¿Quién soy yo para juzgarte?

29 Junio 2022, 08:59 AM
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Creado Por
Armando Martí
Somos seres disfrazados de lo que más rechazamos y así polarizamos nuestras fuerzas. La persona que no tiene la capacidad de estar consigo misma y conocerse tal y como es.
Créditos:
Cortesía Marco Bianchetti

Al confrontar aquellas partes que más ocultamos de nosotros mismos, estamos dando el primer paso hacia el desarrollo personal, la libertad, el autoconocimiento y la aceptación para encontrar la verdadera esencia.

Dentro de mi formación como Logoterapeuta, Practitioner en PNL, Coach de Vida y Mental Trainer, he encontrado que las sesiones de apoyo grupal resultan siendo un espacio seguro sin prejuicios ni críticas, donde los asesorados exponen sus experiencias y opiniones frente a un tema que les angustia o inquieta, logrando estabilizarse al escuchar al otro y llegar a conclusiones profundas, trascendentales y sinceras que les ayudan en su proceso de rehabilitación.

En esta oportunidad, dialogamos y expandimos la conciencia para entender que, aquellas cosas que más criticamos y juzgamos de los demás, son en realidad un reflejo de nuestros propios defectos de carácter, los cuales pretendemos ocultar a través de la "máscara” de la perfección y la apariencia.  

Armando Martí: Todos los días usamos máscaras para disimular lo que realmente somos, elaborando consciente o inconscientemente guiones que nos permiten sobrevivir ante los diferentes escenarios de la vida. Vamos hacer el siguiente ejercicio: cada uno de ustedes va a juzgar y a criticar las actitudes que más les desagradan de
los demás.

Pablo: La hipocresía, la deshonestidad y la soberbia.

Luisa: La infidelidad y la mediocridad.

Antonio: La trampa, el orgullo y la avaricia.

Sara: La mentira y la indiferencia.

A.M: Lo que acaban de hacer, es una proyección interna de ustedes mismos conocida como represión. Somos seres disfrazados de lo que más rechazamos y así polarizamos nuestras fuerzas. La persona que no tiene la capacidad de estar consigo misma y conocerse tal y como es, termina proyectando en los demás lo que no quiere oír ni afrontar desde su interior. Nadie puede criticar a alguien igualmente de
defectuoso a él.

P: Armando yo me considero honesto en las cosas que digo y hago en mi vida.

A.M: ¿Quien dijo que tú eras honesto? La génesis de la mentira y el engaño, ha exitido incluso mucho antes que las palabras. Para sobrevivir las especies más débiles, engañaban a las más fuertes. El conejo se hace el “muerto” y baja sus latidos cardíacos, con el fin de que el lobo no lo devore.

Asimismo, el camaleón cambia de pigmentación y se mimetiza en su ambiente, la medusa no tiene cerebro y sin embargo, se defiende y arroja tinta para evadir al enemigo. La mentira es una estrategia de vida. Por eso, ningún ser humano ha dejado de utilizar este mecanismo de defensa.

Ahora, otra cosa es empezar a ser conscientes de que no se debe exagerar esta actitud y cada problema o peligro es posible resolverlo desde la franqueza y la honestidad personal, pero ese es un proceso de mucho compromiso y disciplina que nos puede llevar toda la vida. Si tu Pablo mientes innecesariamente, pues corrige ese defecto y podrás ser congruente entre lo que deseas, piensas, afirmas y haces. Por ejemplo, Luisa dijo que
odiaba la infidelidad y esta afirmación en el fondo se debe a que también es infiel o ¿corrígeme si me equivoco?

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Créditos:
Cortesía Marco Bianchetti

L: (Sonrojada) Es verdad he sido infiel en varias ocasiones.

A.M: ¡Felicitaciones Luisa! Al reconocer las equivocaciones, tenemos la oportunidad de sanar. El problema es que de fondo todos en algún momento hemos sido hipócritas, injustos, desleales y vengativos. 

Es importante descubrir quiénes somos realmente. Ustedes pensaron que al señalar los aspectos negativos iban a exaltar su lado positivo, pero lo bueno también tiene mentiras. Todos en algún momento somos el espejo del otro, y esto nos permite reflexionar acerca de lo limitada que son las creencias personales y la rapidez con la que emitimos conceptos para señalar, juzgar y condenar a los demás.

S: ¿Por qué casi siempre elegimos sufrir?

A.M:  El dolor ocurre pero el sufrimiento se elige. Unas veces es necesario y muchas otras es innecesario. Cuando empezamos a centrarnos únicamente en los ámbitos externos y superficiales de la vida para disimular la desarmonía interior, usualmente reforzamos comportamientos nocivos que, instintivamente nos conducen a responsabilizar a los demás de todas nuestras desgracias. La verdad es que no hay culpables de los desaciertos e infortunios de la vida, sino una actitud inmadura ante la existencia.

A: Armando ¿no se supone que debemos perdonar a todo aquel que nos hace daño de alguna manera?

A.M: Sí, pero lo más importante es recordar que al perdonar a una persona, no la estás cambiando, pues en el fondo nadie cambia a nadie. Solamente cada individuo puede evolucionar por sí mismo.

De modo que, debemos perdonar sin esperar ningún resultado. Un ejemplo concreto de esto son las parejas, que tienen la expectativa utópica de cambiar al otro y por ley natural es imposible. Es complejo entender que lo que uno más repudia en el otro, es lo que en realidad uno es. Si existe una relación, es porque hay atracción, amor y respeto, pero si se disfraza el amor con máscaras, se rompe la esencia.

A menudo escucho en las parejas: “mi marido es alcohólico, violento, adicto al trabajo y mujeriego. En cambio yo soy una esposa muy tranquila, a duras penas tomo café o té, y no trasnocho”. Entonces yo le preguntó a esa virtuosa esposa, ¿por qué escogiste a un violento y adicto? Sencillamente porque es igual a él, solo que más soberbia, pues intenta cambiarlo como si fuera Dios, a ese hombre que siempre ha sido así.

En realidad no hay conflictos, uno mismo escoge su conflicto, debido a que estos están en cada uno. Siempre resultará más cómodo decir: “el desgraciado es él o ella”. Es imposible pedirle peras al olmo y si hoy sembramos limones, no esperemos mañana comer piña.

Lo primero que cada uno debería hacer, es empezar a descubrir su propia naturaleza, con sus defectos y cualidades, entendiendo que cuando señalo a otra persona, tres dedos de los míos me señalan a mí. Por lo tanto, el auténtico camino será conocerme a mí mismo.

La reflexión final sería ¿cuál es mi necesidad de seguir responsabilizando a los demás de los desaciertos y fracasos de mi vida? Y si tengo tiempo para tantas cosas superfluas, ¿por qué evito los espacios personales para empezar a conocer mi sombra interior y aceptar mi esencia sin tantas máscaras? ¿Qué me falta para pedir ayuda y comprometerme en un proceso de crecimiento personal?

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