La campaña presidencial de Abelardo de la Espriella dio un giro en sus esquemas de seguridad: a partir de ahora, el candidato realizará sus eventos públicos detrás de un atril cubierto con vidrio blindado, una medida adoptada tras denunciar amenazas atribuidas al ELN.
La decisión se conoce días después de que su equipo informara que el abogado y aspirante a la Presidencia habría sido declarado “objetivo militar”, situación que encendió las alertas y activó protocolos de protección. Aunque el grupo armado ilegal negó públicamente dichas amenazas, la campaña optó por reforzar la seguridad en sus apariciones públicas.
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El uso de un atril blindado, similar a los esquemas implementados por líderes internacionales en contextos de alto riesgo, busca reducir la exposición en plazas abiertas y concentraciones masivas. Desde su entorno aseguran que la prioridad es garantizar la integridad del candidato sin suspender la agenda política.
La medida generó reacciones inmediatas en el escenario político. Mientras sectores críticos cuestionan la imagen que proyecta la decisión, aliados como el representante Miguel Polo Polo defendieron el refuerzo de seguridad y afirmaron que “prefiero que a mi candidato le digan fantoche, pero que esté vivo”, subrayando que la protección no puede convertirse en motivo de estigmatización.
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La implementación del atril blindado marca un precedente inusual en la actual contienda electoral y reabre el debate sobre las garantías de seguridad para los candidatos en Colombia. Mientras avanzan las investigaciones sobre el origen y la veracidad de las amenazas, la campaña de De la Espriella insiste en que no suspenderá su agenda pública y que continuará recorriendo el país bajo estrictas medidas de protección.
