Renacer en Jesús, donde mi herida encuentra luz

Mar, 30/12/2025 - 22:24
"La poesía es el lenguaje del alma porque no pretende explicar a Dios, sino dejarse tocar por Él".
Créditos:
Mads Schmidt

Este texto que les presento hoy, no es un poema para ser analizado, ni una reflexión para ser discutida. Es un testimonio. Un susurro nacido de los momentos difíciles pasados en este año que termina. Aquí no hablo de Jesús como idea, doctrina o argumento filosófico. Hablo de Él como experiencia viva. Como presencia real cuando las opciones se van reduciendo, cuando las fuerzas del cuerpo se agotan y el alma solo quiere pedir descanso.

La poesía es el lenguaje del alma porque no pretende explicar a Dios, sino dejarse tocar por Él. “Renacer en Jesús” nace de esa intimidad donde la fe deja de ser discurso y se vuelve encuentro. Este testimonio fue inspirado desde la confianza y la humildad de quien ha sido sostenido en medio de la noche oscura del alma. Es mi manera de cerrar el año: no con conclusiones brillantes, sino con gratitud por una Presencia que no se fue y que no me abandonó cuando más la necesité. Recordemos que no estamos exentos de las pruebas y desafíos que la vida nos trae diariamente. Es por eso, que, si desde la humildad pedimos una ayuda espiritual, podremos superarlas.

Tranquilízate
Respira lento…
suave…
déjale a tu pecho un instante para descansar y sentir bienestar y calma ….

Ahora escucha estas palabras
como si fueran un abrazo de Jesús
puesto directamente en tu dolor y tus dudas

Renaceré en Jesús.
Aunque mi cuerpo esté débil,
aunque mis manos tiemblen,
aunque mis pensamientos se nublen,
sé que Jesús se queda conmigo
en la parte más difícil del camino.

Él no aparece solo cuando hay fuerza;
Él permanece
cuando ya no puedo más.

Renaceré,
porque en mis noches más oscuras del alma
Jesús se inclina hacia mí
y enciende una luz suave,
una luz que no exige,
solo acompaña.

Él ha visto mis lágrimas,
mis miedos,
mi silencio…
y aun así
me llama por mi nombre
con un amor que no pide explicaciones.

Mi fragilidad no lo decepciona
Mis dudas las entiende
Mis caídas no lo alejan.

Jesús transforma cada grieta de mi mente
en un lugar donde su luz puede entrar,
aún sin mi permiso.

Hoy no busco respuestas complejas.
Busco presencia.
Y Jesús, con una ternura que sana,
me dice en el corazón:

“Ven a mí… y descansa.” “No temas no voy a soltarte nunca”.

En su voz encuentro refugio.
En su silencio, descanso.
En su mirada
un futuro que hoy todavía no alcanzo a imaginar.

Renacer en Jesús
no significa volver a ser quien era antes.
Significa atreverme a ser nuevo.
Más humilde.
Más consciente.
Más amoroso.
Más verdadero.

Él me recuerda
que mi enfermedad no escribe mi destino,
que mi sufrimiento no define mi valor,
que mi debilidad
no es derrota,
sino puerta abierta a la esperanza.

Soy suyo,
en mi quebranto,
en mi confusión
en mi noche.
En mi desespero.

Y en esa tormenta interior que me ahoga
Jesús me susurra una promesa:

“Te daré una segunda oportunidad.”

Una oportunidad
para encontrar mi paz perdida.
Mi propósito,
para descubrir para que sigo aquí,
para volver a caminar con sentido,
para reencontrar la fuerza, el amor y la alegría
que pensé haber perdido.

Jesús también me promete
un amor distinto:
un amor que empieza por mí mismo.
Un amor que nazca de la paz y la sanidad,
no del instinto o del impulso.
Que florezca de la madurez,
no de la superficialidad, la mentira o el temor.
Un amor que cuide,
que acompañe,
que sostenga.
Un amor donde dos almas se elijan
sin ansiedad
y sin prisa.
Un amor verdadero que sane y habilite los corazones para ser felices.

Él sabe cuándo.
Él sabe cómo.
Él sabe con quién.

Yo solo necesito abrir el corazón sin guardar secretos,

ser trasparente para curar mi herida

y ofrecer lo mejor de mí.

Por eso digo hoy,
con una fe tranquila:

Renaceré en Jesús.

Renaceré
porque su misericordia
es más grande que mis temores.
Renaceré
porque su luz
es más fuerte que mi oscuridad.
Renaceré
porque Él ya venció
lo que hoy me amenaza.

Y cuando llegue el día
en que mi alma despierte luminosa…
cuando mi cuerpo encuentre alivio…
y mi corazón vuelva a latir lleno de amor,

diré con gratitud profunda:

“Renací…
porque Jesús me abrazó con mis defectos
y me abrió un nuevo camino hacia la paz interior, el servicio a los demás y un amor propio que me devuelve la seguridad de sentirme digno de ser amado por Dios .Y esa certeza produce el milagro que cura todas las enfermedades”.


Gracias, gracias Jesús.
Jesús yo confío en ti.
Yo confío en ti.

Creado Por
Armando Martí
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