Padilla: Ascenso de un héroe - Parte II

Publicado por: maria.vargas el Vie, 03/09/2021 - 08:00
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Por: CN (RA) Mario Rubianogroot Román, “Papayo el Velachero”.

Está en todo su vigor la guerra a muerte, decretada por Bolívar. De parte y parte, no hay clemencia para nadie. Al frente de una flotilla, remonta Padilla el Orinoco, participa en la toma de Ocumare y de Angostura, debela una insurrección, y recibe el primer bautismo de sangre.

En marzo de 1820, Herrmógenes Maza y José María Córdoba, se dirigen a liberar a Cartagena. Allá los espera Padilla. A pesar de la manifiesta inferioridad, los marinos y soldados granadinos imponen la capitulación al general español Torres y Velasco.

La más famosa de todas sus batallas de Cartagena, ocurrida en la denominada “Noche de San Juan”, el día 24 de junio de 1821, fue una autentica hazaña de valentía y de destreza, ha sido descrita con mano maestra, por el investigador contralmirante Jairo Cardona Forero. (J. Gossaín) y de paso decirles que, en la celebración de los 200 años, el almirante Cardona hizo una conferencia magistral, con la presencia de la Ministra de Cultura y el Contralmirante Ricardo Rozo Obregón, CFNC.

Limpiada la bahía de Cartagena de buques enemigos, seguía la toma del Castillo de Bocachica, fieramente defendido. La hábil estratagema de Padilla le permite tomarlo con relativa facilidad. Los prisioneros son enviados a Cuba. Se firma capitulación el 21 de septiembre de 1821.

Padilla: Ascenso de un héroe - Parte II

La batalla de Carabobo resolvió solamente en parte, la liberación de Venezuela. Derrotados, pero no vencidos, los realistas atendieron el llamado del general Francisco Tomas Morales, excelente estratega, quien se movilizó sobre la provincia de Coro. Posición que hubo de abandonar para seguir a Puerto Cabello, a sustituir su émulo el general de la Torre, quien, presintiendo un inminente desastre, se marchó a Puerto Rico; como capitán general Morales, con lo mas fuerte de su ejército se tomó la provincia de Maracaibo el 9 de septiembre de 1822. Y, desde esa posición clave, no solo intentaba la reconquista de Venezuela, sino algo más: la de las provincias de Cúcuta, Pamplona y Socorro.

Informado el vicepresidente Santander de la amenaza que se cernía sobre el norte de Colombia, le pidió al Libertador, quien se encontraba en Guayaquil, preparándose para marchar al Perú, que regresara a contener la ofensiva.  

Bolívar, buen conocedor de la pericia militar del general Morales, le escribió por aquellos días al vicepresidente Santander: “Morales -le decía- nos dará mucho que hacer, porque yo no veo el conjunto que se necesita para una operación tan difícil como la de destruir en el golfo a un enemigo audaz y activo, aunque bruto y cobarde; porque hablando con la verdad, si Morales no comete alguna falla muy grande, prolongará la lucha por mucho tiempo, [..]”.

Le correspondió, pues a Santander confrontar al general Morales, localizado en Maracaibo. Como primera medida, ratificó a José Padilla en el cargo de máxima responsabilidad: comandante de la Escuadra Republicana. Y el general Pedro Briceño Méndez, secretario de Guerra y Marina, al comunicarle el nombramiento le escribía estas justas palabras: “El Gobierno confía en que estando mandada la Escuadra por el mismo jefe a cuyas órdenes se cubrieron de gloria la fuerzas de Colombia en las memorables jornadas del 24 de junio, 6 y 20 de julio de 1821, se repetirán ahora aquellas brillantes escenas”.

Como segundo de Padilla, fue nombrado el entonces capitán de fragata Rafael Tono, quien acababa de regresar del exilio en Jamaica y conocía palmo a palmo el lago de Maracaibo por haber sido oficial de la Expedición Fidalgo durante el levantamiento de cartas náuticas de la Costa Firme, desde Trinidad hasta Mosquitia.

Ultimados los preparativos de la campaña naval, Padilla dirigió a sus hombres la siguiente proclama:

 “Marineros y soldados de la Escuadra a mi mando … Un solo esfuerzo vuestro basta para destruir los tiranos […] El asesino Morales que los acaudilla … jamás desmentirá la crueldad bárbara que forma su carácter y que a bien caro precio ha conocido esta provincia […] Marchemos, pues, contra ese monstruo de la tiranía; destruyamos de una sola vez ese puñado de perversos, últimos restos de los enemigos que escaparon de nuestra cuchilla […] Afiancemos para siempre la independencia y libertad y añadamos ese nuevo timbre a las glorias con que os habéis cubierto … Corbeta de guerra “Pichincha”, al ancla en la bahía de Cartagena, nov 24 de 1822”. (J. Torres)

El 24 de noviembre de 1822, soltaron amarras de Cartagena a aguas y campos de Venezuela; el buque almirante (e insignia) - el “Independiente”, donde iba Padilla con su Estado Mayor, y bajo el comando de Renato Beluche, tenia las siguientes características: 140 pies (42,7 m) de eslora; 26 (7,9 m) de manga; 13 pies (4 m) de calado y 250 toneladas de desplazamiento. Armamento: 20 cañones de calibre 12 y 14, cubierta de fuego corrida, maniobra despejada y arboladura normal de bergantín con capacidad para 110 tripulantes.

Y así fue como después de algunas escaramuzas, reducidas oportunamente, las naves patriotas, al mando de nuestro héroe, salían de Riohacha, a fines de marzo de 1823, con un propósito al parecer utópico: Forzar la barra de Maracaibo.

En esa temeraria empresa, el marino colombiano se crece frente al obstáculo inexpugnable y convoca a bordo de la corbeta “Constitución”, el 3 de mayo de 1823, una junta de sus destacados oficiales. Y en esa acta memorable, suscrita en la Punta de los Taques el 3 de mayo se declara en forma terminante, e irrevocable: “a costa de cualquier sacrificio” se procederá a ocupar el lago y a forzar la barra, para librar batalla definitiva.

Con esto doy por terminado la primera parte de estos escritos y dejo para los siguientes, aquellos que titularé “Maracaibo 1823: Batalla Final”, los antecedentes y la acometida definitiva en si, la que como lo enuncié anteriormente, dio un golpe de muerte al poder naval español en la Gran Colombia.

...Continuará...