Digitalización petrolera

A medida que la transición energética genera tracción y se incorpora dentro de la matriz de consumo, es necesario enfatizar que el mercado mundial seguirá demandando petróleo y sus derivados. Entonces, ¿qué pasos debe dar el sector petrolero para sostener sus márgenes de rentabilidad y de eficiencias, y al mismo tiempo reducir emisiones? La única opción es a través de la tecnología.

Las empresas dentro de sus estrategias de transformación digital están logrando fortalecer la relación entre eficiencia y sostenibilidad, ya que al tener información en tiempo real sobre aspectos claves de sus operaciones, permiten una mejor toma de decisiones y una maximización de la cadena de valor, permitiendo configurar nuevos modelos comerciales hacia el futuro.

Ya estamos en la parte alta de la curtosis de dicha transformación, y esto ha conllevado a que las compañías petroleras recurran a la tecnología como estrategia clave para optimizar eficiencias, monitorear y cumplir los objetivos de reducción de emisiones, y a su vez operar en un mercado de menor costo. Pero todo esto únicamente será sostenible en el tiempo si la fuerza laboral está lo suficientemente capacitada para asumir los retos que estos cambios conllevan.

Los grandes cambios se dan si se da un vuelco a las organizaciones, desde la cadena de valor hasta lo más importante: su gente. La incorporación de nuevas tecnologías viene acompañada de curvas de aprendizaje muy pronunciadas, y es necesario formar capital humano con el conocimiento técnico necesario que permita desarrollar estos modelos de tecnología.

Los obstáculos que deben superarse parten de darle un giro a la gestión de cambio y capacitar a la fuerza laboral, de tal forma que redireccionen su conjunto de habilidades hacia áreas estratégicas como ciencia de datos, inteligencia artificial, ciberseguridad, pensamiento de diseño, blockchain y machine learning.

Es en este punto donde el sector educación e industria petrolera juegan un rol predominante. Ya enfocándonos en Colombia, es absolutamente necesario que las universidades, a través de fondos aportados por el sector petrolero, adopten un esquema de formación de futuros profesionales incorporando en sus cátedras programas de digitalización petrolera y laboratorios de innovación dedicados a promover energías más limpias. Bajo esta óptica, dicha colaboración permitirá evaluar y establecer ecosistemas de tecnología con hojas de ruta definidas y de valor medible.

El potencial de estas nuevas tecnologías para impulsar la innovación y a su vez causar una percepción positiva hacia el público que no ve con buenos ojos la industria extractiva, representa un reto importante para el sector petrolero del país. Por otro lado, ahora más que nunca es clave que la industria no sólo haga todo lo posible por enfatizar sus logros como agente principal en el cierre de brechas sociales, pero también ser lo suficientemente transparente al momento de mostrar sus desaciertos. La incorporación de estas tecnologías, como por ejemplo la de blockchain, nos obliga a generar cambios en el comportamiento de cómo se comparte la información, ya sea en términos de seguridad o responsabilidad ambiental.

La industria se encuentra ante una maravillosa oportunidad, puesto que al mejorar el conjunto de habilidades y volver a capacitar su fuerza laboral, puede garantizar que la demanda de talento se satisfaga a tiempo, construyendo nuevo capital humano y asegurando que la transformación digital y la transición energética nos lleve a una economía sostenible. Esto incluye la planificación y el despliegue de una infraestructura tecnológica común. Además, se crea el espacio para la formulación de un marco regulatorio favorable a la inversión e innovación, apoyando el desarrollo de tecnologías mediante la inversión de asociaciones públicas y privadas.

Nota. Resulta difícil no hablar de la Copa América. Se dio la lógica y ganó el equipo que mejor rendimiento tuvo en el torneo, por fin Messi gana algo con su selección!!!.  Sin embargo, siempre quedará en el plano de las suposiciones el resultado final si la Copa se hubiera jugado en nuestro país. Más allá de las suposiciones, y que no quepa la menor duda, más allá de lo deportivo es la pérdida económica que tuvo el país al no organizar el torneo. Era la oportunidad para tomar un segundo aire y reactivar parte del aparato productivo, con sectores como el hotelero, restaurantes y fabricantes de camisetas, banderas, etc., esperando generar unos ingresos temporales que les permitieran salir a flote de la crisis. Es increíble que la mezquindad de ciertos grupos haya hecho que Colombia renunciara a ser sede del torneo. ¿Cuántos empleos se hubieran podido crear y cuántas familias hubieran podido sobrevivir durante este mes? Al parecer para algunos fue mejor que crecieran los contagios y no los ingresos de los colombianos.

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