5 de julio de 2017: El día del asalto a la Asamblea Nacional

5 de julio de 2017: El día del asalto a la Asamblea Nacional

6 de Julio del 2017

“Muy pronto estaremos conviviendo cívicamente” fueron las palabras con las que el presidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges, daba inicio al acto solemne organizado por el Poder Legislativo en conmemoración de los 206 años de la declaración de la Independencia de Venezuela, minutos antes de que civiles y grupos paramilitares mantuvieran secuestradas a más de 300 personas e ingresaran al Palacio Federal causando destrozos y lesiones.

“Queremos pasar, en palabras de nuestros padres fundadores, de la soberanía de la pólvora a la soberanía del voto”, agregaba Borges, ya en el hemiciclo protocolar para dar inicio a la sesión solemne mientras cuestionaba cómo un país podía celebrar su libertad y su independencia si actualmente el pueblo no come, no vota y no puede protestar sin ser reprimido en las calles.

Afuera, personas con camisas rojas con la figura de Hugo Chávez, pañoletas, capuchas, banderas, lentes oscuros y afiches en favor de la Asamblea Nacional Constituyente se apostaban en las entradas del Parlamento. Adentro, Borges exhortaba a recuperar el civismo en lo que considera es la fecha civil por excelencia en la historia del país.

“Que sirva esta conmemoración para tomar fuerza para seguir luchando por la libertad y la democracia”, dijo antes de que la diputada Elimar Díaz leyera el acta de la independencia. Cinco minutos después, los afectos al oficialismo comenzaron a lanzar cohetones hacia el Palacio.

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Después, la historiadora Inés Quintero, individuo de número de la Academia Nacional de la Historia y oradora del día, recordaba la importancia del 5 de julio como un hecho cuya significación es cívica, republicana y no militar. “El acto simbólicamente representa el reconocimiento por el Poder Ejecutivo a la autoridad del Congreso como órgano de representación de la soberanía popular”, decía, mientras, de fondo, se escuchaban numerosas detonaciones. “Ya va siendo tiempo de eliminar la presencia de las fuerzas armadas en la conmemoración de este día, añadía.

Así, Quintero recordaba que desde que se dio la ruptura con la monarquía hubo abusos de poder, fraudes a la representación popular, expresiones de autoritarismo e irrespeto a la división de los Poderes Públicos.

“La República es el más sólido y perdurable referente histórico que tenemos como venezolanos. La historia nos compromete, antes como ahora, con su defensa. Depende de cada uno de nosotros, especialmente en momentos de vejación y atropello inclemente, que no solamente se mantenga, sino que la República salga victoriosa y fortalecida en nuestro presente y en los años por venir”, concluía.

Al finalizar el acto solemne, los diputados se dirigían a sesión ordinaria en el hemiciclo de sesiones para aprobar la consulta propuesta por la Mesa de la Unidad Democrática para el próximo 16 de julio.

Afuera, pocos minutos después de que Quintero se refiriera al asalto al Congreso de 1848, los oficialistas lograron ingresar al Palacio Federal Legislativo portando tubos, palos, navajas y armas de fuego y lanzando explosivos directamente contra las personas ante una inerte Guardia Nacional Bolivariana.

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Trabajadores, invitados, diputados y periodistas corrían por igual ante la explosión de fuegos artificiales dentro del palacio. Algunos pudieron resguardarse detrás de las puertas de cuartos, salones y baños. En paralelo, el diputado Armando Armas era golpeado en la cabeza en los alrededores de la fuente. Cerca, el parlamentario Américo de Grazia convulsionaba en el suelo tras ser golpeado con tubos y patadas. Frente a la puerta norte, el diputado Leonardo Regnault sangraba tras ser golpeado con piedras en la cabeza.

“Asesinos, asesinos, periodistas asesinos, mamahuevos”, gritaban una señora mayor, un hombre en muletas, un encapuchado y un sujeto con lentes oscuros y un tubo en la mano a varios trabajadores de la prensa frente al comedor de la Asamblea. “Malditas, son unas malditas perras, sucias, terroristas”, decían a un grupo de seis periodistas mientras, a su izquierda, la reportera de Venevisión era empujada y robada.

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“Pira de aquí antes de que te mate”, ordenaba el hombre de lentes oscuros al periodista de Caraota Digital mientras lo agredía en su espalda con el tubo. En los jardines, llenos de humo, al fotógrafo de la Agencia Efe le robaban una cámara y su teléfono celular. Patadas iban y venían y equipos chocaban contra el suelo. Tras varios minutos de pánico, los atacantes salieron del lugar.

“Esto es un regalito del señor El Aissami, que después de que vino aquí haciéndose el pacífico nos mandó a las hordas a atacarnos vilmente”, destacaba el diputado Luis Stefanelli con la ropa ensangrentada.

Frente a la puerta norte ―donde sillas, alfombras y mesas contenían la entrada―, el suelo y las paredes terminaron manchados de sangre. La misma situación se veía frente a la enfermería, donde eran atendidos los diputados Armando Armas, Leonardo Regnault y Américo de Grazia, quienes, junto al resto de los heridos, luego fueron sacados del Parlamento en ambulancia.

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«Hay dolor físico, pero no más allá del dolor espiritual que sentimos cada vez que cada día que pasa nos están robando a Venezuela», expresaba Armando Armas. «El miedo no nos va a hacer retroceder. El llamado es a que nuestra lucha continúe siendo pacífica. No nos vamos a dejar arrastrar por la dictadura a la violencia», agregaba Regnault.

Afuera, los chavistas hacían gestos obscenos y bailaban al ritmo de la canción que promociona la Constituyente. “Ohhh, eh, oh, eh, oh. La Constituyente va”. Adentro, los presentes evaluaban la magnitud de lo ocurrido. Además de sangre, restos de balas y de explosivos, el ataque también dejó ventanas rotas y carros destrozados.

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«Esto ocurrió porque la Guardia Nacional, que tiene bajo su custodia el Palacio Federal, permitió que libremente pudieran entrar esos grupos delictivos. Desde hacía horas estaban lanzando morteros y la GN a cargo del coronel Lugo permitió que entraran», señalaba el parlamentario Tomás Guanipa mientras sostenía los restos de una bala.

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Durante toda la tarde, persistieron las detonaciones. Dos camiones, situados en las puertas este y oeste, colocaban música de diversas campañas electorales, pasando por el Himno de la Federación y canciones de Alí Primera hasta fragmentos del discurso de Chávez. Ni la lluvia, que se hizo presente tras cinco horas, los detuvo.

“Fascistas. Miserables. El pueblo está en la calle”, gritaban los oficialistas en las afueran del parlamento. Tras lanzar un cohetón que detonó en los jardines del palacio, celebraban. “¡Están cagados! ¡Asesinos, asesinos, asesinos!”, coreaban. “La patria se defiende. ¡Qué viva Chávez!”, añadían.

Aproximadamente 330 personas, entre diputados, periodistas y trabajadores permanecieron “secuestrados” en los espacios de la Asamblea Nacional durante ocho horas. A las 5 de la tarde, algunos sufrían crisis nerviosas y se desmayaban, al tiempo que otros eran alcanzados por piedras. De fondo, en una especie de loop infinito, seguía sonando la canción de la Constituyente.

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«La violencia en Venezuela se llama Nicolás Maduro, tiene nombre y apellido. Las personas que vinieron hoy, periodistas de VTV que tienen programas de televisión, candidatos a la Constituyente que vinieron hoy a irrumpir acá y dirigentes del PSUV de Caracas, para nosotros representan la Venezuela violenta que rechazamos», declaraba Julio Borges a los medios tras ocho horas en el Parlamento y cuando el balance cerraba con siete diputados heridos.

Media hora después, parlamentarios, trabajadores, invitados y periodistas comenzaron a salir en pequeños grupos ―corriendo― hacia la sede administrativa de la Asamblea Nacional en Pajaritos. Al frente y más cerca, para finalizar la jornada, oficialistas lanzaban botellas de vidrio y morteros directamente al cuerpo de las personas que, milagrosamente, lograron escapar del 5 de julio de 2017, el día en el que el Capitolio fue objeto de uno de los peores ataques de su historia reciente.