Mockus raja y presta el hacha

Jue, 06/10/2011 - 00:01
Alguna vez le preguntaron a Antanas Mockus si era de izquierda o de derecha y contestó que como en el tráfico bogotano a veces se avanzaba más por la derecha que por

Alguna vez le preguntaron a Antanas Mockus si era de izquierda o de derecha y contestó que como en el tráfico bogotano a veces se avanzaba más por la derecha que por la izquierda. La ingeniosa respuesta ocurría en tiempos en que la opinión colombiana se inclinaba por un Uribe mesiánico que vendría a resolver los problemas dejados por un Pastrana pacifista, que al final de su mandato era percibido como el Chamberlain de la Segunda Guerra Mundial, porque había sido apaciguador frente a la guerrilla.

Se vivía la euforia de los vientos derechistas que hoy lamentan demócratas y defensores de la institucionalidad colombiana. Eran momentos de luna de miel con quien prometía acabar las Farc, como la principal plaga colombiana, y se permitía a los columnistas afirmar impunemente que Colombia era de derecha. Se respiraba incluso una resaca de la connivencia con los paramilitares que habían mostrado sus sierras y enseñaban sangrientamente a los colombianos cortoplacistas cuánto se equivocaron al apostarle como solución contra la subversión armada.

Ese Mockus filoderechista, que hoy se rasga las vestiduras por el uribismo de Peñalosa pertenece a una especie que aunque parezca en vía de extinción tiene capacidad de reinventarse, resurgir de las cenizas o de la nada volverse protagonista en la historia de un país esquizofrénico. Que sabe que en el juego de las probabilidades en Bogotá existe un elector emocional que vive al mejor estilo la política pendular y que ese sentimiento que fácilmente reclamaba ayer a un Uribe para que acabara con la guerrilla es de la misma gente que hoy quiere acabar hasta con sus vástagos.

Ese Antanismo es una clase de antipolíticos con fuertes ambiciones políticas. Y aunque no son personales a veces sí profundamente personalistas. Son románticos que se han jugado la cabeza y el corazón para cambiar las costumbres políticas del país. Soñadores que hacen apuestas matemáticas y lúdicas y en ocasiones producen el efecto bingo, pero en el juego del sortilegio pueden quedar al filo del todo o nada, aunque gritan que no todo vale. Por ejemplo, querían que se inflara la candidatura de Petro para que se desinflara la de Peñalosa, al que no quieren más que por uribista por peñalosista. Y está claro que hoy no confían en Uribe, pero ahora más claro que en Petro nunca han confiado.

De hecho el mockusismo es una respuesta universitaria al radicalismo, las prácticas militaristas y al autoritarismo mamerto, enfermedades del infantilismo izquierdista que siempre vieron reflejadas en Petro. En círculos cerrados los antanistas consideran al candidato reinsertado como un dictadorzuelo al estilo Uribe, pero izquierdista. Y no descartan que en Bogotá se replique el fenómeno Chávez, que por andar buscando el antipolítico le dieron la batuta a un exgolpista que nunca dejó su esencia dictatorial.

Los antanistas están en la onda de ni Peñalosa ni Petro, montados en la ilusión bogotana de ni Uribe ni Polo. Como bichos raros son quienes mejor interpretan el movimiento bipolar del electorado bogotano. Hoy han decidido inflar a Gina Parody porque sus cuentas no les daban y para corregir en algo lo que dañaron por irse del Partido Verde, al renunciar en favor de una candidata independiente. Claro que a juzgar por la liviandad de este proyecto que comparan burlescamente con el proceso de Noemí, no tiene nada de raro que apuesten a la reinvención del antanismo en cuerpo ajeno.

El que Mockus no hubiera subido en las encuestas al abandonar el Partido Verde dejó ver que los bogotanos sintieron que había pelado el cobre. Y los visionarios serán algo irresponsables al ejercitar malabarismos que pueden caer en la ruleta de una pirinola, y caudillistas con su jefe al que no le ven par, pero aman la vida y por eso rechazan a Uribe en la campaña de Peñalosa y creen en la ética de lo público y por eso no ven garantía en Petro, si quienes apoyaron a Samuel son los que hoy se hacen matar por el exguerrillero del M19. La gran pregunta en los conciliábulos mockusistas es dónde está el voto del Polo, que claramente no está con Aurelio, que ni marca en las encuestas.

En todo caso hay que pararle bolas a las cábalas de Antanas, porque sus movimientos son de lógica matemática y no de física pura. No para apoyar su candidata porque es claro que no está jugando a ganar sino a alborotar el cotarro. Pero si para ir al fondo de su diagnóstico que es simple, los bogotanos no quieren tanto uribismo como el que se le mete a Peñalosa ni tanto Polo como el que se le mete Petro.

En este caso Antanas raja y presta el hacha. Rajó al Partido Verde cuando se fue y le prestó el hacha a Gina para acabar con Petro. Sintonizando con el dilema bogotano, de no querer que se prolongue el mandato de los ocho años anteriores, si se cuela algún uribista en la administración Peñalosa y no querer que sigan girando los carruseles de Samuel con la cola de burócratas mamertos que rodean a Petro.

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