Ser afrocolombiano y Caribe en Bogotá: la apuesta de Tribu Baharu

Publicado por: Erika Mesa Díaz el Vie, 21/05/2021 - 09:26
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Los integrantes de Tribu Baharu son de distintas partes del Caribe colombiano, pero se encontraron en Bogotá. Su concepto de champeta bogotana busca rescatar los sonidos del Caribe, desde las vibraciones del picó hasta la lengua palenquera.
Créditos:
Instagram / tribubaharuband

Desde la divulgación de la Ley 21 de 1851, divulgada el 21 de mayo de ese año, las negritudes que nacen y habitan en Colombia dejaron de ser ciudadanos de segunda clase, mercancía de las labores de cuidado y súbditos del hombre blanco. Por la Ley 725 de 2001, el 21 de mayo se conmemora el Día de la Afrocolombianidad para recordar este hito en los derechos fundamentales de esta población.

Los descendientes de África vivieron 400 años de esclavitud e injusticias. Luego de su liberación, la cultura africana fue despreciada y silenciada por un sistema hegemónico y por una sociedad que renegaba de su origen mestizo. Ha sido largo el camino para apreciar la herencia africana y a sus representantes en Colombia, y todavía no ha terminado.

"El afro es música y arte, el afro nos da tanto reconocimiento a nivel mundial que deberíamos acogerlo un poco más, aceptarlo más". Esas son las palabras de Pacho, uno de los integrantes de la agrupación Tribu Baharu. El grupo está compuesto por cuatro personas nacidas en cuatro puntos diferentes del Caribe colombiano y son exponentes de los ritmos de esa costa.

Chindo es de Bocachica, el área insular de Cartagena de Indias. Makambille (vocalista líder) nació en el palenque de San Basilio, el primer pueblo libre de la América colonial; hacia allá escapaban los esclavos desde Cartagena para vivir fuera del yugo de los españoles, quienes solo veían en ellos mano de obra y servidumbre. Boricua (producción, guitarras) nació en Turbaco, un municipio de Bolívar donde los nativos dieron una lección de resistencia a los colonos que pretendían ocupar su terreno. Pocho, el baterista, es de Barranquilla, uno de los centros culturales más importantes del país y origen del picó.

Igual, para los cuatro era familiar el fenómeno del picó: la costumbre de construir complejos altavoces del tamaño de un baño público, pintados con colores cálidos y figuras que hacían homenaje a su enormidad, en los cuales se tocan ritmos bailables y cuyas ondas retumban en las paredes y oídos de dueños y vecinos, locales y foráneos. 

Luego de años de formar verbenas espontáneas al ritmo de la salsa y el reggae, en estas enormes bocinas comenzó a sonar la champeta, un ritmo pegajoso nacido en Cartagena que revolvía lo mejor del Caribe e invitaba a bailar pegado. El ritmo escandalizó a una sociedad conservadora que hasta pretendió prohibir el baile, al calificarlo como sugestivo, pero dos décadas han pasado y una idea así sería risible ahora. 

Su primer boom surgió con la llegada del tercer milenio y la gran acogida que tenían otros ritmos caribeños, como el soca, y volvió para quedarse en la década de 2010. "La champeta tiene esa misión de de tocar el alma para hacer a la gente sonreír y vibrar de emoción", dice el baterista de Tribu Baharu.

Aunque todo ese fenómeno cultural se dio bajo el sol picante del Caribe, los integrantes de Tribu Baharu se encontraron en Bogotá, la fría capital de Colombia. La banda nació en la cordillera de los Andes en 2009, y desde entonces disfrutan de poner a bailar a todos con su champeta bogotana con éxitos como El besito.

Según Pocho, el público bogotano aprecia mucho lo que hace Tribu Baharú: "nos hacen sentir de la casa. El rolo, la persona de Bogotá, en cierto modo es muy poco porque [la ciudad] es una mezcla de muchas culturas, pero el 'rolo' tiene tiene esa cosa bonita de ser un fan fiel. Cuando la música le llega, la magnifican y acogen de una manera excepcional".

Según el censo del DANE en 2018, de las tres millones de personas que se reconocieron como población negra, afrocolombiana, raizal o palenquera, 66.934 (el 2,3%) vive en Bogotá; además, en la ciudad vive la segunda diáspora más grande de palenqueros y la más grande de raizales. La presencia afro, la de las comunidades indígenas, los rrom y las de los mestizos de otras regiones que migraron a la ciudad para huir del hambre y el conflicto, configuran el crisol cultural que hoy en día es Bogotá.

"Bogotá siempre nos ha abierto las puertas de una bonita manera. Todavía existen ciertas partes donde por ser negro se boicotea un poco la persona o el acceso a ciertas cosas, y pienso que eso todavía genera un impacto en la comunidad. Sin embargo, pienso que Bogotá es de las ciudades más abierta para este tema y acoge al afro de una manera excepcional, de darle un lugar a la persona negra. La ciudad también se encarga de educar y acoger al afrocolombiano", dice Pocho sobre la ciudad que vio nacer su proyecto y que, además, este año conmemorará el Día de la Afrocolombianidad con un concierto en la Media Torta donde Tribu Baharu también participará.

Eso sí, él considera que aún falta mucho por hacer para garantizar espacios totalmente seguros y acogedores con las negritudes que quieren o necesitan instalarse aquí:

"Yo siento que debe haber más aceptación del afro. Colombia es un país afro, en ese mestizaje está muy marcada la parte afro y siento que no le hemos dado ese valor a esta comunidad tan grande. Entonces, siento que debemos tener más aceptación de lo que realmente somos: somos indígenas, somos afro, somos mulatos. Tenemos un mestizaje bien bonito, eso nos hace mestizos; pero esa aceptación del afro y el indígena debería ser mucho más marcada desde la política desde la misma Constitución, salvaguardar siempre eso bonito que tenemos".

Parte de la aceptación que necesita la comunidad afrocolombiana también viene de reconocer que entre ellos también existen diferencias culturales. Por ejemplo, desarmar ese imaginario según el cual lo afrocolombiano es sinónimo directo de pertenecer al Pacífico colombiano y reconciliar las diferencias entre las regiones donde habitan afrocolombianos.

Si bien es cierto que la región Pacífica es la única que tiene mayoría absoluta de población afrocolombiana, el entorno y las costumbres del afrocolombiano del Pacífico no son exactamente iguales a las que vive un raizal, un palenquero o un afrocolombiano oriundo de la costa Caribe colombiana.

Por ejemplo, mientras el afrocolombiano del Pacífico creció entre bosques lluviosos, árboles sanadores, alabaos y marimbas, el raizal hace música en creole con guitarras y quijada. El palenquero, por su parte, baila con toda su energía al son de las tamboras. Los afrocolombianos de Barranquilla y Cartagena, al estar en contacto con puertos internacionales, han incorporado sonidos de África y la Colombia colonial con tecnologías y sonidos latinos urbanos.

Según Pocho, incluso el carácter cambia entre los afrocolombianos del Pacífico y los de la costa Caribe. Según él, el afrocolombiano del Pacífico tiene un temple más serio que el nacido en el Caribe, quien disfruta del bullerengue y es más arrebatao. Entre los afrocolombianos de estas regiones han surgido rencillas por esas diferencias —algo que Pocho denominó racismo de negro durante esta conversación con Kienyke, mientras que los mestizos tienden a desconocerlas por completo y a meter a toda la afrocolombianidad en el mismo saco.

Por eso, y aunque el grupo lleva más de una década activo y lanzando éxitos, Pocho y su Tribu Baharu están orgullosos de ser el primer grupo que representará los sonidos caribeños durante la conmemoración del Día de la Afrocolombianidad.

"Por algo se empieza. Yo estoy emocionado y pienso que esto debió pasar hace rato, porque creo que la música que se comparten en el Caribe y el Pacífico son tan familiares que es muy bueno que esto se diera de esta manera", aseguró Pocho.

Finalmente, Tribu Baharu está emocionada de tocar en un concierto con un aforo tan grande después de meses de conciertos virtuales y eventos pequeños. 

"Para nosotros es la oportunidad de, por fin, nuevamente mostrar nuestra música a la gente. Entonces, es grande la ilusión, las ganas y la sorpresa también, porque no todo el mundo tiene la posibilidad de tocar frente a 500 personas en este momento. Como hacemos la música de manera orgánica, la instrumentalización en vivo para hacerle esa conmemoración al picó, lo que va haber es mucho baile. Mucha gente se va a conectar con esos acordes de guitarra y esas baterías electrizantes. Habrá mucha alegría con la música picotera del Caribe", concluyó el baterista de Tribu Baharu.

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