¿Por qué el jazz es la mejor música?

Sáb, 06/07/2013 - 02:04
Es este escrito una declaración, de amor quizá, hacia el jazz:

El jazz es el secreto. Es la creación pura; es lograr meter un puñado de tornados dentro de una caja de bombones vibrante. E
Es este escrito una declaración, de amor quizá, hacia el jazz: El jazz es el secreto. Es la creación pura; es lograr meter un puñado de tornados dentro de una caja de bombones vibrante. Es un rayo que sientes surgir en la espalda tan fuerte que, no creerás, entra por los oídos. Pero así es el jazz: majestuoso, potente, brutal y sorpresivo. Escuchar un Coltrane es encontrarse con el espíritu de la creación en comunicación con el tuyo. Desde luego, esta maravilla de milagro no es recibida como se dan las cajas de bombones,  lleva tiempo y, aún así, no debe llevar tanto. Si un Coltrane no te salva de ti mismo, desde el primer instante, está bien; pero si no te salva de ti mismo, cuando la pieza está ad portas de concluir, tú no eres para él, ni para el jazz ni para Coltrane. Él es el secreto, y tú no lo sabrás. Pensar en el jazz es, también, pensar en su pasado. Estuvo el dolor del blues, estuvieron las cadenas, los cantos desbocados; luego, con un giant step, fueron los bares alucinantes, el sudor sobre la boquilla del saxo, las luces frenéticas, el ensamble de lo imposible. Es leer un tríptico pictórico, el escuchar jazz. También es auto-leerse, pero no como buscando letras de figuras musicales dentro de la máquina-cabeza humana, más bien es ir palpando como un instantáneo, ¡mira, resopló el bird, un rayo! Dentro del espíritu. El amor y el jazz no se saben juntos. Ambos son demasiado para el otro. El amor es estúpido y sabio a la vez; el jazz está de una sola pieza, pero es pretencioso. El amor espera y soporta; el jazz es un tornado y se va y regresa cuando quiere. El amor es para todos los seres; el jazz es para algunos escogidos. El amor te llama; tú vas hacia el jazz. El amor exagera; el jazz se desboca sobre la medida correcta. Así que quédate con el jazz, a menos que encuentres el amor. Louis Amstrong, Kienyke.com El jazz es para mentes compactas y espíritus regios. Las mentes flojas no soportarían ni una sola pieza de jazz de ascensor porque, de inmediato, pensarían en un jazz de ascensor. Una mente compacta siente al jazz como un llamado de atención, como una alienación casi mitológica de rayo-violento-espíritu. Una mente floja espera, inviablemente, poder bailar o tararear la pieza; una mente compacta sabe que escucha un conjunto de tornados y teme imitar, como quién lo haría ante algo puro. El espíritu regio no tiene su antónimo, antagonista. El espíritu regio es o no lo es. La definición, aún en paralelos, está supeditada, dos puntos: Probarse pasando por el fuego, con cualquier parte de My Favorite Things de J. Coltrane. También es honesto. El jazz se viene en tu cara, explota, y crea más de él a su alrededor; lo sabes presente porque ya se ha multiplicado; porque le has hablado a todo bípedo acerca de él; porque todo bípedo te relaciona con él; porque no te ha mentido y tú no tienes el poder para engañarlo: Es la relación de tu vida, es tomarlo de la mano y dejarte llevar sin problema, porque no eres iluso: Tú no lo llevarías ni a lo más sencillo, como lo sería una decepción. Él simplemente, está completo. Él es puro, sobrio y perfecto. Eres parte de él, nunca para él, nunca; ¿pero, acaso, puedes llevar su gigante secreto?  
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