Hubo un tiempo en que el ciclismo parecía haberle dado la espalda a Nairo Quintana, pero los viejos roqueros nunca olvidan cómo afinar su mejor melodía. En una demostración de vigencia absoluta, el "escarabajo" del Movistar Team se adjudicó la segunda etapa de la Vuelta a Asturias, recorriendo los 140.8 kilómetros entre Llanes y Pola de Lena con la ferocidad de sus mejores años.
El ataque que rompió la carrera
Con 24 kilómetros para la meta, Nairo lanzó un latigazo desde el grupo de favoritos. Solo el joven Adriá Pericas, del UAE, tuvo el descaro de seguirle la estela, mientras nombres como su compatriota, Diego Pescador, Samuel Fernández y Txomin Juaristi se fundían en el asfalto asturiano.
A falta de 7.7 kilómetros para el destino, Nairo decidió que la compañía de Pericas era suficiente. Con una aceleración seca y contundente, el colombiano soltó al joven talento del UAE, marchándose en solitario hacia una meta que no cruzaba en primer lugar desde febrero de 2022, cuando vestía los colores del Arkea en el Tour de los Alpes Marítimos.
La victoria más agridulce
Tras cruzar la línea, Quintana no solo celebró el liderato de la general —donde aventaja por más de medio minuto a su perseguidor más cercano— sino que también despejó las dudas sobre su rendimiento tras haber anunciado meses atrás el fin de su carrera.
“Ha pasado muchos años que no ganaba. Este año anuncié el fin de mi carrera pero siempre he estado motivado entrenando”, confesó un emocionado Nairo a la televisión local.
Sin embargo, el triunfo tuvo un matiz sombrío. Al ser consultado por su dedicatoria señalando al cielo, el tono del boyacense cambió drásticamente para recordar a un colega: “Es verdaderamente triste lo de Cristian Camilo Muñoz. Me he quedado frío”.
