Carlos Salas
Carlos Salas Silva

La desesperanza

-Siento envidia de los argentinos- le digo a mi hija.
-Pero si la situación de ellos es terrible, más del 57% de la población en pobreza…
-Es cierto, pero ellos tienen la esperanza, esa que acá brilla por su ausencia desde hace dieciocho largos y penosos meses.

A los pocos días nos encontramos con un viejo amigo kichnerista.

-Te felicito por el triunfo de Milei.
-Ya me esperaba que me dirías eso…

Dicen que el tiempo vuela y sí que vuela. Me parecía que fue ayer nuestro pasado encuentro, pero ahora caigo en la cuenta de que no lo veía desde el triunfo de Alberto Fernández en su país, por lo que no pude felicitarlo, y el de Claudia López en Bogotá, por lo que no podía felicitarme.

Unos pocos días después y para sorpresa mía y a pesar del comportamiento miserable de una mayoría del Congreso argentino que tumbó la Ley ómnibus, ayer escuché la buena noticia de que, luego de doce años, Argentina tuvo un superávit en el mes pasado y va camino a superar su escandalosa y dañina inflación para convertirse en un lugar atractivo para la inversión lo que traerá el progreso anunciado por Milei.

En contraste se vino la noticia de que el crecimiento de la economía en Colombia el año pasado fue del 0,6% -con todo y haber reacomodado las cifras el Dane para ocultar que estuvo más cerca de ser de cero o negativo- lo que significa una caída que se irá acelerando lo que traerá pobreza, desempleo y un decrecimiento ese que tanto pregona el irresponsable que hace lo que le viene en gana con el país.

Una apertura mental hacía una posibilidad de desarrollo, ese que pretende negarnos la agenda globalista a los países de América Latina por ser dañino para el medioambiente, hace la diferencia con un cierre mental en el que la obtusa ideología de una mente delirante seguida por unos ineptos colocados en posiciones claves dentro de su gobierno, no trae sino desaliento y depresión.

Hasta ahí mi reflexión sobre temas económicos de los que poco conozco a pesar de haber tomado un curso de principios de economía al final de mi carrera de arquitectura en Los Andes y no me las doy... Quién si sabe de economía es Milei habiendo sido profesor y un teórico destacado antes de meterse en la arena política y no como este otro de apellido Petro que sí se las da de economista pero que de eso sabe poco o nada sufriendo de oscuros delirios que lo transforman en un iluminado, de los que somos espectadores cada vez que da un discurso. En una situación como la que se vive en nuestros países el tema económico es fundamental y si el mandatario no conoce del tema lo menos que se le podía pedir es que no pontifique y que se rodee de expertos de los que hay unos mejores que otros en Colombia. Pero, por supuesto que es pedirle peras al olmo como lo hacen a diario los de una oposición blanda que, en el mejor de los casos, aspira a que transcurran velozmente los siguientes dos años y medio y, en el peor, sueñan con que un conductor drogado enderece el rumbo, como si eso fuera posible.

Lo que hace la diferencia entre los argentinos y los colombianos es que el día a día para ellos se está transformando en un reto lo que es motivo de confianza, en cambio para nosotros ya lo es de decepción y amargura.

P.S.: Anoche vi el documental dedicado a Einstein y la bomba. Al oír mencionar ahí como Hitler, en sus primeros pasos hacía el poder total, llamó para conformar sus fuerzas a lo más bajo de la sociedad, incluyendo delincuentes de baja estopa, no pude dejar de relacionarlo con la estrategia montada por Petro llamando a unas movilizaciones a la más baja ralea de la Primera línea y hasta a bandas narcoterroristas. La diferencia radica en que Hitler obtuvo en corto tiempo, a las buenas o a las malas, un apoyo multitudinario cosa que ya ve muy lejana quien hoy usurpa la presidencia de Colombia. A veces me pregunto, sin encontrar respuesta alguna, cómo pudimos caer tan bajo. Se puede caer muy bajo y más bajo aún, sin duda, como lo demostró el pueblo alemán en la década en la que vitoreo a un loco asesino. Pareciera que a esos como Maduro o Petro poco les importara el apoyo de las masas, pero en el fondo suspiran por ser como sus maestros Stalin, Mao, Hitler, Mussolini o aunque sea Fidel o Chávez quienes si tuvieron el favor de un pueblo enceguecido y adoctrinado.

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