Ángeles Azules: los ‘enemigos’ de los ‘sayayines’ en el Bronx

28 de agosto del 2018

Si camina por las calles del Bronx, la antigua república independiente del crimen de Bogotá, solo encontrará ruinas. Las paredes están inundadas de mensajes y objetos que son los únicos recuerdos vivos de la toma de aquel mayo de 2016. Atrás quedaron esos días en los que las drogas y el alcohol eran la gasolina que […]

Ángeles Azules: los ‘enemigos’ de los ‘sayayines’ en el Bronx

Si camina por las calles del Bronx, la antigua república independiente del crimen de Bogotá, solo encontrará ruinas. Las paredes están inundadas de mensajes y objetos que son los únicos recuerdos vivos de la toma de aquel mayo de 2016. Atrás quedaron esos días en los que las drogas y el alcohol eran la gasolina que encendían las llamas del infierno, palabra que se queda corta para describir lo que allí se vivía. El crimen y la rumba no paraban, estaban a la orden las 24 horas del día.

Lo paradójico era saber que las tres calles en las que descuartizaban personas y las daban de alimento a perros hambrientos están rodeadas por la Policía Metropolitana de Bogotá, la Iglesia del Voto Nacional y al lado de un batallón del Ejército.

Angie Shadybeth, una mujer rubia de cabello largo y tes suave se levanta día a día a cumplir su vocación. Se pone la chaqueta azul cielo, se amarra bien las botas y sale todos los días a caminar las calles de Bogotá. Busca habitantes de calle para que se beneficien de los servicios que presta la Secretaría de Integración Social, es lo que llaman un ‘Ángel Azul’.

Fue hace 10 años que Shady empezó a trabajar con el programa de habitante de calle, mientras que estudiaba ‘Licenciatura en educación Preescolar’ en la universidad gracias a una docente que la invitó a vincularse en el programa. Es una de las pocas personas que presenció en carne propia lo que era vivir en el temido Bronx.

Foto: Jose Vargas/ KienyKe.com

Muertos en vida

Una de las pruebas para trabajar con habitantes de calle era entrar al Bronx, asegura que un ciudadano común no se alcanza a imaginar todo lo que allí sucedía, ella menciona: “Yo salí traumatizada, la descomposición y degradación del ser humano en ese bajo mundo me impresionó”.

Para entrar debían pedirle permiso a los “sayas”, la banda delincuencial que operaba en esta zona. Sin embargo, enviaban a un hombre tras ellos que no se separaba nunca de los trabajadores. Las reglas eran simples, no podían quedarse mirando un punto fijo, y debían hacer solo su trabajo, que era ofrecer los servicios de la secretaría y revisar que no hubiera ninguna persona enferma, de ser así lo llevaban inmediatamente al hospital.

Lo que caló en la mente de Shadybeth fueron las madres amamantando a sus hijos y consumiendo al mismo tiempo. También quedó grabado en su mente cuando los bebés que apenas estaban aprendiendo a gatear y lo hacían encima de las personas que estaban tiradas en el piso, inconscientes por el excesivo consumo.

También describe que el ambiente era hostil y acelerado. Menciona que habían ocasiones en los que ellos ingresaban a establecimientos y las personas ni siquiera se daban cuenta. “Parecían muertos en vida”, explica.

Una de las experiencias que más la marcó fue la de un niño de siete años, los ángeles estaban en un recorrido habitual y el rostro del menor le llamó la atención, “yo conocí la tristeza en los ojos de ese niño”, dice. Ella le siguió la mirada y se dio cuenta que el menor estaba cuidando un carrito de mercado, las cebollas estaban muy bien organizadas. Mientras tanto su papá estaba consumiendo.

Aparte de los olores y el oscuro panorama, otra de las escenas escalofriantes que marcó al Ángel fue la de una madre. Una compañera la iba a visitar ya que hace pocos días había dado a luz. Entraron al lugar, “el piso era peor que el de un taller de mecánica”, describe. Había una capa de grasa por el humo del bazuco. Lo primero que vio la impresionó.

Foto: Jose Vargas/ KienyKe.com

El cuarto estaba lleno de camas y en una de esas había una niña de tres años en camiseta y ropa interior, estaba dormida sin cobijas, en la cama de al lado había un habitante de calle y mucha gente en tránsito. Shadybeth se alarmó y fue a hablar con la madre.

Efectivamente la mujer estaba con su bebé, bajo de peso, el pañal le quedaba grande y solo lo tenía con camiseta. Pero lo que le llamó la atención era que en vez de darle pecho, lo alimentaba con tetero. Sobra decir que no en sus mejores condiciones Shadybeth no fue capaz de describir qué era lo que le estaba dando, “parecía colada”, dice.

De repente el tetero se cayó al piso y ella ayudó a levantarlo, sin remedio se lo introdujo nuevamente a la boca a lo que le preguntó: “¿pero por qué no lo lactas?” a lo que la madre respondió: “Es que tengo VIH”. Con estas escenas Shadybeth solo se preguntaba una cosa: ¿a dónde iremos a parar?

Un nuevo comienzo

Estas son tan solo algunas del centenar de historias que dejó el lugar más tenebroso de la capital del país. “Era una tierra sin Dios ni ley”, menciona Shadybeth, ni la policía podía entrar.

Pero esto llegó a su fin, en la madrugada del 28 de mayo 2.500 hombres del CTI, la fuerza pública, Fiscalía, Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y secretarías de Salud e Integración Social intervinieron el lugar.

La secretaria de la Secretaría Social de Bogotá, Cristina Vélez explicó a KienyKe.com que la intervención del Bronx, además de ser un ícono para la Alcaldía de Bogotá dio paso a que nacieran varios proyectos, como lo es el ‘Bronx Distrito Creativo’, y otros como el proyecto de habitabilidad en calle, “fue un momento decisivo”, asegura por varias razones.

Una de ellas fue la forma como se estaban atendiendo a los habitantes de calle y de allí fue que nacieron los ‘Ángeles Azules’. Desde el momento que se realizó la intervención, la habitabilidad en calle se convirtió en un fenómeno visible, “son de esas cosas que uno aprende a bloquear de su mirada, uno pasa y uno ve lo que quiere ver, dentro de la categoría de lo que no queremos ver es la habitabilidad de calle”.

Después de la intervención del Bronx, la Secretaría atendió a 2.200 habitantes de calle que aseguraron provenir de este lugar, de esos 2.053 ingresaron a proceso. Sin contar a los menores de edad, esos 2.053 son solo personas mayores de edad.

Por otro lado, la secretaría atendió en 2016 a 10.723 personas, durante 2017 a 11.487 y de enero a abril de 2018 a 7.254. Tras dos años de la intervención la alcaldía informó que de todas estas personas solo 2.053 que iniciaron el proceso de recuperación, 444 superaron la habitabilidad en calle. Pero esta cifra en vez de ser desmotivadora son lo contrario, ya que corresponde a un 22% de éxito y el promedio mundial es de 3%.

Pero dejando a un lado las cifras, Vélez explica que hay todo un proceso tras abandonar la habitabilidad de calle, el primero es decidir buscar ayuda, luego adherirse y continuar con el programa que tiene varios pasos. Uno de ellos es la desintoxicación, buscar empleo y llevar a cabo un trabajo de resocialización, esto implica empezar a seguir reglas tan simples como lavarse los dientes, saludar, etc.

Más allá del Bronx

Un par de meses después de la intervención, la alcaldía no se quedó quieta y realizó cuatro grandes intervenciones a “bronxitos”, como lo menciona la secretaria que habían nacido en los siguientes barrios:

  1. Cinco Huecos
  2. San Bernardo
  3. La estanzuela
  4. Canal de los comuneros

Este último ha sido uno de los focos de atención de la Secretaría porque allí hubo una nueva concentración de habitabilidad de calle, que debido a la atención de la entidades no se ha convertido en una república independiente.

“Todos los días hacemos casi que la misma rutina, entra Aguas de Bogotá ha limpiar el canal, entramos ha realizar trabajo social, luego la policía a hacer requisas… somos muy insistentes”.

Pero uno de los principales obstáculos con los que se encuentra la Secretaría es que no puede obligar a ninguna persona para que reciba ayuda, “porque no se considera un delito y tiene una protección constitucional especial ese es un obstáculo para garantizar la vida del habitante de calle.

A pesar de esto, los proyectos no paran y la intervención dejó lecciones aprendidas, además de los 700 servidores públicos que son ángeles azules nacieron cinco centros con nuevos servicios para habitantes de calle:

  1. Hogar de paso para mujeres diversas
  2. Comunidad de vida para personas mayores en condición de habitabilidad de calle
  3. Hogar de paso para carreteros con sus mascotas
  4. Comunidad de vida
  5. Casa de Egreso

Mientras tanto, personas como Shadybeth están dispuestas a seguir invitando a habitantes de calle que se adhieran y vuelvan a tener una vida digna. Ella menciona que en su trabajo no existen los malos olores, ni la suciedad, lo único que importa es que con su trabajo realmente impactan una vida. De acuerdo al VII censo realizado para habitantes de calle, se estableció que hay 9.538. 8477 y 1.061 mujeres.

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