“Gracias”, covid-19, ¡pero vete ya al diablo!

Publicado por: maria.vargas el Sáb, 11/07/2020 - 06:09
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Por: Ignacio Arizmendi Posada.
Ignacio Arizmendi Posada

• “Gracias”, covid-19.

Sí, porque muy pronto permitiste ver tus intenciones, tu afán imperturbable de arrasar vidas y ensueños, tu irrespeto a lo respetable y a los respetuosos, tu franqueza brutal y desalmada, tu apariencia infantil e imborrable, tu corona de muerte y dolor, tu ubicuidad desafiante y letal. 

Porque confundiste a la ciencia y la tecnología, renunciaste a jugar con cartas ocultas, autorizaste que se descifrara tu genoma, dejaste claro que contigo sucede lo impensable, mostraste que podías ser desplazado de los cuerpos de tus víctimas.

Porque suscitaste la generosidad en seres de piedra, sembraste el amor heroico en los frágiles, excitaste la creatividad y la imaginación, retaste a los mejores talentos de cuantos hay, llamaste la atención de gobiernos e instituciones, fuiste inclemente con la desidia y el abandono, exigiste respuestas para tu misterio insondable.

Porque lograste unir nuestros corazones y voluntades, nos convenciste de que el destino es común, extrajiste la grandeza en los espíritus más recónditos, conseguiste que nos sintiéramos iguales y distintos, nos motivaste a aceptar que el presente y el futuro son una sola cosa, dispusiste que la conmiseración huyera de la indiferencia, ordenaste que la respiración se entrecortara ante un suspiro. 

Porque entendimos que el tiempo es eterno y vivir, “un ratico”; descubrimos qué tan cerca 

o lejos estábamos de nuestros cercanos; dejamos de ser tímidos, no de estar temerosos; comprendimos que la muerte se ocultaba en donde creíamos que no estaba; miramos adentro de nuestros seres y nuestras cosas; pensamos en lo impensable; tuvimos tanto encierro, que nos está gustando…

• Sí, “gracias”, ¡pero vete ya al diablo!

Porque llenaste de tempestades y desasosiego a menores y mayores, golpeaste sin misericordia la confianza y la paz, arrancaste lágrimas que no cesan, enturbiaste la visión del nacer y el morir, intoxicaste los silencios y los asombros, sumiste en las sombras lo que era luces y brillos, borraste la picardía en el rostro de los niños, instalaste el escalofrío en las miradas, diluiste la sonrisa de los abuelos, decapitaste las celebraciones y los antojos.

¡No regreses, ni mutes, ni te reencarnes, ni te repliques, ni te asomes!

Porque te has paseado, cual Atila hambriento, arruinando ideas con lustros de historias y festejo; negándote a decir ‘no’ a la devastación; deslizando la ira y la angustia en las lenguas; sembrando la ingratitud en quienes creían merecerlo todo; removiendo el silencio de aquellos que dormían sin sobresaltos; propiciando guerras de egos con superegos; haciendo ingenuo mirar la luna; prohibiendo tararear y bromear; cubriendo de incertidumbre el retiro de la tarde; instalando la desconfianza de unos a otros; neutralizando la reciprocidad en la ternura; configurando el pánico en las almas; induciendo la sensación de emboscada al final del sueño; llevándonos a un “¿qué pasaría?” con cada llamada; transformando en borrasca la ilusión; empujándonos a creer que se ha proscrito la alegría; contemplando, impávido, la soledad tus víctimas; burlándote de quienes quedan de este lado de la muerte; vejando a los que han perdido hasta el habla; cambiando a llanto las risas de ayer; extraviando el sentido de la existencia.

Porque, cual mago infernal y apocalíptico, volviste pesadilla el atardecer, amenaza el alba, gemido el canto, lloro la nostalgia, duda el despertar, sospecha la certeza, penumbra la esperanza.

¡Sí, vete ya! ¡No te queremos! ¡No regreses, ni mutes, ni te reencarnes, ni te repliques, ni te asomes! ¡Ni nos mires, ni nos toques! Salvo con la buena nueva.

INFLEXIÓN. El mundo cambió: “Busco en la muerte la vida, / salud en la enfermedad, / en la prisión libertad, / en lo cerrado salida / y en el traidor lealtad” (El Quijote, cap. 33).

Por: Ignacio Arizmendi Posada

11/7/2020