Después de vivir un terremoto, las consecuencias no siempre son visibles. El miedo, la ansiedad, la tristeza y la incertidumbre pueden permanecer en las personas afectadas incluso después de que termina la emergencia.
En el caso del terremoto que sacudió a Colombia esta semana, expertos recomiendan prestar atención a estas reacciones y entender que cada persona puede afrontar la situación de una manera diferente.
De acuerdo con las recomendaciones del psicólogo clínico Camilo Espinosa, de la Universidad del Bosque, quienes se encuentran en las zonas más afectadas no deben presionarse para regresar inmediatamente a la normalidad.
Recomendaciones para controlar la ansiedad
Antes de retomar las actividades habituales, es fundamental garantizar necesidades básicas como alimentación, atención médica, higiene y un lugar seguro para descansar. Una vez cubiertas estas condiciones, recuperar progresivamente algunas rutinas puede ayudar a reconstruir la sensación de seguridad.
La pérdida de familiares o la incertidumbre por personas desaparecidas también puede generar un impacto emocional profundo. La tristeza, el miedo y la rabia hacen parte de las posibles respuestas ante una tragedia y no necesariamente representan una enfermedad. Sin embargo, es importante buscar acompañamiento cuando estas emociones se vuelven persistentes, aumentan con el paso del tiempo o dificultan las actividades cotidianas y el autocuidado.
En el caso de los niños y adolescentes, los adultos deben explicar lo ocurrido con honestidad y de acuerdo con su edad, evitando generar falsas expectativas. También es importante permitirles hacer preguntas y expresar sus emociones.
Quienes siguieron la emergencia desde otras ciudades tampoco son ajenos al impacto. La exposición constante a imágenes y noticias puede aumentar la angustia, por lo que se recomienda establecer momentos para informarse y otros para desconectarse.
Finalmente, buscar ayuda profesional puede ser necesario si persisten pesadillas, miedo intenso, irritabilidad o ansiedad que interfiera con la vida diaria. Cuidar la salud mental también forma parte de la recuperación después de una tragedia.
