Consumo de drogas en personas mayores, una epidemia silenciosa

Publicado por: daniel.guerrero el Vie, 26/03/2021 - 09:11
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Según un informe de la JIFE, el consumo de drogas en población mayor de 65 años aumenta con mayor velocidad que entre los jóvenes.
Consumo de drogas, la pandemia que aumenta en silencio

Desde hace poco más de un año que el Covid-19 viene captando la atención de las autoridades mundiales de salud, mientras de manera silenciosa y casi imperceptible el consumo de drogas aumenta entre mayores de 65 años, teniendo en cuenta el envejecimiento de la población mundial y que, además, son quienes más sufren por cuestiones de confinamiento y aislamiento social.

Así lo advirtió un informe de la Junta internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE), en el que se analizó la situación del consumo y distribución de drogas y medicamentos fiscalizados en el mundo durante la pandemia, y cuyos hallazgos prendieron varias alarmas.

"Un prolongado distanciamiento físico y el aislamiento social resultante imponen una carga emocional mayor para las personas con problemas de salud mental y trastornos por consumo de sustancias y pueden hacer que aumente el número de personas en esta situación", explicó la Jife, órgano de las Naciones Unidas que vigila el cumplimiento de los tratados antidrogas.

También se identificó que además de la "tendencia alarmante" hacia mayor abuso y sobredosis de fármacos en personas de edades avanzadas, los ancianos drogodependientes enfrentan varias problemáticas alternas que obstaculizan el adecuado tratamiento de su enfermedad, como la falta de estudios sobre el consumo de este grupo poblacional y los diferentes estigmas sociales y familiares que pueden sufrir.

Por otro lado, en muchos países se interrumpieron los servicios de tratamientos para drogodependientes y esto suma en contra de la solución. Mientras, a su vez, se presentó un aumento en la receta de medicamentos antidepresivos.

En ese sentido, se instó a los gobiernos del mundo a dirigir sus esfuerzos "a descubrir el número oculto de consumidores de drogas de edad avanzada no diagnosticados y las muertes relacionadas con esto", para así desarrollar un tratamiento y una atención integrada adecuados a la edad.

Las recomendaciones que hizo la JIFE fueron:

  • Utilizar al máximo los sistemas de vigilancia existentes para comprender mejor la demanda de tratamiento.
  • Ampliar los sistemas de vigilancia a los medicamentos de venta con y sin receta para reducir las prescripciones múltiples y la obtención de medicamentos de venta bajo receta de varias fuentes distintas.
  • Eliminar el límite superior de edad común de los 65 años de los sistemas generales de vigilancia, a fin de incluir a las personas de edad.
  • Que los países consideren la posibilidad de adoptar tecnologías para la atención de la salud innovadoras y nuevas. Por ejemplo, la telemedicina y los prestadores de asistencia sanitaria en línea podrían ofrecer servicios relacionados con el consumo de sustancias a las personas de edad que viven en zonas rurales.
  • Que el personal médico reciba formación para reconocer adecuadamente el abuso de sustancias en las personas de edad y pueda distinguir los síntomas similares de otras enfermedades y prestar una atención que tenga en cuenta la edad.
  • Impartir formación para hacer frente al estigma, eliminar las barreras o la incomodidad de los médicos para sondear el consumo de drogas con las personas de edad en relación con la cultura y el entorno social de una comunidad.

Otros hallazgos del informe de la JIFE

El confinamiento durante meses hizo que los traficantes de droga se idearan nuevas maneras de llegarle a sus clientes y, de este modo, se parecen haberse fortalecido en la clandestinidad.

"Los mercados de la web abierta y de la Internet oscura, los medios sociales, las aplicaciones de comunicaciones cifradas seguras y los foros en línea están desempeñando un papel más destacado entre los consumidores para abastecerse de drogas", explicó el organismo.

Mientras que las entregas a domicilio, el menor trato cara a cara y la menor dependencia del dinero en efectivo como forma de pago se han vuelto en tendencias de las transacciones individuales y dejan entrever un cambio en el modus operandi de los narcotraficantes.

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