Semántica política colombiana

Semántica política colombiana

7 de junio del 2018

La semántica es la rama de la lingüística que se encarga del significado, sentido o interpretación de las palabras o expresiones, en Colombia los significados y las acepciones ya no solo cambian de región en región, sino que al parecer en estos tiempos recientes, dichas acepciones cambian también dependiendo de la ideología.

Un ejemplo de ello es lo que vienen dando en los últimos años, nuestra clase política colombiana, quienes han lanzado al país varios neologismos y nuevos significados a palabras comunes o incluso, construir nuevas estructuras semánticas y lingüísticas, con el fin de lograr la movilización ciudadana alrededor de sus causas.

Quizá el mejor ejemplo de esto, es el que se dio al principio del segundo gobierno Santos, cuando el ex ministro y ex presidente de Ecopetrol, Juan Carlos Echeverry empezó a hablar de “mermelada”, para referirse al gasto público que va destinado a las regiones en forma de regalías, esta expresión fue adoptada por el uribismo para hablar de las asignaciones presupuestales hechas desde el ejecutivo en cabeza de Juan Manuel Santos, generalmente por indicación directa de los legisladores a sus propios departamentos y la manera en la que esa distribución se ha venido haciendo.

Nada distinto de lo que en anteriores gobiernos, como un secreto a voces se denominaba “serrucho” o “mordidas”, sin embargo, esta nueva expresión ha calado tanto en el imaginario de las personas, que incluso se ha pensado que es un fenómeno novedoso y que solo ha ocurrido con el actual regente, incluso ignorando que es una práctica antiquísima, utilizada incluso por el gobierno que hoy, en la oposición, la sanciona moralmente. El mismo ex ministro Londoño, ese que prometió “volver trizas” el acuerdo de paz, en uno de sus acostumbrados debates, lanzaba la frase “todos sabemos que en Colombia no hay obritas sin serruchito”.

Por fortuna y como una manera de contrarrestar esta insana práctica, recientemente se aprobó la consulta anticorrupción, con la que se espera cambiar la manera en la que los legisladores tienen poder sobre esos recursos que deben ser sagrados, como una nota especial, es importante recordar cómo, estos mismos congresistas que hoy sancionan moralmente esta práctica, estuvieron cerca de ser los responsables de que esta iniciativa se hundiera, solo esperamos que cuando se llegue el momento de aprobarla, no empiecen a aparecer las tradicionales denominaciones satanizando la consulta, buscando que la gente no vote, no sería extraño escuchar afirmaciones tales como; “que esa consulta busca volvernos gays” o que “es para favorecer a las Farc”.

Otro de los términos acuñados por algunas corrientes políticas, como el uribismo y buscando calar en el pensamiento del colombiano, con un tema que es sensible para todos, como es la formación de nuestros niños y niñas, surge la tan renombrada ideología de género.

Este concepto, ha sido impulsado principalmente por la línea cristiana más radical unida al uribismo, logrando en su momento tumbar incluso a una ministra de educación y movilizando en el 2016 un importante número de colombianos indignados, por lo que consideraron una invasión y un atropello en la manera de educar a nuestros niños y niñas en su sexualidad, su orientación de género y el libre desarrollo de la personalidad.

El termino de ideología de género, no existe en su manera más pura, ha sido un concepto acuñado por la iglesia católica y fue mencionado por primera vez por los Papas Juan Pablo II y Benedicto XIV y que pretendían referirse en su momento a la construcción cultural de género, lo cual ha sido ampliamente probado por la ciencia y explicada por diferentes teóricos y pensadores, en la que, esta construcción no está necesariamente relacionada con lo biológico, es decir; nada tiene que ver con el sexo biológico, sino con la construcción social de roles, lo cual genera en los grupos religiosos más radicales, el espurio de creer que con ese principio se alteraría la voluntad o el deseo de una persona de pertenecer a un género o a otro.

Esta discusión parece de nunca acabar, ya que no solo se quejaban los reclamantes de que iba a ser incluida en cartillas educativas sino que además afirmaban, que dicha ideología (cualquiera que esta sea), iba a ser incluida en los acuerdos de paz con las Farc para constituirse en una política de Estado (hágame el favor).

Pero quizá el término más usado y sobrevalorado en los últimos tiempos de política criolla ha sido el del famoso “castrochavismo”. Según el columnista Andrei Gómez – Suarez, del portal pacifista.co, el castro – chavismo es un “cuentazo” que se ha fortalecido gracias a varios temores que tienen los colombianos, sin embargo recordemos que los miedos, que no siempre son reales, si pueden movilizarnos y mover nuestra emociones en favor o en contra de algo o de alguien, en este caso, la movilización se ha generado en negativo a cualquier que no haga parte de la línea ideológica propuesta, sin embargo, este neologismo no tiene ningún fundamento ni ideológico ni político, ya que mezcla dos corrientes políticas e ideológicas que aunque parecidas, nunca serán iguales, pero ademas, aprovechándose vilmente de la condición económica y política de nuestro país hermano Venezuela, ha llevado a un grueso de colombianos a creer firmemente que cualquier político diferente a los uribistas nos van a convertir en “otra Venezuela”, como si fuese posible que un país se convierta en otro, olvidando sus realidades y contextos políticos, sociales, económicos, culturales y hasta antropológicos.

Ahora bien, este concepto les ha ayudado, más allá de atacar a sus contendores políticos, a despertar una suerte de patriotismo solapado negativo, que ataca cualquier propuesta que se encuentre en una orilla opuesta a la de ellos, sin que deje ser una idea tan poco sólida, que solo puede ser sostenida por los temores infundados de algunos, no hay manera de que alguien pueda explicar con suficiencia este concepto traído de los cabellos.

El último aporte de muchos a esta suerte de tesauro, es el recientemente pronunciado por el líder de este movimiento político de derecha, a través de un vídeo publicado en sus redes sociales, agradeciendo la adhesión de un colectivo de integrantes de la comunidad LGBTI a la campaña del candidato Iván Duque, refiriéndose a ellos como “No Heterosexuales”, aparentemente por solicitud del mismo colectivo, sin embargo, el término no caló muy bien en la ciudadanía, ya que esta expresión niega de tajo su condición o elección de vida, es casi como si para referirse a una persona de raza negra, utilizaran la expresión “No Blanca”.

Ahora bien, en justicia, esta es una expresión que ha sido utilizada anteriormente incluso en algunos textos de género, intentando llegar a comunidades donde la cultura y la religión han calado tan profundamente, que justamente se ha usado para evitar la discriminación y la homofobia contra esta comunidad.

Nos faltan muchas mas expresiones usadas por nuestra fauna política colombiana, donde ya se han vuelto comunes frases como “le voy a dar en la jeta marica” o “nos están oyendo estos…” o aquella lanzada por nuestro ex vicepresidente Angelino Garzón, cuando afirmaba que “las dignidades del Estado, incluido el vicepresidente, no pueden andar como zarrapastrosos”.

Nuestro lenguaje es amplio, con muchas acepciones que varían de acuerdo a las regiones y expresiones culturales y sociales, y esto es válido, entendible y normalizado, sin embargo, lo que no puede ser normalizado es que se utilicen expresiones y nuestro propio lenguaje como herramienta para dividir y segregar, ya estamos lo suficientemente divididos y polarizados por nuestro origen para agregar nuevas herramientas divisorias que no nos ayudan a construir país, es tiempo de hablar todos el mismo idioma, uno propio, uno que incluya y nos haga transitar hacia un mismo fin.

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