Carlos Avilán

Ingeniero Electrónico y Magíster en Economía Aplicada. Interesado y apasionado por temas sociales; especialmente como la tecnología puede transformar positivamente la vida de los colombianos y el mundo.

Carlos Avilán

Impuestos a las bebidas azucaradas: rebatiendo la propuesta del gobierno de Petro

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Nuevamente se abre el debate de implementar impuestos a las bebidas azucaradas. La ministra de salud entrante, Carolina Corcho, y el ministro de hacienda, José Ocampo, plantean la controversial medida de tributación y de salud pública para la prevención de enfermedades crónicas. Una propuesta que no suena mal, pero que analizándola a fondo denota la ignorancia en el tema, puesto que se debe abordar con evidencias desde varias perspectivas económicas.

Los impuestos al azúcar, y en general a los alimentos nocivos a la salud, fueron implementados hace cerca de diez años por países como Dinamarca. Dado que uno de cada ocho daneses era obeso, con este impuesto se buscaba mejorar la calidad de vida y el recaudo para el Gobierno. Un año después el Gobierno abolió estos impuestos debido a las inmensas dificultades administrativas por el aumento de los precios, la demanda de importaciones y la quiebra de empresas nacionales, que conllevaron a la pérdida de empleos. Al final, el efecto sobre la salud fue incierto.

Otro ejemplo es México, que procedió en el mismo sentido, allí el impuesto a las bebidas azucaradas hizo reducir el consumo de estas bebidas entre el 6 % y el 12 % en 2014, pero no se conoce con certeza cuál fue la disminución del consumo de calorías totales

En Colombia, durante la discusión de la pasada reforma tributaria, algunos economistas argumentaban que un impuesto a las bebidas azucaradas recaudaría muy poco. Con una tasa de 200 o 300 pesos por litro, el recaudo sería solamente de 1 billón de pesos. Además, el impuesto lo pagarían los consumidores y no las empresas. Estos consumidores serían en su mayoría personas con bajos ingresos y la afectación que tendrían las tiendas de barrio sería muy grande, ya que muchas de estas dependen de las ventas de las bebidas azucaradas.

Además, en nuestro país el porcentaje de calorías de las bebidas azucaradas representa menos del 3 % del total de ingesta de calorías. El impacto real de las bebidas azucaradas en la salud es debatible, y a lo que se deben dirigir las políticas públicas es a disminuir el exceso de consumo de calorías vacías en total y a aumentar la actividad física en las personas.

No hay duda del impacto negativo de las bebidas azucaradas en la salud. Sin embargo, hay que preguntarse si atacar esta externalidad negativa con impuestos mejora la salud de las personas o solo es una medida fiscal. ¿No sería mejor subsidiar una externalidad positiva como la actividad física en las personas?

Referencias 

1. «El impuesto a los refrescos, un fracaso ya demostrado en Dinamarca y Eslovenia», Roberto L. Vargas, acceso el 29 de septiembre de 2021, https://www.larazon.es/economia/20201017/jmpsnsfmmjcc3djxe2ml7t6yui.html 

2. «¿Funciona el impuesto a las bebidas azucaradas?», conacyt, acceso el 29 de septiembre de 2021, https://centrosconacyt.mx/objeto/funciona-el-impuesto-a-las-bebidas-azucaradas/ 

3. http://www.fenalco.com.co/d%C3%ADa-nacional-del-tendero-2018/86-de-tenderos-en-colombia-temen-al-impuesto-las-bebidas-azucaradas 

 

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