La política colombiana tiene fama de ser clientelista y corrupta, inestable y por sobretodo. Es común ver a políticos cambiar de partidos como si fuera cosa de todos los días. Si hiciéramos cuentas, de los candidatos a la Alcaldía de Bogotá sólo Luna y Galán han permanecido en un único partido, probablemente como efecto de sus relativamente cortas carreras políticas. No parece haber verdadera coherencia ideológica y política.
El año pasado sin embargo, la efímera y emotiva Ola Verde logró capturar a muchos de esos ciudadanos inconformes con el establecimiento y con las formas tradicionales de hacer política en Colombia. Dentro de ese grupo de electores, muchos albergaron la esperanza de que una vez derrotados por la maquinaria –de ese entonces- Uribista, las banderas y el ideario del Partido Verde lograran consolidarse. Nada de eso pasó.
Para comenzar, la derrota fue una gran humillación y peor fueron los discursos dados por Mockus. Después de la segunda vuelta de elecciones presidenciales el Partido Verde quedó aletargado y gravemente golpeado por los juveniles errores cometidos en la contienda electoral y que a la postre le costaron la Presidencia.
Errores que a lo mejor fueron producto del ego de cada una de las cabezas del Partido Verde, esto es, de Mockus, Peñalosa, Lucho y Fajardo. Fajardo, sin mucho sentido de pertenencia se concentró en iniciar su campaña a la Gobernación de Antioquia sin que nadie se opusiera. Lucho, como “copresidente” del Partido, se encargó de organizar lo que le corresponde sin que manifestara publicamente su interés en participar en los comicios de octubre.
El problema surgió cuando ambos, Peñalosa y Mockus, no llegaron a un acuerdo que le permitiera al Partido, primero, mantener la unidad y segundo, continuar con la vocación de cambiar los hábitos políticos del país.
Ninguna de las dos cosas lograron. Mockus renunció, como reproche al apoyo que el expresidente Uribe le dio a la candidatura Verde de Peñalosa y que éste no fue capaz de rechazar. Probó así que las banderas de la Ola Verde no fue sino una ilusión transitoria, que las promesas de una nueva forma de hacer política eran como todas las que hacen los políticos: mentirosas artimañas de campaña.
Mockus defraudó a muchos de sus electores en la contienda electoral de 2010, y ahora, que insista en ser elegido de esta forma lo único que evidencia es que está dispuesto a todo, con tal de o ganarle el juego a Peñalosa o ser el centro de atención de las elecciones de octubre. Cosas que nadie esperaba del profesor Mockus, que ya nada tiene de profesor pues lleva más que el tiempo que dedicó a esa profesión haciendo política de manera activa.
Peñalosa por su parte, demostró que no estaba listo para adoptar las banderas de la independencia, de la probidad y la ponderación; no pudo rechazar el apoyo de Uribe porque sabe cuánta influencia tiene él y, ese caudal político –pensará- no se puede rechazar.
Para redondear, el Partido Verde ahora es del oficialismo, de la llamada “Unidad Nacional”, que parece más un conglomerado de parásitos que se pegan al poder.
La desilusión es absoluta, no confío en ninguno de los candidatos, y por ello, no voy a votar por ninguno para la Alcaldía de Bogotá. Que el abstencionismo sirva como una sanción política que refleje el deseo de cambio, el rechazo a la política tradicional.
@slizarralde
No voy a votar por la Alcaldía
Dom, 11/09/2011 - 17:10
La política colombiana tiene fama de ser clientelista y corrupta, inestable y por sobretodo. Es común ver a políticos cambiar de partidos como si fuera cosa de todos los días. Si hiciéramos cuen
