Vivimos un fenómeno muy parecido al que suele producir la presencia de las guerras y conflictos en los medios, a fuerza de figurar en prensa la gente termina aprendiendo algo de geografía. Con motivo del fallo de la Corte Internacional de Justicia de la Haya sobre San Andrés y Providencia los medios se han visto inundados por especialistas en Derecho del Mar, internacionalistas e historiadores que nos explican lo que pudo haber sido y no fue. Así que, abrumado ante tanta sabiduría, decidí darme un paseo por la hemeroteca a ver qué se decía de ese futuro que es el que hoy vivimos en un archipiélago tardíamente descubierto por los colombianos.
En diciembre de 2001 faltan sólo nueve meses para que finalice el gobierno de Andrés Pastrana y el país está metido de los pies a la cabeza en el renqueante proceso de diálogos con las Farc. Perdida entre las páginas interiores aparece una noticia según la cual el gobierno nicaragüense pretende “conceder derechos de explotación de recursos petrolíferos en la plataforma continental colombiana a multinacionales norteamericanas. En respuesta, el Gobierno ordenó a la Armada reafirmar la soberanía nacional mediante presencia de buques artillados".
Los nicaragüenses dan marcha atrás en cuanto a sus actividades sobre la plataforma continental, pero acto seguido, el 6 de diciembre, instauran demanda contra Colombia ante la Corte Internacional de La Haya. La prensa dice que el entonces Presidente electo de Colombia, “Álvaro Uribe, afirmó que no le temblaría la mano para acudir a la fuerza en defensa de cualquier territorio bajo jurisdicción colombiana.”
Dos días más tarde, el 8 de diciembre de 2001, Enrique Caballero, en “El Tiempo”, bajo el título de “Carlos Argüello, el arma de los nicas” dice que a pesar de la crisis económica por la que pasa Nicaragua, muchos podrían pensar que es un contendor débil pero que no solo tiene a su favor la experiencia de haber ganado ya una demanda en la CIJ sino que quien movió los hilos de ese triunfo fue Carlos Argüello, representante de los intereses de Nicaragua en La Haya. El señor Argüello, además de jurista experimentado, es uno de los mayores expertos mundiales en Derecho del Mar.
La Cancillería de Colombia, en cabeza de Guillermo Fernández de Soto, acepta que Colombia concurra a una cita, el 20 de febrero de 2002, con el Presidente de la CIJ para convenir los términos de las memorias y contramemorias de las partes, lo cual es un indicio de que se somete al Reglamento de la Corte y, por tanto, a su jurisdicción. Luego presenta objeciones a la demanda de Nicaragua, lo que confirma aún más su sometimiento a la jurisdicción de la Corte.
La opinión del internacionalista Germán Cavelier es de que “infortunadamente no se ha tratado con entereza el punto de que Nicaragua es reo de un ilícito internacional como es el de declarar nulo un tratado perfeccionado en 1930 y celebrado con Colombia en 1928 y que no debe tener acceso a tribunales que están instituidos para dirimir diferencias corrientes entre los Estados que no tienen asomo de ilicitud… En todo proceso hay probabilidades de perderlo, pero es la Cancillería quien puede decirnos lo que harán sus estrategas para que ello no ocurra. La jurisprudencia de Colombia indica que la Corte no es competente para fallar un diferendo limítrofe.”
¿La estrategia de la Cancillería? Luego hemos sabido que, mientras que el abogado de Nicaragua Sr. Argüello, se instaló a vivir en La Haya desde 1988, y allí permanecía el día del desastroso fallo para Colombia, Julio Londoño, coordinador de la comisión de defensa colombiano ante la CIJ, monitoreó un asunto tan delicado para los intereses colombianos desde La Habana en donde era embajador. Recordemos un pequeño detalle marginal, de esos que sólo se nos ocurre a gentes mal pensadas: Cuba posee uno de los servicios de inteligencia más eficaces del mundo y todo lo que Londoño trataba desde Cuba era susceptible a su vez, de ser monitoreado a favor de Nicaragua por los cubanos por razones de todos conocidas.
Para más inri, mientras Argüello se mueve como pez en el agua como embajador único entre los entresijos del CIJ, Colombia tuvo más de una docena de embajadores y lo que es más grave, en la etapa final del pleito con los nicaragüenses, después de la renuncia de uno de los muchos embajadores en Holanda, Francisco Lloreda, no hubo remplazo durante varios meses y cuando se designó uno ni siquiera era abogado. Pero sigamos de paseo por la hemeroteca.
Dos mil tres es un año de muchas novedades sobre el litigio con Nicaragua. El 23 de julio, el embajador de Nicaragua, en declaraciones a “El País” de Cali, afirma que “de resultar adverso el fallo de la Corte a las pretensiones nicaragüenses o de ser acogidas las excepciones de Colombia, Nicaragua recurriría a otras instancias, es decir no acepta decisiones adversas.” Y la diplomacia colombiana se queda tan pancha, sigue adelante con un pleito que, como dice en esos días Jaime Pinzón López, rector de la Universidad Jorge Tadeo Lozano y ex presidente de la Corte Suprema de Justicia, “no tiene ni pies ni cabeza y Colombia está en mora de retirarse… Colombia no tenía por qué ir a la Corte porque, además de los argumentos expuestos ahora en las excepciones, la base de la demanda es abiertamente injusta e improcedente. Con base en un acto ilícito internacional, Nicaragua ha intentado desconocer el tratado de fronteras Esguerra-Bárcenas, suscrito en 1928”.
El 13 de agosto de 2003, Alfonso López Michelsen, en “El Heraldo” de Barranquilla pide que la opinión pública sea puesta al día de cómo va el diferendo con Nicaragua. “Mientras en Nicaragua se va informando al público en titulares de primera página acerca de los desarrollos del litigio con Colombia, aquí sólo muy de tarde en tarde y en páginas interiores se despierta el interés por esto que podríamos llamar el conflicto de Nicaragua”, escribe López. Días antes, en una entrevista en “El Tiempo”, Julio Londoño había declarado que “este asunto debe tratarse en completo secreto, pues esto no es una corrida de toros”.
El 21 de septiembre de aquel mismo año, Enrique Posada Cano firma un reportaje en la revista “Lecturas” en donde dice: “si bien es comprensible que Colombia atienda los requerimientos de confidencialidad que deben rodear un proceso como este, el sigilo puede ser cómplice de equivocaciones que presumiblemente se estén cometiendo en su desarrollo, según opiniones de los juristas consultados”. Y más adelante vienen dos párrafos interesantes a la luz de lo ocurrido finalmente La Haya.
Dice Posada Cano que para el Procurador General Edgardo Maya Villazón, la Corte Internacional de Justicia no es competente para conocer del litigio propuesto por Nicaragua y que “desde el pasado octubre, el Procurador comisionó al Procurador Séptimo Delegado ante el Consejo de Estado para que interviniera ante el Ministerio de Relaciones (Exteriores) para indagar sobre las actuaciones del Gobierno en el asunto de la solicitud de Nicaragua y sus consecuencias.… Incluso, el 27 de junio, es decir, un mes antes de que venciera el período para interponer excepciones preliminares, se le envió a la Canciller (Carolina Barco) un concepto… en el cual se le solicitaba se interpusieran las excepciones preliminares de falta de jurisdicción y de competencia ante el Tribunal de La Haya…”
Y cita más adelante el articulista: “Este Despacho (la Procuraduría) estuvo pendiente de ese trámite administrativo y le solicitó a la Cancillería un informe sobre las acciones emprendidas para la defensa de nuestro territorio… La Procuraduría actuó y lo ha venido haciendo en desarrollo de sus funciones constitucionales. No ha sido consultada ni llamada a dar concepto por parte del Ministerio de Relaciones (Exteriores).” Los subrayados anteriores son míos.
Por su parte, la Comisión de Relaciones del Senado demanda explicación de los pasos del Ejecutivo frente a la Corte de La Haya pero el gobierno de Uribe pide que se aplace la citación a la ministra de Relaciones Exteriores “por prudencia”. El Senado accede a la solicitud.
Y así se siguió durante años con el secreto mejor guardado, el secreto de La Haya, cuyo misterio hemos venido a desvelar en su crudeza en estos días. Quién sabe cuántas sorpresas más no nos deparen la infinidad de tratados firmados por Colombia a la topa tolondra por medio de una Cancillería que es una vergüenza no sólo de ahora sino de hace muchos años. Caja menor de los presidentes de turno para premiar amigos y alejar adversarios incómodos. Un payaso de la televisión, un locutor estrafalario, un político atrabiliario, un presunto criminal, un presunto paramilitar, un militar acusado de crímenes de Estado, un relacionista público que quiere meter en líos al presidente con el Papa, todos tienen mérito en Colombia para vestir alamares de embajador. Y ni modo de pedir al presidente que cambie de una vez el rumbo de su Cancillería y piense en la formación de profesionales de la diplomacia. México, Brasil, Chile y Perú siempre quedarán ahí para mirarnos en ellos y aprender lo que es llevar bien las relaciones de un país con el resto de naciones del mundo.
Otrosí. Cuánta falta hizo en estos años un buen reportaje en televisión sobre el litigio con Nicaragua, con la opinión de gente que sí sabía lo que se venía encima. Pero estábamos demasiado ocupados con la encrucijada en el alma del Sr. Uribe y el reinado de belleza de Cartagena. Sin ir más lejos en Google.Books tenían el guión:
http://books.google.es/books?id=JdVcl7sGMdAC&printsec=frontcover&dq=german+cavelier&hl=es&sa=X&ei=WDi1UJbcEI-C8QSDw4G4DA&ved=0CDYQ6wEwAg
Un paseo por la hemeroteca
Mar, 27/11/2012 - 15:13
Vivimos un fenómeno muy parecido al que suele producir la presencia de las guerras y conflictos en los medios, a fuerza de figurar en prensa la gente termina aprendiendo algo de geografía. Con motiv
