Un país que se conformó con la mediocridad

Publicado por: maria.vargas el Dom, 25/10/2020 - 13:32
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Por: Mauricio Toro.
Mauricio Toro

En los últimos meses he tenido conversaciones muy honestas con varios amigos emprendedores, empresarios, líderes gremiales y analistas económicos, y me ha sorprendido una cosa: todos ellos cuando están en confianza se desahogan con sus críticas al Gobierno de Ivan Duque. Y no me refiero a posiciones políticas ni ideológicas, sino a un profundo y doloroso lamento sobre los errores, fallas y falta de calidad en las decisiones económicas que ha tomado este Gobierno.

Cuando les pregunto ¿por qué no dicen eso públicamente? de inmediato se trasladan a la arena pública, y casi todos me dan la misma justificación: no podemos, porque salir a criticar a Duque es darle la razón a la oposición, a la izquierda, y permitir que gane Petro.

Igual dinámica ocurre en muchos debates de control político en el Congreso. Por horas oye uno a los congresistas de todos los partidos, incluso del mismo partido de Gobierno, exponiendo profundas quejas y críticas a las decisiones de este Gobierno, pero al finalizar los debates cuando llega la hora de votar, parece que cambiaran automáticamente de chip, y votan de forma unánime para salvaguardar al gobierno y casi que felicitarlo por las decisiones que horas antes criticaban y cuestionaban profundamente. Cuando increpo a mi amigos de otros partidos, la respuesta es la misma: no podemos darle la razón a la oposición, ni a la izquierda, porque eso sería ayudar a Petro.

Y mi conclusión es que entre el miedo a Petro, junto con los nefastos resultados de Iván Duque, sumado a su carácter ególatra y vanidoso; muchos sectores de este país se han vuelto unos conformistas con la mediocridad y el mal gobierno; alimentados por un miedo irracional hacia un fantasma llamado “la izquierda” ante el que prefieren guardar un silencio y una pasividad que es cómplice con un gobierno que ha tenido mediocres resultados, y que ha ejercido el poder para beneficio de unos pocos.

Y digo un fantasma, no porque niegue la existencia de la izquierda o la extrema izquierda; que por supuesto existe, y con la cual tengo profundas diferencias. Sino me refiero a ese fantasma que la politiquería acostumbrada a gobernar ha querido etiquetar y denominar a todos los que hemos llegado a hacer política bien hecha, pensada en los intereses ciudadanos, y no en los intereses propios o de nuestros financiadores.

La forma más fácil de lidiar con esta nueva generación de políticos, ha sido denominarnos como “la izquierda” o en su versión más uribista “el castro-chavismo”. Ese fantasma que se mete a nuestras casas, que quiere cerrar las empresas, expropiar, acabar con la propiedad privada y la industria, esos seres que “quieren todo regalado”.... es un fantasma muy útil para frenar y demorar la renovación política.

A mis amigos empresarios y emprendedores cuando me dicen todo eso les pregunto “¿yo les parezco castrochavista? ¿les parece que soy un extremista de izquierdista expropiador comunista?”. Y claramente la respuesta es un NO rotundo. Mi trayectoria como emprendedor, como presidente de iNNpulsa; así como mis promesas de campaña, mis proyectos de ley y posiciones a la hora de votar, hablan por sí mismos. Mi actuar político ha sido coherente y consistente.

Creo profundamente en la necesidad de crear empresa y de emprender, en el derecho y deber de generar empleo y riqueza para que el país se desarrolle. Creo profundamente en las libertades económicas, en la propiedad y la iniciativa privada. Creo en la economía de mercado; y profundamente creo en el poder transformador de la tecnología. Pero también creo en la necesidad de controlar los excesos de los agentes económicos, los abusos de algunos grandes poderes económicos que abusan del mercado y del Estado. Creo necesario que exista un Estado moderno, sofisticado y con autoridad para romper los ciclos de la inequidad, de la desigualdad social. Creo que debemos equilibrar la cancha, pero no equilibrarla hacia la pobreza, sino que debemos equilibrarla hacia arriba, para tener más y mejores oportunidades, para que todos podamos emprender y generar riqueza.

Y así me llamen tibio, no me considero ni de izquierda ni de derecha. No creo en la expropiación ni en la intervención ideologizada; pero tampoco tolero el autoritarismo ni los abusos de los poderes económicos que carecen de cualquier sensibilidad social; y mucho menos creo en un modelo de generación de riqueza a costa de la pobreza de los demás, del medio ambiente y de los derechos constitucionales. Tengo muy pocas cosas en común con Uribe y con Petro. Si creyera en ellos estaría en alguno de sus partidos.

Y antes de que algún facho o algún mamerto se alborote y diga “jamás votaré por usted”, de antemano le digo gracias! A mi me interesa hablarle a los ciudadanos que han perdido la fe en la política, yo quiero a punta de trabajo y coherencia ganarme el voto del ciudadano que espera poder elegir políticos comprometidos con sus causas, las causas del ciudadano de a pie. A mi no me trasnochan ni me importan las etiquetas. Siendo gay tuve que vivir mi juventud luchando contra las etiquetas de un mundo acostumbrado a clasificar y discriminar. Así que tranquilos, ponganme las etiquetas que quieran de lado y lado, al final siempre he dicho que los extremos se parecen y usan los mismos métodos. Sus etiquetas no me pesan. Me siento tan confiado y orgulloso de mi trabajo, que esa es mi mejor carta de presentación

En conclusión yo solo quiero decirle a mis amigos que no se dejen engañar, y tampoco se vuelvan conformistas con la mediocridad. Somos muchos quienes estamos empezando en el servicio público y estamos dispuestos a trabajar muy duro por transformar la política, por tomar las mejores decisiones para los ciudadanos, por impulsar la economía con rigurosidad, conocimiento y experiencia, por acabar con los excesos de los poderosos de siempre que frenan el crecimiento del país, para tener mejores oportunidades para todos y más educación, y en especial, para superar la corrupción y la pobreza que son las dos peores desgracias de la humanidad. Las únicas opciones no son la extrema izquierda de Petro, incoherente e imprevisible; y tampoco la extrema derecha de Uribe, con sus actitudes autoritarias, indolentes y mediocres. Hay otras posibilidades, hay otros caminos. No tengan miedo y no se dejen engañar por los extremos.