El ‘Topo Mayor’, el hombre de 80 años que convirtió una tragedia personal en una misión para salvar vidas

A sus 80 años, Héctor Méndez Rosales, fundador y presidente de Topos Azteca, volvió a ponerse el equipo de rescate para participar en las labores de búsqueda.
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Poclama del pacífico

A sus 80 años, Héctor Méndez Rosales, fundador y presidente de Topos Azteca, volvió a ponerse el equipo de rescate para participar en las labores de búsqueda tras el terremoto que golpeó a Colombia el pasado 10 de agosto. 

Su presencia en el país representa décadas de experiencia y una historia personal marcada por una tragedia que cambió para siempre su vida.

Méndez es conocido dentro del movimiento de rescatistas como el 'Topo Mayor', una figura que durante años ha participado en operaciones de búsqueda y salvamento en diferentes emergencias. Sin embargo, su vínculo con estas labores nació precisamente de una tragedia que vivió en carne propia.

El punto de partida fue el terremoto que sacudió Ciudad de México el 19 de septiembre de 1985. En medio de la devastación, Méndez llegó a una de las zonas afectadas en busca de su hermano, quien había quedado atrapado entre los escombros. La búsqueda terminó con una noticia esperanzadora: logró encontrarlo con vida.

Pero aquella experiencia no terminó cuando encontró a su familiar. Méndez decidió permanecer en la zona y continuar colaborando en las labores de rescate. A partir de entonces, su vida quedó ligada a una misión que mantiene hasta hoy: buscar personas atrapadas y brindar una oportunidad de vida en medio de las tragedias.

Con el paso de las décadas, los Topos Azteca se consolidaron como un grupo de rescatistas voluntarios reconocido por su participación en emergencias dentro y fuera de México. Su trabajo los ha llevado a distintos escenarios donde terremotos, derrumbes y otras tragedias han dejado personas atrapadas.

Ahora, casi cuatro décadas después del terremoto que transformó su vida, el “Topo Mayor” llegó a Colombia para ayudar en las labores posteriores al sismo de magnitud 7,4. Su historia conecta dos tragedias separadas por el tiempo, pero unidas por la misma voluntad: entrar donde otros no pueden para intentar salvar una vida.

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