45 segundos frente a la tumba de Jesús

3 de abril del 2015

Crónica de un día en la vieja Jerusalén, tierra sagrada pero convulsa.

Tumba de Jesus

El itinerario sugería que de Ramala partiría temprano hacia Jerusalén. El vehículo, conductor y guía, ciudadanos palestinos, debían contar con un permiso especial para entrar a la ciudad. A Jerusalén, territorio en disputa, no pueden pasar los árabes de Cisjordania sin una autorización previa de Israel.

En mi caso no había problema de tránsito por ser extranjero y con visa israelí; al guía que me llevaría lo facultaba una ciudadanía especial de residencia que lo acredita también como ciudadano de Jerusalén. Me contaría más tarde que su casa, la de su padre, la de sus abuelos y más ancestros está en el lado oriental del conturbado sagrado y en riesgo de ser expropiada.

Lea también: 15 mil refugiados bajo las balas en Palestina

Desde Ramala hasta Jerusalén no hay más de 40 minutos de recorrido y un par de chekpoints (puestos de control israelíes). Los agentes de seguridad, al ver que el vehículo tenía placas israelíes y el guía hablaba fluido hebreo, nos permitieron el paso sin mayores inconvenientes.

Llegamos directo a la ciudad antigua, por el lado oriental, frente a la Explanada de las Mezquitas. El lugar está bajo control militar israelí, como el resto de esta parte de Jerusalén. Ellos deciden a quién dejan entrar a los lugares sagrados.

Lea también: Cuando Belén encontró en Barranquilla un pueblo hermano

Jerusalén es tierra de todos, y al tiempo de nadie. Las murallas de la vieja fortaleza albergan los lugares más sagrados para tres de las religiones más importantes del mundo. El Santo Sepulcro para los cristianos. El Muro de los Lamentos para los judíos. El Monte del Templo para el Islam. El resto de la metrópoli está divida en dos: la mitad de población es palestina y el otro grupo israelí.

Cada credo otorga a esas tierras un valor que despierta celos irreconciliables y de siempre. En tiempos de Jesús, hace dos milenios, quien no fuera judío no podía penetrar el templo que allí se erigía pues si lo intentaba sería condenado a muerte. Luego los musulmanes, cuando controlaron esas tierras, tampoco daban la bienvenida a quienes no profesaran su fe. Los cristianos cruzados, en su intención por recuperar tierra santa, pretendieron expulsar a quienes osaran negar que en aquellos montes Jesucristo pasó sus últimos días, murió y resucitó como muestra de ser el mesías.

Los jardines de la Explanada tienen bajo sus raíces capas de historias de promesas divinas, guerras, arte y poder. Son más de diez hectáreas que conservan en su centro una de las construcciones en pie más antiguas y preciadas para los musulmanes: la cúpula dorada.

Tumba de Jesus 3

Los principales templos de la Explanada de las Mezquitas.

Pero al caminar por el lugar es imposible dejar de pensar que hasta hace casi dos mil años lo que se veía allí era el Templo de Herodes o Segundo Templo de Jerusalén, o que cerca de 2.500 años atrás las piedras que se alzaban eran las del Templo del Rey Salomón.

En el siglo VII de nuestra era fueron construidas la Mezquita de Al-Aqsa y el Domo de la Roca. Surgieron sobre las ruinas que dejaron los romanos luego de destruir el Templo de Herodes, como castigo contra el alzamiento judío 30 años luego de la muerte de Cristo.

Los dos monumentos conforman el tercer principal lugar sagrado del Islam, luego de La Meca y Medina. El Domo de la Roca, con su cúpula de oro, alberga en una cueva la piedra desde la que el profeta Mahoma ascendió al cielo, según la tradición musulmana. Justo esa misma reliquia, insisten los musulmanes, fue en la que Abraham estuvo por cumplir la voluntad de Dios para sacrificar a su hijo.

El “templo prometido”

Hasta comienzos del primer milenio, el ahora lugar sagrado del islamismo, lo fue para el judaísmo. Allí estaba el templo de Jerusalén, el mismo en el que se había custodiado el Arca de la Alianza y al que sólo podía acceder, cada determinado tiempo, el máximo sacerdote.

Fue ahí también, para el cristianismo, donde Jesús desató su ira contra los comerciantes y sacerdotes que cobraban abruptos impuestos por su visita. Poco después, el lugar sería el estrado en el que el rebelde fue condenado a la muerte en la cruz. La tradición además recuerda que el mismo Cristo profetizó su destrucción.

El guía me explica que ese triple valor simbólico convierte a la explanada en un barril de dinamita. La solución de los académicos independientes es tratar de dividir a la antigua Jerusalén del resto de la ciudad en disputa, y convertirla en un territorio sin soberanía reclamada, por ejemplo bajo la protección internacional.

Tumba de Jesus 4

A escasos metros del templo sagrado musulmán está el lugar más preciado por el judaísmo. 

La idea no gusta dentro de Israel. Hay sectores sionistas ortodoxos que exigen recuperar a Jerusalén como su ciudad capital, y destruir la explanada y demás reliquias cristianas para reconstruir el Templo de Salomón. Cuando este templo sea restituido –creen los judíos– podrá venir a la tierra su verdadero mesías.

Frente a la tumba de Jesús

Poder entrar a la Explanada de las Mezquitas fue un privilegio; por estos tiempos, las autoridades israelíes no permiten el ingreso de menores de 60 años y a veces bloquean totalmente cualquier peregrinación. Hay palestinos que, a pesar de vivir a media hora de dichos templos, jamás han podido visitarlos debido a que los poderes hebreos nunca les otorgan permiso.

A menos de 30 metros de la Cúpula de la Roca está el lugar en pie más sagrado para el judaísmo: el Muro de los Lamentos. Hay un balcón desde el que los turistas extranjeros y no judíos pueden ver la emblemática muralla, que es la única estructura sobreviviente del antiguo Templo de Jerusalén.

El palco y sus alrededores es vigilado por numerosas cámaras de seguridad. El hecho de que vaya acompañado de un palestino necesariamente me bloquea toda posibilidad de acercarme. No obstante sólo pueden estar cara a cara al muro quienes son judíos y demuestran interés por realizar sus oraciones.

Tumba de Jesus 1

Hay numerosos pasajes comerciales en los caminos que están dentro de la vieja Jerusalén.

Por ese mismo camino hay una gran ruta comercial llena de recuerdos y artesanías que agradarían a los creyentes de las tres religiones. Escapularios, crucifijos, imágenes de Cristo, de la Virgen María y los apóstoles. También varios tasbih (objeto similar al rosario) en madera, piedras y plástico para los musulmanes. Incluso souvenirs con formas de la estrella de David e inscripciones hebreas para los judíos. En una misma vitrina, expuestas a la venta la cruz, la media luna y la estrella, cada una a 100 shéquels (25 dólares) por igual.

En las tiendas del pasaje comercial hay también gran cantidad de tejidos, ropas y joyas hechas por beduinos. Más adelante hay establecimientos donde venden pan, carnes, pescados, verduras, múltiples especias con olores penetrantes que en días de verano, dicen los comerciantes, pueden irritar a cualquiera.

Cuando el olor va dejando de hostigar hay un arco de piedra con una sencilla inscripción en su cabecera: El Santo Sepulcro.

La entrada a la basílica no está recubierta en oro ni tiene una plaza espléndida como las del Vaticano. Es una edificación en piedra que, aunque restaurada por el tiempo, sigue conservando la esencia de su primitiva construcción en el siglo IV.

También fue escenario de guerras y profanaciones durante el medioevo, y solo hasta el siglo XIV los cristianos, compartiendo administración con los griegos ortodoxos, armenios y coptos, se hicieron al control de la reliquia.

El guía palestino me deja recorrer con tranquilidad el tempo. Evidencias arqueológicas, la historia y distintas corrientes científicas están convencidas que, casi con seguridad, ese lugar sí fue en el que Jesús fue crucificado, su cadáver preparado y luego sepultado. La tradición religiosa añade, con total convencimiento, que allí fue dónde resucitó.

Tumba de Jesus 2

En la entrada está la Piedra de la Unción. Es una roca, adornada con candelabros y lámparas, donde el cadáver de Jesús habría sido limpiado con aceites y envuelto en una manta con especias y mirra, recién fue bajado de la cruz. A unos cuatro metros de ahí está la capilla del calvario, donde fue martirizado.

La iglesia, con pinturas de antaño, monjes griegos que la custodian y olores a incienso, guía al peregrino hasta una nueva capilla en el centro de una cúpula llamada Anástasis, que del griego traduce “Resurrección”. El edículo, o relicario, es custodiado por griegos ortodoxos, quienes cada 5 minutos hacen una limpieza con sahumerios y oraciones.

Hay una fila de fieles para ingresar a tan pequeña habitación. El guardia solo permite la entrada de grupos de diez personas. La mayoría de los que aguardan su turno son latinos.

Sólo se permite estar unos 45 segundos dentro de la Cámara del Sepulcro, el pequeño espacio donde se cree que reposó el cuerpo de Jesús. Ahí, para los creyentes, el hombre venció a la muerte. Láminas de mármol, ornamentos en plata e imágenes que representan la resurrección lo adornan. El silencio es absoluto, el ambiente se percibe tranquilo. De repente, uno de los custodios exige la pronta salida.

Un viernes de Pascua, como el de hoy, el lugar sagrado puede ser visitado por miles de feligreses. Hay ceremonias, ritos, plegarias en múltiples idiomas y ofrendas. Muchos de los favores que se piden a la divinidad tienen que ver con la paz doméstica, la necesita la tierra santa.

Jerusalén es territorio en disputa y reclamado como capital tanto por Israel como por Palestina. La comunidad internacional no la considera capital de ninguno de los dos. También es el lugar más sensible dentro de los lugares en conflicto, pues despierta sentimientos religiosos irreconciliables. Una ofensa podría volcar esas antiquísimas murallas de nuevo a las ruinas, como ya ha sucedido antes.

Por: David Baracaldo Orjuela, Twitter: @david_baracaldo

Enviado especial de Kienyke.com a Jerusalén

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO