Emmanuel Macron toma posesión como presidente de Francia

Emmanuel Macron toma posesión como presidente de Francia

14 de mayo del 2017

Este domingo, en París, Emanuel Macron asumió plenas funciones como mandatario de Francia. Luego de la derrotar en las urnas hace una semana, se convierte en el octavo presidente de la V República elegido democráticamente. Además es el más joven en lograr llegar al Elíseo: apenas tiene 39 años. Sustituirá a quien fuera uno de sus mentores políticos: el socialista François Hollande.

El mensaje de Macron es simple y directo: es necesario volver a recobrar la confianza en Francia para que esta se vuelva a ser, como en sus mejores épocas, un referente para el mundo.

“Los franceses han elegido la esperanza y el espíritu de conquista. El mundo y Europa necesitan hoy más que nunca de una Francia fuerte y segura de su destino, de una Francia que lleve en alto la voz de la solidaridad, que sepa inventar el futuro”.

Macron deberá enfrentar problemas serios. El desempleo, la migración, la integración con Europa y el mundo, el terrorismo y la fuerte recesión económica son sólo unas pocas, las más complicadas quizás.

La ceremonia empezó a las 10 de la mañana, hora de París. Allí lo esperaba Hollande. Tuvieron una reunión que se extendió por más de media hora. Luego Macron acompañó a Hollande hasta su auto, en el que se dirigió a la sede de su maltrecho partido, el Socialista.

El traspaso de poderes se dio sin novedades, contrario a lo que esperaba el público por la condición “diferente” de Macron. Diferente en el sentido que no representa, como tal, a la típica clase política francesa. Así, como con todos sus antecesores desde Charles de Gaulle en 1958, se le puso el collar que lo reconoce como Gran Maestro de la legión de honor.

Luego pasó revista a las tropas, escuchó los 21 cañonazos que anuncian su llegada, cantó La Marsellesa y caminó hasta el Arco del triunfo, donde dejó una ofrenda floral a la tumba del soldado desconocido.

El corresponsal de El país en Francia escribió que “podría haber sido un día para resaltar la novedad que supone Macron en el anquilosado paisaje político francés, sus deseos de sacudir el sistema. Fue lo contrario: una oda a la continuidad, desde la liturgia a un discurso. “Tenemos un papel inmenso: corregir los excesos del curso del mundo, y velar por la defensa de la libertad”, dijo. La frase la habría podido pronunciar cada uno de sus siete antecesores, a quienes precisamente rindió homenaje, una a uno.

El nuevo presidente se comprometió a “devolver los franceses esa confianza en sí mismos debilitada desde hace demasiado tiempo. Hemos intentado colmar este vacío, colocar otras figuras: son los momentos napoleónicos y gaullistas, especialmente”.