Piratería en el mar: un delito que naufraga

Piratería en el mar: un delito que naufraga

12 de Mayo del 2014

A las 5:30 de la madrugada, en medio del océano Índico cuando apenas comenzaba a aclarar el día, el atunero español Alakrana tenía desplegadas sus redes en actividad de pesca. Estaban a más de 400 millas de la costa de Somalia, en mar abierto. Su tripulación, compuesta por 36 personas, no se percató de que un grupo de esquifes (pequeñas lanchas rápidas) les rodearon con tal velocidad y destreza que en pocos minutos tenían en cubierta a unos 20 o 30 hombres armados que tomaron el control del buque.

Era 3 de octubre de 2009 y comenzaba entonces una de las más dramáticas historias de secuestro, atraco y extorsión provocadas por piratas de los mares del siglo XXI.

El Alakrana, que tiene unos 104 metros de largo y unos 15 de ancho, fue titular en la prensa global, convirtiéndose en uno de los secuestros masivos con más rehenes registrados en las últimas décadas. Curiosamente, el mismo pesquero había estado a punto de ser asaltado un mes antes mientras realizaba tareas de carga a más de 500 millas de la costa.

En esta oportunidad, el atunero faenaba en un radio en el que cualquier maniobra de rescate o seguridad sería demorada. Pero sus avanzados sistemas de comunicación permitieron enterarle a España y al resto de planeta que estaban en peligro.

Los asaltantes eran piratas. La práctica de saqueo y toma de embarcaciones en ríos y mares es una amenaza latente que sobrevive en los tiempos actuales pero en pocos y específicos sitios del globo.

Ahora no actúan con espadas o cañones, sino con armas automáticas y granadas. No necesariamente tienen en sus más altos masteleros alguna bandera con una calavera; de hecho se movilizan en naves pequeñas y rápidas para facilitar la invasión. No van en busca de voluminosos y pesados botines de oro; prefieren robar las sencillas pertenencias de los pasajeros y los secuestran a cambio de millonarios rescates.

Incluso se ha denunciado las precarias condiciones sociales que motivan a estos delincuentes de las aguas a asechar; en el caso de Somalia se ha argumentado que muchos son pescadores artesanales que deben recurrir a la ilegalidad para poder sustentarse en una nación con tanta pobreza.

Sin embargo sus prácticas indignan a la comunidad marina del mundo. El Alakrana fue liberado tras 47 días de secuestro y el pago de un rescate superior a los 4 millones de dólares. El 17 de noviembre de 2009 la tripulación, compuesta no solo por españoles sino por trabajadores asiáticos y africanos, regresó a casa sin lamentar alguna baja o heridos.

Un riesgo que se va hundiendo

La Cámara Internacional de Comercio de la Oficina Marítima Internacional entregó a inicios de 2014 un informe alentador. El año pasado se redujeron de manera importante los incidentes de piratería en los mares del mundo. En los primeros tres trimestres de 2013 se reportaron 188 ataques a barcos, frente a los 233 que hubo en 2012.

En ese mismo periodo, la Oficina Marítima Internacional reportó que se registraron 10 secuestros de buques, 17 ataques con armas de fuego a embarcaciones que pretendían ser asaltadas, otros 140 asaltos sin uso de municiones, 21 ataques frustrados, 266 tripulantes tomados como rehenes y 34 secuestrados.

Las rutas de riesgo por asalto pirata no han tenido grandes cambios en los últimos años, y en cambio se han reducido. La de mayor influencia sigue siendo el océano Índico por las costas de Somalia y Kenia; también en el Índico pero hacia el centro y este de Asía en jurisdicciones de Bangladesh, Indonesia, Singapur y el mar de China.  Otros casos mínimos se registran por territorios acuíferos de Nigeria y Benín, en el occidente de África. En el atlántico o pacífico americano no se han conocido casos.

La comunidad internacional ve con ojos favorables estas cifras porque muestran un importante avance en los mecanismos de seguridad para las embarcaciones globales. Hasta hace más de una década, el Mar Rojo y algunas zonas del Índico en el este africano eran llamadas por los marineros como ‘las rutas del miedo’.

Mapa Ataques piratas

De acuerdo al mismo informe, incluso en mares que se consideran bastión de los piratas modernos, como en el cuerno de África, el canal de Suez o el Golfo de Adén, la piratería marítima se ha reducido drásticamente.  Uno de los grandes promotores de este logro, en especial en aguas somalíes, es la Unión Europea a través de su Operación Atalanta. En ella participan potentes busques de las armadas de Francia, Alemania, Grecia y España, con aeronaves de Alemania, España y Luxemburgo.

Para muchos, la gota que rebasó la copa y que promovió a que fuerzas conjuntas de la Otan intensificaran la lucha contra la piratería marítima fue el episodio de septiembre de 2008 cuando el Buque Faina, de bandera ucraniana, resultó bajo el poder de estos delincuentes que lo retuvieron durante unos cuatro meses. En su interior se transportaban vehículos y material militar. Los piratas exigían el pago de un rescate por 20 millones de dólares. Finalmente lograron negociar en 3.2 millones.

Episodios como el del Alakrana y el del Faina propiciaron luego que los gobiernos autorizaran a los vigilantes de seguridad de los barcos portar armas bajo estrictos protocolos de seguridad y pedir, incluso, a los grandes cargueros llevar equipos de seguridad privada, en vez de comprar costosos seguros ante asalto. Las medidas se han complementado con equipos de las armadas europeas, asiáticas y africanas, además de trucos de seguridad anti-asalto de piratas.

Rutas más seguras y menos vulnerables

La primera estrategia de protección que ha dado buenos resultados para que las embarcaciones eviten ser víctimas de piratas en el mar es mantener alerta los sistemas de comunicación para avisar ante cualquier eventualidad de embarcaciones que intenten asaltarlos.

Las rutas autorizadas para la navegabilidad segura están bajo control y vigilancia de armadas internacionales que están listas para actuar ante cualquier novedad. Incluso esos ejércitos del agua tienen operativos conjuntos que mantienen a embarcaciones piratas cercadas en sus resguardos.

Los buques tienen también escudos con alambres de púas que repelen esquifes y limitan cualquier intento de abordaje abusivo al barco; además las naves cuentan con sistemas laterales se expulsión de  agua hirviendo y agua fría que lanza con chorros a presión.

Piratas

Pero la ayuda más importante proviene del trabajo conjunto de las armadas internacionales, preocupadas por el bienestar de las embarcaciones comerciales que atraviesan los mares. La Quinta Flota de los Estados Unidos es uno de los arsenales más poderosos con presencia en esta región del Índico; tienen casi 30 fragatas, portaviones, unos 15 mil hombres en barcos, grupos de batalla, buques de escolta y equipos aéreos.

A este se suma la coalición combinada CTF-150, un equipo naval multinacional que involucra a 25 naciones y se encarga de supervisar y proteger las rutas marinas del cuerno de África y el mar Rojo. Entre las naciones que componen este grupo están Canadá, Dinamarca, Francia, Japón, Alemania y Reino Unido. A ellos se han adjudicado los más fuertes operativos contra la piratería en los mares y su exitosa reducción.

Justamente, en entrevista concedida a la cadena británica BBC, el contralmirante Duncan Potts, comandante de operaciones de la Fuerza Naval Conjunta de la Unión Europea en el este de África y sur de Asia, reconoció como “obsoleto” el modelo delictivo de la piratería y aseguró que los ejercicios multilaterales de los últimos años le han puesto al borde del hundimiento.

Entre las razones con las que argumenta su mérito, cuenta que los barcos han seguido estrictamente sus normas de seguridad lo que evita o supera ataques esporádicos de piratas. Además dice que dentro de las poblaciones costeras hay un rechazo contra la actividad de los piratas, que ya no consideran como pescadores que defienden sus aguas sino como delincuentes comunes.

Y por último, destaca que la cooperación con las autoridades de los países donde los piratas asientan sus bases se ha fortalecido, al punto que se planean operativos conjuntos en tierra que desmantelan las bandas y ponen ante la justicia a los malosos de los océanos.