Ruptura del Sistema Westfaliano

Publicado por: maria.vargas el Mié, 03/03/2021 - 14:43
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Por: Gabriel Jiménez.
Gabriel Jiménez

Durante los últimos cinco años -y quizá otros tantos más - América Latina (AL) ha entrado en un momento de re-configuración de su organización política. Por un lado, en menos de tres periodos presidenciales se ha visto dos cambios de ideología política en los países latinos. Pasamos de una opción traída del pensamiento socialdemócrata de Europa el cual se bautizó en AL como el socialismo del siglo XXI abanderado por una izquierda radical – materializado así por pasar del tiempo- la cual no trajo grandes expectativas de cambios sociales para la región, a un fortalecimiento, derivado del fracaso socialista, de la derecha radical (quien buscó hacer un contrapeso eficiente ya que el centro no era una opción fortalecida para entonces). 

Ante estos cambios presentados como la pluralidad de la política, las sociedades se han polarizado al punto tal que la combinación de la tecnología y los medios de comunicación, dentro de este proceso, ha hecho que los ciudadanos se encuentren en un “limbo político” debido a la multiplicidad de datos e información que encuentra disponible en todos los medios. Uno podría pensar que ante mayor datos e información la capacidad de tomar decisiones es mucho mas fácil o esa era la visión que se tenía cuando los teóricos de la política exterior mencionaban el grado de “incertidumbre” que existía a la hora de tomar decisiones de orden tanto interno como externo (la analogía de las cajas negras) pero la realidad no es esa.

Hoy día esta idea ha demostrado la problemática en la cual se encuentra sumergida la región; los procesos de desinformación están fracturando los intereses nacionales de los Estados. Varias – por no decir muchas- ideas sobre la función del Estado (vista como una organización política caracterizada por un territorio, una jurisdicción, una sociedad, una soberanía efectiva y un reconocimiento internacional) están siendo desvirtuadas por una especie de “pos-modernismo” donde la mirada del Estado no se da como una organización política limitada, sino, por el contrario, como una visión de libertad extrapolada a la desaparición del contrato social (o la aparición de uno nuevo). 

Esto lo que quiere decir, básicamente, es que el sistema westfaliano esta siendo atacado progresivamente por las sociedades desinformadas que han buscado afectar las instituciones e imprimir desconocimientos sobre estas. Por ejemplo, la insurrección que ha traído las manifestaciones sociales armadas y violentas ha imprimido sobre las autoridades de la seguridad pública, un proceso de desconocimiento sobre su control. La primera, y gran forma de cambiar la estructura del Estado westfaliano, es cambiando y reformando su modelo de seguridad pública (o por lo menos en como se ejerce). El segundo punto esta dado por la búsqueda de nuevas formas de organizar al Estado. Si bien en el Sistema Internacional los estados con un mayor grado de estabilidad política son aquellos que no reforman consecutiva o periódicamente su constitución, otros, se esfuerzan por generar cambios estructurales a sus cartas políticas. La razón son los cambios rápidos que se sustentan en ideologías políticas que han querido imprimir sobre instituciones que se fortalecen en la consolidación de un proceso que para AL se conoce como la democratización, un proceso de deconstrucción.  

La tercera idea está vista desde el deseo de borrar el concepto de soberanía. Para AL el control territorial ha sido un proceso largo y extenso desde sus procesos independentistas, sin embargo, la aparición del Estado moderno acotó la idea de las soberanías múltiples y concentró a las sociedades dentro de una estructura social organizada y concertada conocida como Estado-nación. No obstante, lo que podemos ver hoy es una especie de “superterritorialidad” donde diferentes ideologías políticas han querido ver que la soberanía estatal contiene procesos internos que pueden ser desconocidos y maleables. Por ejemplo, las fronteras internas han sido la consecuencia de la reproducción de ideas donde el control estatal desaparece y se posesiona - como ejemplo extremo- “repúblicas independientes”. Estas superterritorialidades han impuesto, por obligación, relaciones sociales arbitrarias sobre la población (autoritarismos pequeños con alcances nacionales y globales). 

Así bien, el resultado que se ha querido imprimir sobre esta nueva etapa que vive AL es la ruptura del Sistema Westfaliano y entrar en un proceso transitorio de daño societal. Si no fortalecemos las instituciones a través del proceso de la democratización (en el cual seguimos), la anarquía regional será quien comience a dominar la política nacional de los estados a partir de un nuevo contrato social que, hasta el momento, desconocemos.