Konciencia

El camino comienza con preguntas sencillas: ¿qué estoy sintiendo? ¿qué necesito? ¿qué estoy soportando por miedo? ¿en qué momento dejé de escucharme?
Sin advertirlo, convertimos a la pareja en refugio, medicina y respuesta para todo aquello que aún no comprendemos de nosotros mismos.
Nos acostumbramos a reaccionar con rapidez, pero cada vez dedicamos menos tiempo a reflexionar.
Poco a poco dejé de buscar una agenda y comencé a encontrar una vida.
Hoy me detengo. No por cansancio, sino por claridad. Y me miro, sin juicio… pero sin mentiras.
¿Es posible que los defectos del otro reactiven la máscara con la que oculto los míos?
En términos simples, el cerebro humano posee un mecanismo natural diseñado para recuperar la calma cuando la mente se desordena.
Frente al vacío, el ser humano busca dirección. El animal puede convertirse en metáfora de autenticidad frente a una cultura percibida como artificial.
Si el pensamiento inicial proviene de una conclusión mal programada y limitante: —“no soy suficiente”, “no merezco”, “siempre me va mal”— todo el proceso se inclina a esa dirección.
No estamos frente a un problema meramente neuroquímico. Estamos frente a una cultura que ha reemplazado significado por estímulo.
Ahora siento una suave paz, de esas que no hacen ruido, pero sostienen el pecho por dentro.