Andrés Caicedo, el caleño que le puso Ojo al cine y vitoreó la música

Publicado por: michell.figueroa el Mié, 04/03/2020 - 11:23
Share
Su corta existencia fue suficiente para dejar un gran legado.
Andrés Caicedo

La enciclopedia de cine andante, como muchos lo llamaron, tuvo una corta existencia pero fue suficiente para dejar un gran legado. 

Nació en Cali el 29 de septiembre de 1951. Desde niño fue rebelde, por eso lo expulsaron de varios colegios. Tras recorrer numerosas instituciones educativas, finalizó sus estudios básicos en el colegio Camacho Perea.

Desde que era un niño demostró su gusto por la lectura y la escritura. También le encantaba la música y el cine. Su gusto por las artes lo llevó a estudiar teatro en la Universidad del Valle en 1968. 

Con solo 18 años Andrés Caicedo tenía el conocimiento y la determinación suficiente para empezar a publicar crítica cinematográfica en diferentes diarios. Antes de eso ya escribía obras de teatro, entre esas 'Las curiosas conciencias', 'El fin de las vacaciones', 'Los imbéciles están de testigo' y 'La piel del otro héroe'.

Para la misma época recibió dos premios por sus producciones literarias 'Berenice' y 'Los dientes de Caperucita'. Dos escritos que daban cuenta del extraordinario estilo que tenía Andrés para plasmar sus pensamientos en cada línea.

Más adelante, para el año 1971, su afición por el cine lo llevó a crear el Cine Club de Cali, un espacio que fundó con sus amigos Ever Astudillo, Carlos Mayolo, Luis Ospina y Fernell Franco, para que las personas disfrutaran proyecciones que él elegía. 

En 1973 viajó a Nueva York con la idea de vender algunos de sus largometrajes pero eso no pasó. Regresó a Cali y continuó escribiendo. Además, inició la publicación de su revista especializada 'Ojo al cine', que más adelante se convirtió en la publicación más importante de ese tipo en el país. 

Andrés Caicedo

En esa época Andrés intentó suicidarse dos veces. Convencido de que vivir más de 25 años era una insensatez y estando cerca a su límite de edad, quiso quitarse la vida. 

El escritor, con su idea firme, escribió una carta para su madre en la que le explicaba sus razones para no vivir más. “Yo muero porque ya para cumplir 24 años soy un anacronismo y un sinsentido, y porque desde que cumplí 21 vengo sin entender el mundo. Ahora mi razón está extraviada, y lo que hago es solamente para parar el sufrimiento”, confesó en el manuscrito.

Durante ese periodo en el que Andrés estaba convencido de querer morir, escribió otros cuentos, publicó tres ediciones más de la revista 'Ojo al cine' y entregó el manuscrito de su obra '¡Que viva la música!' a Cocultura.

El día que tuvo en sus manos la primer copia del libro, 4 de marzo de 1977, terminó con su vida. Cumplió con su cometido luego de tomar 60 pastillas de secobarbital. La mayoría de sus obras se publicaron luego de su fallecimiento.

“Si dejas obra, muere tranquilo, confiando en unos pocos buenos amigos”

Aunque muy conocido por su obra en Colombia, algunos dicen que logró más reconocimiento fuera del país. Hasta la fecha la mayoría de sus publicaciones como ‘El Pendenciero’, ‘Angelitos Empantanados’ y, sobretodo, '¡Que viva la música!' siguen vigentes y generando admiración.