Lewis Carroll

14 de enero del 2011

Como tantos otros autores ingleses de la época victoriana, Lewis Carroll era dos personas a la vez. De un lado era el escritor más famoso de literatura infantil en su época y aún hoy, fama que se debió en particular a su Alicia en el país de las maravillas, pero también a otros de sus […]

Lewis Carroll

Como tantos otros autores ingleses de la época victoriana, Lewis Carroll era dos personas a la vez. De un lado era el escritor más famoso de literatura infantil en su época y aún hoy, fama que se debió en particular a su Alicia en el país de las maravillas, pero también a otros de sus delirantes y divertidas historias, como La caza del Snark, poema en cinco actos que narra la absurda búsqueda por parte de unos improbables aventureros de una bestia de la cual desconocen el aspecto físico y en realidad también todos sus demás aspectos. Otra de sus obras menos conocidas es Silvia y Bruno novela al estilo de Alicia pero bastante menos colorida, en que la falta de sentido no se manifiesta tanto en personajes inverosímiles y fantásticos sino en el modo extraño en que se suceden los hechos de la novela, narrada en un todo más parecido al de su correspondencia, que también vale la pena mencionar porque algunas de sus cartas son los textos más graciosos que se han escrito jamás.

A través de ellas, además, es que podemos conocer los intereses y las obsesiones de Lewis Carroll, su amor por la fotografía y su fijación, siempre mal interpretada, en la belleza infantil. Pero también es a través de ellas que podemos vislumbrar, como una sombra que pasa al vuelo por el fondo del corredor, esa otra personalidad de Lewis Carroll, llamada Charles Lutwidge Dodgson, hombre serio, estudioso y profundamente religioso, que dedicó la vida al estudio de las matemáticas en la universidad de Oxford, que cenaba todos los días a la misma hora y que negaba conocer al tal Carroll, autor de esas atrevidas historias infantiles que tenían tan alarmada a la sociedad victoriana.

Sin embargo, por más que Carroll luchó por mantener la independencia de sus contrarias personalidades, no es difícil ver cómo una se filtra en la obra de la otra, el estudioso llenando de secretos lógicos y paradojas matemáticas las novelas aparentemente deshilvanadas del escritor, y éste asomando una que otra infantil ironía en la densa obra matemática del otro.

Es por esto que muchos han dedicado su atención a desenredar este complejo entramado, y a esto se debe sin duda también que su obra siga siendo motivo de interés por parte tanto de los niños más creativos como de los estudiosos más serios de este mundo.

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