de estatura, cumple 46 años. Si algún día pudiera entrevistarla, le invitaría una botella de champaña y le preguntaría tonterías.
MM: ¿Qué signo eres?
Nicole: Géminis.
MM: ¿A qué le tienes miedo?
Nicole: A las mariposas. Creo que dije alguna vez que hay algo misterioso en ellas.
MM: ¿Realmente amabas a ese atolondrado de Tom Cruise?
Nicole: …
Hoy ha sido un día caluroso, así que le pedí a María que me preparara una limonada con mucho hielo, mientras leía el retrato que Truman Capote le hizo a Marilyn Monroe en Música para camaleones. Me detuve en una frase de la legendaria actriz: “El único que ha escrito una palabra decente acerca de mí es Sidney Skolsky. Pero es un chico. Los chicos me tratan muy bien. Como si fuese una persona humana”. Las estrellas de cine como Marilyn o Nicole no son humanas ni de esta tierra, se han convertido en deidades que viven atrapadas para siempre en el olimpo del celuloide.
Mientras leía la entrevista pensé que muchas cosas unían a Marilyn Monroe con Nicole Kidman. Sí, son actrices, íconos de la belleza anglosajona, representan la elegancia y el glamour occidental, pertenecen a Hollywood, son la imagen del Chanel Nº 5 y son bellas. Pero sobre todo, se trata de mitos que los hombres contemporáneos hemos creado para rendirles culto, son nuestros objetos del deseo. Son de las pocas mujeres que un hombre casado puede amar o venerar abiertamente sin que se le acabe el matrimonio.
Marcel Proust dijo una vez que la “belleza no es como un superlativo de lo que imaginamos, algo abstracto que tenemos ante los ojos, sino por el contrario algo nuevo, imposible de imaginar, que la realidad nos presenta”. Marilyn y Nicole hacen parte de esa imposibilidad que el cine nos regala.
Esta otra frase de Marilyn me cautivó aún más: “Me gusta bailar desnuda delante del espejo y ver cómo me brincan las tetas. No tienen nada de malo. Pero me gustaría no tener las manos tan gordas”.
MM: ¿Cuál fue el motivo de la separación con Cruise?
Nicole: No quiero hablar de eso.
MM: Será por lo que dijo alguna vez tu ingenioso admirador David Thomson, que ustedes dejaron de amarse porque tú creciste como actriz más que él.
Nicole: ¿Thomson? ¿El de ese libro pornográfico? Mira, Tom es un gran actor.
MM: Sí, pero tú eras una joven que quería trabajar con los mejores escritores y directores de cine, en cambio, él se conformó con hacer películas costosas y taquilleras. ¿Fue por lo del aborto o por la presión de la Cienciología? No querías un hijo de él.
Nicole: No creas todo lo que dicen los medios. Con Tom, ya sabes, adoptamos dos hijos.
Nicole Kidman fue portada de la versión australiana de la revista Harper´s Bazaar, en la edición de su 10º aniversario. Aparece en una pose sugestiva, con un largo collar de perlas, imitando a Marilyn Monroe. El subtítulo “Some Like It Hot”, que acompaña la imagen, nos recuerda la película de 1959 dirigida por Billy Wilder que Marilyn protagonizó.
Muchas cosas unen a estas actrices, pero, por ahora, solo diré unas cuantas de Nicole Kidman, por su cumpleaños.
Creció en una familia católica de la clase media autraliana. Era una niña tímida e insegura de su belleza. Su padre era bioquímico y psicólogo clínico, y su madre, enfermera. Además, durante un tiempo fueron activistas de causas sociales y políticas, de hecho Nicole repartió panfletos en la calle.
Es posible que estuviera ebrio, porque me arriesgué a preguntarle (temí que dijera: “hasta aquí llega la entrevista”):
MM: Nicole, leí que tartamudeabas cuando eras niña.
Nicole: Sí, sufrí tartamudez y recuerdo a muchas personas diciéndome: “Piensa, organiza lo que quieres decir y luego habla”. Soy muy tímida, realmente tímida. Por eso no me gusta ir a restaurantes llenos de gente o a fiestas, sola. Poco a poco lo he ido superando.
Desde muy pequeña mostró un talento natural para actuar. Tenía diez años cuando empezó a hacerlo en un teatro de aficionados. Su formación comenzó en el Victoria College of Arts en Melbourne, tomó clases de drama y mímica en el Australian Theatre for Young y estudió en el Philip Street Theatre en Sydney con Naomi Watts. A los dieciséis dejó la escuela y se dedicó a la actuación. Su primera aparición en el cine fue en la película Bush Christmas (1983), un drama navideño, rural, en la que ella interpretó a Helen Thompson, una niña campesina, una granjera australiana vestida de overol y peinada con dos trenzas. Todavía no era la actriz que iba a generar obsesiones y culto. A finales de ese año representó a Annie en la serie de televisión australiana Five Mile Creek (¡quien no recuerda a La familia Ingalls!), un western del que se pueden ver algunos capítulos en YouTube. Aunque hacía un papel secundario, Annie era, sin embargo, Nicole Kidman: una atractiva pastora de ovejas de pelo rizado, ojos expresivos, ataviada con un sombrero vaquero, negro, adornado con una banda muy femenina.
Luego interpretó a Judy, una adolescente empleada de un supermercado que, luego de ser despedida, se une a un par de jóvenes en las BMX para vivir con ellos las aventuras de Los bicivoladores (1983), película que se consigue pirateada en los puestos ambulantes de la carrera Séptima y que seguro me hubiera gustado en mi pubertad si hubiera sido un subnormal. Los tres adolescentes enfrentan, montados en sus BMX Mongoose, a unos delincuentes torpes y estúpidos, que los persiguen para recuperar unos radiocomunicadores que aquellos encontraron ocultos en un muelle mientras pescaban ostras. Ni drogas ni sangre ni sexo. ¡Walkie talkies! y hampones disfrazados del lobo y los tres cerditos. Una película bastante infantil desde el comienzo. A pesar del débil argumento, diálogos insulsos, chistes flojos y una aburrida persecusión (¡veinte minutos!), reconocemos en los breves gestos, el movimiento de las cejas y esa forma de hablar con los ojos, a Nicole Kidman. A pesar del rostro regordete preadolescente, las mejillas pecosas y sonrosadas, y el peinado ochentero (que popularizaron Madonna, Alexis Carrington y hasta el grupo Menudo en Latinoamérica), es Nicole Kidman.
MM: Nicole, ¿te puedo decir Nicole?
Nicole: Claro (bebiendo más champaña).
MM: Para serte sincero, esta película del 83 no me gustó, pero si la hubiera visto cuando era un adolescente, seguramente la hubiera disfrutado mucho, sobre todo por las acrobacias. Yo también tuve una BMX. Dime, ¿hiciste todas esas piruetas y pruebas en esas bicicletas, el salto del conejo, bajar por las escalares automáticas, saltar sobre los carros?
Nicole: Mira, para que me dieran el papel tuve que mentir acerca de mi capacidad para montar las BMX. Tuvieron que enseñarnos cómo manejarlas, tenían gente profesional que hacía las acrobacias por nosotros porque simplemente no éramos lo suficientemente buenos. Tu sabes, las escenas difíciles las hicieron chicos mucho más grandes porque las acrobacias eran muy complicadas. Con todo, durante el rodaje sufrí un esguince en un tobillo.
MM: Tal vez la frase más memorable que pronuncias en esa película es: “¿por qué ya no hacen películas lindas? Tú sabes, las que terminan con las parejas en el altar”.
Es en la miniserie Vietnam (1987), diez capítulos que pueden verse también en YouTube, en la que reconocemos la fuerza visual de los rasgos físicos de la actriz que idolatramos, aquellos que conforman su imagen: su hermoso cuello largo, sus labios delgados y sus ojos azules, que perduran en la pantalla. En esta serie, Nicole Kidman interpreta a Megan Goddard, una adolescente hija de un funcionario del gobierno que apoya la guerra de Vietnam. En la primera escena, ella viste un uniforme de colegio a cuadros azules y grises, de escote cuadrado, un horrible atuendo que las mamás llaman jardinera, una falda larga con el dobladillo por debajo de la rodilla que desalentaría a un pervertido. Pero Megan es una chica de su época, aficionada al rock and roll, a quien le gusta divertirse, salir a fiestas y fumar. En la historia, respalda a su novio Serge, que alega objeción de conciencia para no ir a la guerra, oponiéndose a esta.
Se enfrió el día, se acabó la limonada y envidié a Truman Capote.
Al contrario que Marilyn Monroe, en esa época Nicole Kidman no hubiera podido jugar con sus tetas frente al espejo, pues las tenía muy pequeñas. Sin embargo, estaba destinada a convertirse, como aquella, en otra bella criatura.
MM: ¿Pedimos más champaña?
Nicole: …
MM: Pero es tu cumpleaños.
