Mario Huertas

Analista de asuntos estratégicos y hemisféricos (Énfasis: Brasil y EE.UU.) Columnista de opinión, diario La Nación. Voluntario internacional para la promoción de nuevos liderazgos, Universal Wonderful Street Academy (UWSA), Jamestown-Accra. Colaborador del Goldstreet Business (Ghana). Profesor de Geopolítica y Geoestrategia. Infante de Marina, Armada República de Colombia (A.R.C).

Mario Huertas

3 días para elegir

Citados para ir a las urnas con el objetivo de legitimar la permanencia de Putin en el Kremlin hasta 2030, este ha obtenido un 87,85 % de los votos a su favor y, por lo tanto, se ha arrogado el pleno derecho para un quinto mandato que, si nada excepcional sucede, se extenderá por seis años más.

Desde 1999 fungió como primer ministro (por segunda vez) entre 2008 y 2012 cuando Dmitry Medvédev hizo las veces de presidente. De resto, Putin ha sido el protagonista directo de la política rusa por casi dos décadas y media.

Así, con el resultado electoral en la mano, se dirigió a la nación apelando a la manera en que el pasado se repite, haciendo clara alusión a la Segunda Guerra Mundial y al lenguaje político de la época para recalcar la unión que supuestamente existe alrededor de la defensa de la Federación Rusa. Llamó poderosamente la atención que Putin se hiciera rodear de jóvenes, tal vez con el objetivo propagandístico de hacer creer que las nuevas generaciones están con él.

Con 112 millones de votantes, sin veeduría internacional con tradición democrática, 11 husos horarios, voto electrónico, los líderes de la oposición más emblemáticos asesinados, en el exilio o en prisión y una “operación militar especial” en curso. La Madre Rusia continuará siendo liderada y gobernada, como gustan los rusos, con puño de hierro.

Los tres días electorales trascurrieron en medio de una tensa normalidad. Presentándose una serie de incidentes en contra del proceso electoral, algunas personas fueron sindicadas de crímenes contra el Estado cuya pena oscila entre 20 a 25 años.

En varias capitales europeas hubo manifestaciones en contra de la elección tal como sucedió en Berlín donde Yulia Navalnaya, ejerció su derecho al voto en la embajada rusa escribiendo en su tarjetón: Navalny. Como era de esperar, las elecciones estuvieron afectadas tanto en las zonas de disputa con Ucrania como en Bélgorod por cuenta del ataque ucraniano. La respuesta de Putin ha sido contundente, después de un mes y medio sin ser atacada, en las últimas horas, Kiev recibió una descarga de más de 30 misiles.

Obviamente, Zelensky reaccionó a las elecciones calificándolas en términos de simulacro y señalando a Putin como un dictador adicto al poder. Por demás, Zelensky sigue batiéndose en el frente de batalla como en el frente diplomático para que Occidente se comprometa más con la defensa de Ucrania. Nadie ignora que si Ucrania cae, Putin avanzará y el equilibrio regional quedará totalmente resquebrajado.

Tan es así que, una vez conocidos los resultados electorales, previsibles por demás, Josep Borrell (Alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad) dijo “que las elecciones no habían sido libres y justas. Ninguna observación de la OSCE, entorno muy restringido (…) estas elecciones se han basado en la represión y la intimidación y se han celebrado en territorio ocupado, violando la soberanía ucraniana”.

Y en las últimas horas él mismo Borrel anunció que se están buscando las fórmulas para que los activos rusos que han sido congelados puedan ser utilizados para rearmar a Ucrania y para su propia reconstrucción. La respuesta del Kremlin no se hizo esperar y Maria Zakharova, vocera del Ministerio de Relaciones Exteriores, calificó el asunto como un robo y un acto de vandalismo.

Ahora bien, al día siguiente de ganar las elecciones, el mismo Putin “celebró” los 10 años de la anexión de Crimea hablando de reunificación en términos generales de la península como de Sevastopol, en particular. En palabras de Putin, esa fue otra operación militar especial.

No hay duda alguna en que los años que vienen serán decisivos para el futuro de Europa. Los occidentales se han preparado para una confrontación directa con Moscú y Putin no quedará satisfecho con las ventajas geopolíticas sobre el Donbás. Su apetito territorial coincide con las alarmas estratégicas de la OTAN. De ahí que la próxima cumbre entre Putin y Xi Jinping vaya a tener toda la atención que merece.

La probabilidad de ver movimientos más rápidos y contundentes es muy alta. Putin tiene 71 años y 24 años en la escena del Kremlin. Seguramente esa variable acelerará el curso de los acontecimientos tal como lo hará el regreso de Trump a la Casa Blanca.

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