Mario Huertas

Analista de asuntos estratégicos y hemisféricos (Énfasis: Brasil y EE.UU.) Columnista de opinión, diario La Nación. Voluntario internacional para la promoción de nuevos liderazgos, Universal Wonderful Street Academy (UWSA), Jamestown-Accra. Colaborador del Goldstreet Business (Ghana). Profesor de Geopolítica y Geoestrategia. Infante de Marina, Armada República de Colombia (A.R.C).

Mario Huertas

Estado de decepción y seguridad

La presente entrega buscar explicar que el 64% de desaprobación que tiene Petro se debe (no en su totalidad) a la negativa percepción en cuanto a la conducción del orden público se refiere. Para empezar, haré claridad sobre tres conceptos. 

En primer lugar, el “estado de decepción” es una noción que puede hacer parte del marco conceptual de la psicología política (Enfoque de Ciencia Política) y que defino como el “pesar causado por un desengaño sufrido exclusivamente en el electorado que acompañó a Petro en su aventura electoral de 2022”. Este segmento de la población es conocido popularmente como los petristes. 

En segundo lugar, he denominado al actual periodo presidencial (2022-2026) como “Administración por sobresaltos” caracterizado por: el discurso subversivo, los golpes de opinión, la turbidez, el liderazgo tóxico, el populismo autoritario, la gestión sin resultados, el caos administrativo y las explosiones controladas. 

En tercer lugar, por “concepto estratégico” entiendo un modelo para gestionar los intereses geopolíticos vitales de una nación a partir de la coordinación de tres grandes áreas de la administración pública: comercio exterior, seguridad nacional y política exterior. 

Establecidas estas coordenadas epistemológicas, demos paso a la más reciente encuesta de Datexco hecha para la W Radio, en la que se preguntó: ¿Usted aprueba o desaprueba la manera como el presidente Gustavo Petro está manejando el país? En efecto, los ciudadanos encuestados respondieron que tan solo un 29% lo aprueba mientras que un 64% desaprueba su administración por sobresaltos.

En términos generales, ese 64% de desaprobación incluye el casi 49% que no votó por él y el 15% que ha entrado en ese estado decepción porque han comprendido fácilmente que el déficit de gobernabilidad al interior de La Casa de Nariño se debe al escasísimo liderazgo que ejerce Petro en la gestión pública a nivel central. 

El instrumento focalizó su atención en temas como la seguridad ciudadana; la gestión del Comisionado de Paz, Danilo Rueda; la negociación con el ELN; es decir, se evaluó, en gran parte, la percepción que tiene la ciudadanía en materia de orden público. 

La medición coincidió con algunos hechos que están muy presentes en la opinión pública como el secuestro de 100 soldados en El Plateado (Cauca), el secuestro del padre de Luís Díaz, el déficit del liderazgo político-militar que se percibe cuando se habla de suspensión de las operaciones militares (cese al fuego) contra las estructuras criminales y su lógico fortalecimiento gracias al improvisado ambiente que rodea toda la mesa de negociación principalmente con el ELN y las disidencias de las FARC y, por si fuera poco, el lanzamiento de un globo llamado “Ministerio de la Paz”.

En otra tribuna decía que “es posible que muchos de los encuestados no hayan discriminado la pregunta general de las preguntas específicas y endosaron todos los errores, desaciertos, escándalos, rumores y sobresaltos de Petro al orden público”.

Sin embargo, el mensaje es contundente: una inmensa mayoría advierte la falta de un concepto estratégico que ayude a liderar y gestionar los intereses vitales de la nación. Sin esta brújula, el liderazgo sobre los asuntos estratégicos resulta errático y caótico porque desencadena y propicia el estado actual de desorden público que sufre el país; en otras palabras, gran parte del país nacional alerta sobre un deterioro en los niveles de seguridad.

Lamentablemente, este estado anímico de decepción contagia todos los sectores de la Administración que vinculan la gestión de los asuntos estratégicos. En efecto, los constantes ataques al mercado lastiman la política comercial, las habituales humillaciones a la tropa lesionan su moral y el pésimo manejo de los nombramientos en la diplomacia afectan la implementación de las decisiones.

Me reitero: “de seguir las cosas así, la seguridad nacional seguirá a la deriva y Petro terminará empujando el péndulo político a su orilla opuesta y, en consecuencia, despejará el camino para que la derecha gane las próximas presidenciales y el Pacto Histórico quede bajo las cenizas tal como quedó el Palacio de Justicia en 1985”. 

En medio de toda la incertidumbre, aparece la idea del Ministerio de la Paz que no será otra cosa que un botín burocrático para quienes provengan de las filas de la guerra y que tras un ´proceso de paz´ -y un buen ejercicio propagandístico- podrán lavar su imagen para hacer una carrera política promisoria rumbo al solio de Bolívar. 

En definitiva, la encuesta de Datexco le ha dicho a Petro tres cosas principalmente: 1. Que ha perdido un 15% de apoyo en el electorado que lo votó (decepción); 2. Que un segmento considerable del país entiende que la ingobernabilidad (sobresaltos) se debe a que la gestión pública lo está aventajando y 3. Que el defectuoso liderazgo para garantizar el orden público (sin un concepto estratégico) puede derechizar el siempre voluble electorado.

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