Cortes de cuentas y cuentos

3 Octubre 2020, 07:59 AM
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Por: Ignacio Arizmendi Posada.

Cuéntase que, en diciembre de 2019, 49 miembros de organizaciones sociales, estudiantes, docentes, litigantes, analistas en medios y “víctimas de abuso policial” se presentaron ante el Tribunal Superior de Bogotá para pedir protección de “derechos fundamentales” como el derecho a la protesta, la vida, la integridad personal, la libre circulación y movimiento, y el derecho a no sufrir desaparición forzada. Sin embargo, pese a que el cuento estaba bien armado, no tuvieron éxito con el Tribunal. Entonces, “los 49”, llenos de coraje y resolución, no dieron su brazo a torcer y acudieron ante la Corte Suprema de Justicia, en cuya Sala Civil –se cuenta– los atendieron amablemente, en línea con lo solicitado, y un tiempo después cuatro de los seis magistrados que la conforman expidieron la sentencia 7641, conocida el 22 de septiembre de este 2020. 

Al enterarnos de su contenido, muchos no abogados (y no abogadas, claro), pero hijos naturales de un país de suspicacias y juristas, tuvimos la sensación de estar ante una curiosa sucesión de cuentos y cuentas, esto es, de modos de ver ciertas cosas relacionadas con la materia de la tutela. Veamos algunos ejemplos.

Cortes de cuentos

• Con base en lo narrado por los 49, los cuatro encontraron que “existió y puede seguir existiendo”, por parte de las autoridades, una agresión y violación al derecho a la protesta, hechos –dicen– que no son aislados, sino sistemáticos y constantes. Lo curioso del cuento es que los magistrados se hicieron los de la oreja mocha acerca de la sistematicidad con la que las “marxchas” han reprimido el derecho de los demás a la tranquilidad y la integridad.

En la sentencia hay corte de cuentas y cuentos de corte

• El alto tribunal también afirma que las autoridades han hecho “un uso desproporcionado de la fuerza, de armas letales […] detenciones ilegales y abusivas […] y ataques contra la libertad de expresión y de prensa”. Pero no se refiere al uso desproporcionado de consignas incendiarias de los “marxchantes”, y de armas empleadas por algunos de estos contra miembros de la policía o ciudadanos, ni a las retenciones ilegales y abusivas del tráfico público, ni a los ataques contra la libertad de expresión de quienes muestran su inconformidad con el vandalismo. 

• Por otro lado, los cuatro magistrados aseguran que “la Policía ha estado realizando detenciones ilegítimas y arbitrarias contra ciudadanos que simplemente estaban en la calle”. ¿Que simplemente estaban en la calle? Parece un cuento. 

• Igualmente, la Corte manifestó que “el Esmad no refleja capacitación ni mesura en sus actos y menos aún interés en salvaguardar la integridad de las personas con sus armas”. Dar a entender que TODO el Esmad no refleja capacitación ni mesura, etc., suena tomado de un cuento. ¿No hubiera sido más riguroso decir que algunos miembros del Esmad? De lo contrario se les hace el juego a quienes desean borrar al Esmad del mapa.

• En virtud de todo lo anterior, la Sala añade que “quien quiera salir a manifestarse siente una preocupación real y seria de verse agredido”. Puede ser. Lástima que la Corte no haya dicho algo similar respecto de los ciudadanos que deseamos salir, y sentimos una preocupación real y seria de ser agredidos por no pocos de los manifestantes. 

Cortes de cuentas 

A la vez, basados en lo expuesto y otros relatos, los cuatro magistrados dieron 14 órdenes a las autoridades orientadas a “blindar el derecho a la protesta pacífica”. Ejemplos:

• Que pidan perdón por las acciones ocurridas durante las protestas de noviembre de 2019. Bien. Pero ¿por qué no ordenaron a los organizadores y comandantes de las marxchas pedir perdón por el vandalismo de aquellos días? 

• Que implementen un protocolo para proteger el derecho a la protesta social. Muy bien. Pero ¿por qué no les ordenan a las organizaciones y dirigentes de las movilizaciones implementar un protocolo para proteger el derecho de la ciudadanía a la tranquilidad y a la integridad de su libertad, sus bienes y valores?

• Que el Gobierno no siga desarrollando conductas que vulneren la protesta pacífica. Perfecto. Pero ¿por qué no les pide a los promotores y organizadores que se abstengan de seguir desarrollando o propiciando escenarios para estimular conductas de los marxchantes que vulneran la convivencia social?

• Que forme una mesa de trabajo con los 49 para reestructurar las directrices sobre el uso de la fuerza en manifestaciones y emitir una reglamentación. Divino. Pero ¿por qué, a su vez, no les ordena a los 49 y a los organizadores conformar una mesa de trabajo con las víctimas del vandalismo para reestructurar las directrices sobre las protestas, y emitir un reglamento que nos asegure a los ciudadanos que nada nos pasará cuando haya nuevos desórdenes? Porque los habrá.

• Que cree un estatuto de reacción, uso y verificación de la fuerza en las marxchas. OK. Pero ¿por qué no les ordenó a sus organizadores y líderes crear un estatuto de reacción y control de la fuerza de los vándalos para evitar que acaben hasta con el nido de la perra?  

• Que el Gobierno expida un acto administrativo para que los funcionarios sean neutrales frente a las protestas. Qué bueno. Pero ¿por qué no les ordenan a los líderes conocidos de las marxchas, no a los ocultos, que expidan algo similar a un acto administrativo en el que pidan a los manifestantes no ser neutrales frente a la violencia de los vándalos? 

INFLEXIÓN. A la Corte le faltó echar mejor el cuento. Millones de ciudadanos, y no solo los 49, hubiéramos quedado más a gusto con sus cortes.

Por: Ignacio Arizmendi Posada.

03/10/20

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