Carlos Salas
Carlos Salas Silva

Un año que viene y otro que se va

Nos están ablandando a punta de golpes y lo están consiguiendo más rápido de lo que lo tenían calculado. Son golpes de toda índole, muchos bajos y sin consideración, los que recibimos constantemente como cuando se golpea a un pulpo para ablandarlo antes de cocinarlo. Apenas cuatro meses, del año que se va, han bastado para que estemos lo suficientemente ablandados como para que nos metan en la olla de agua hirviendo a partir del año que viene.

Al pulpo también, como a nosotros, lo asustan, lo que se logra sumergiéndolo y sacándolo repetidamente de la olla con el fin de que sus tentáculos provistos de neuronas no reaccionen causándole un buen susto al cocinero. Con la aplicación de cada reforma, una después de la otra, quedaremos más asustados que el pobre pulpo y luego, ya en la olla hirviendo, aceptaremos que el emperadorcito gobierne por decreto en complicidad con las otras ramas del poder en donde se balancean magistrados, jueces, senadores y representantes como micos.

Se preguntarán a qué viene el cuento del pulpo cuando por acá nadie ha cocinado un animal de esos en su vida. En la madre patria sí y en gran cantidad siendo uno de los países donde más se consume. No valen películas de Netflix mostrando "la sabiduría" del bicho marino para que llegue un español a compadecerse y dejé de martirizar al animal que, aunque muerto, pareciera seguir vivo y lo siga incluyendo en su menú como lo hace una buena parte de los europeos. Es por demás curioso comprobar que las técnicas de ablandamiento, ya no del pulpo sino de los colombianos, si ha sido bien aprendida y aplicada por nuestro narco gobierno de República bananera; es tan solo echarle una ojeada a lo que ocurre en España para verificarlo. En esto, como en lo del pulpo, tampoco es que los del gobierno socialista de Sánchez pequen del “terrible mal” de la originalidad porque esa agenda no es exclusiva de la península ibérica, sino que viene dictada por poderes muy superiores.

Se nos viene un año terrible sin duda, pero estaremos tan golpeados como para aceptarlo con resignación; aunque los que pretendamos mantenernos en una resistencia –por cierto, bastante ablandada ya-, intentaremos no caer en la sumisión en la que ya han caído algunos tratando de sacar ventajas de un gobierno corrupto y derrochón.

En este 31 podríamos quemar el año viejo acompañado del año nuevo. Motivos de optimismo escasean y como vamos… vamos mal. Siempre nos queda la esperanza, pero parece que ella está asustada tanto como los colombianos ablandados.

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Carlos Salas Silva
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