Diseño y cuero "Made in Colombia" que seducen el mercado gringo

Mar, 10/06/2014 - 09:59
"Cuando recibimos las primeras 500 mochilas wayúus y las sacamos, el piso de la oficina quedó lleno de sal. Al principio no sabíamos qué había sucedido; barrimos y nos dimos cuenta de que era sal
"Cuando recibimos las primeras 500 mochilas wayúus y las sacamos, el piso de la oficina quedó lleno de sal. Al principio no sabíamos qué había sucedido; barrimos y nos dimos cuenta de que era sal porque las indias tejen en la playa y la brisa trae la sal que se impregna en las mochilas. Era nuestra primera exportación, aun no teníamos nombre y de esto surgió la idea". Así nació "Sea Salt", una empresa a la cual la sal le trajo buena suerte porque desde ese momento no ha dejado de crecer.

Quien cuenta la historia es Claudia Gutiérrez, una vallenata que se hizo administradora de empresas en Bogotá y obtuvo una maestría en Estados Unidos. Pero a estas alturas no se sabe si es mejor administradora o diseñadora -empírica, basada simplemente en su gusto-, pues su empresa se desarrolló sobre esos pilares: Gusto en el diseño, calidad en la fabricación y creatividad en la comercialización.

Las primeras mochilas wayúu fueron a dar a varias tiendas de Estados Unidos, donde se vendieron muy bien. Pero muy pronto se abrió un gran mercado en Europa y las mochilas hechas por las manos de las indígenas comenzaron a tener agregados: Adornos (tiras y ornamentos de cuero) y variaciones en el diseño para hacerlas más funcionales. Las artesanas fueron organizadas para que entregaran productos estándares, que Sea Salt completaba según los dictados de la moda.

Las mochilas fueron un éxito comercial. Tanto así, que los clientes comenzaron a pedir más productos. "Ya te mando otros diseños" era la respuesta nerviosa de Claudia, quien apresuradamente tenía que inventar nuevos modelos para mantener satisfechos a sus ansiosos comercializadores. Los accesorios aparecieron como una línea complementaria, que también hoy continúa creciendo. Simultáneamente, el cuero fue haciendo su aparición en las creaciones de Claudia, quien previamente realizó toda una investigación sobre la industria marroquinera en Colombia. Esto vino acompañado de la decisión de que la producción continuaría en Colombia. Con los nuevos productos comenzó también la conquista de un nuevo mercado, el estadounidense, con base en Houston, Texas. "Las primeras carteras fueron una sensación por los materiales y la atención al detalle", dice la empresaria y agrega que "Vivimos en un mundo donde todo es chino y todo se hace masivamente y a precios ridículos porque las calidades son malas. Por eso se destacan nuestros productos". Buen gusto, elegancia, modernismo, funcionalidad, practicidad, excelente manufactura... eso es lo que busca Claudia, con la ayuda de dos diseñadoras. "Yo aporto mi gusto y mis ideas, y pinto. Ellas -una diseñadora gráfica y otra de modas- ponen las cosas en el computador y las ven realísticamente: 'Esa cartera se te va a abrir y se va a derramar todo', pueden decirme, pero mantienen la idea inicial y hacen que el diseño funcione". "Cuando comenzamos a hacer carteras, pensamos que debían tener más personalidad, asociarse con una persona, con quien las diseña. Por eso las pusimos Claudia G", cuenta la empresaria. "Personalizar" es un verbo que se conjuga todo el tiempo en Sea Salt. "Empezamos comercializando en almacenes y las carteras se vendían muy bien pero quisimos personalizar, llegar al cliente final. Nunca tengo contacto con quien compra mi producto en un almacén y quiero saber quién es esa persona, tener contacto con ella, recibir toda la retroalimentación posible para perfeccionar mis productos", explica Claudia. El afán de "personalizar" llegó también al campo de las ventas. Para conocer el cliente final, es preciso que el vendedor también sea de la casa. "Tenemos un sistema en el que damos la oportunidad a mujeres como yo para que monten su propio negocio. Estamos abriendo mercado a través de vendedoras independientes. El producto prácticamente se vende solo, entonces lo que necesitamos son manos que lo muestren. Muchas son mujeres con niños pequeños, amas de casa que quieren hacer algo más y tienen tiempo para hacerlo. Les ayudamos desde cuando comienza el proceso hasta que tienen montado su negocio exitosamente. Siempre las acompañamos porque nuestro éxito es que ellas sean exitosas". Esta es la filosofía y la estrategia de ventas de los productos Claudia G. Son 157 consultores -entre ellos varios hombres- que se reúnen al menos una vez cada mes y quienes hacen reuniones con amigas para tomar un café, conversar y exhibir sus productos que, además pueden verse online en el sitio www.claudiagcollection.com 

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Socialmente, en reuniones de amigas, es como la línea Claudia G. de "Sea Salt" llega a sus clientes finales, "mujeres entre 30 y 60 años, profesionales, independientes, que pueden comprarse lo que quieran. Personas que buscan algo diferente, no siempre la misma marca. Quieren distinguirse y por eso invierten en la compra de productos que no son masivos", como las define Claudia. Para ellas salen cada año dos nuevas colecciones y 50 referencias diferentes. Eliminando los intermediarios y acortando la cadena -producir, exportar, comercializar directamente y hacer uso de una publicidad que va de boca en boca- permite, por un lado, que los vendedores logren un buen margen de ganancia y, por el otro, que el cliente obtenga precios favorables por artículos de primerísima calidad. Así, una cartera de Claudia G. puede ser adquirida por entre 150 y 400 mil pesos colombianos (US $75 a 200). Al lado de Claudia siempre ha estado su socio en la empresa y en el hogar: Su esposo, Juan Carlos González, un bogotano ingeniero industrial con maestría en EE UU, quien se desempeña como Director de Operaciones. Es el hombre que lleva el control en los centros de producción de Medellín y Bogotá y organiza la difícil logística de exportación de Colombia a Estados Unidos, distribución, cartera, etc. Es el co-responsable de cumplir la meta de vender medio millón de dólares en 2014, de afianzarse en el mercado americano y de empujar el crecimiento de la empresa hacia su nueva meta: conquistar Colombia.  Esto último es un desafío grande pues se trata de un mercado menor que el americano pero con una fuerte competencia, pues los productores colombianos manejan la misma calidad de cueros. La diferencia frente a ellos sería el diseño y, especialmente, el estilo empresarial, pues aquí se aplicarán los mismos modelos. "Siempre tratamos de volver a la comunidad", dice Claudia, pensando, tal vez, en aquellas mujeres colombianas que podrán encontrar una forma decorosa de vida cuando se conviertan en vendedoras de Claudia G.  
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