La estúpida explicación del joven que le disparó al Esmad

Mar, 03/05/2016 - 16:47
¿Se acuerdan del Chavo del Ocho y su poema en la fiesta de la Buena Vecindad? "Vuelve el perro arrepentido, con sus miradas tan tiernas, con el hocico partido, con el rabo entre la
¿Se acuerdan del Chavo del Ocho y su poema en la fiesta de la Buena Vecindad? "Vuelve el perro arrepentido, con sus miradas tan tiernas, con el hocico partido, con el rabo entre las piernas". Lea también: Se entregó el hombre que disparó contra la policía Así apareció Fabián Enrique Vargas, el joven de 25 años de edad que el pasado primero de mayo disparó contra un grupo del Esmad durante la manifestación del día del trabajo. Este martes mostró su hocico partido de la vergüenza y el rabo entre las piernas. Al momento de explicar lo sucedido no mostró tanta habilidad como cuando sacó el arma con la que disparó en el centro de Bogotá. Sus explicaciones demostraron que es hábil para cometer actos vandálicos, pero torpe para hablar. "No fue tan grave como se vio", dijo mientras hacía pucheros, los mismos que hace un perro cuando su amo lo regaña por romper el periódico. El dueño del animal jura que el can no lo volverá a hacer, pero no es así, a la mañana siguiente pasa lo mismo. ¿Pasará lo mismo con Fabián? Por lo menos sabe que lo que hizo es estúpido, y lo reconoció en la breve conferencia de prensa. "Me enceguecí, fue una estupidez (...) mi vida estuvo en riesgo, ellos (el Esmad) hubieran podido responder". Pero resulta más estúpida la explicación, o mejor, el intento de explicación. ¿Qué hacía con una arma de esas durante la protesta? No lo supo explicar. "Yo no me encontraba dentro de la marcha, empecé a marchar por cuestión de que me metí ahí. Pero yo me encontraba en el centro de Bogotá y la usé por impulso, por el momento de la gresca", dijo; y lo único claro que quedó es que estaba en el centro de la ciudad. Cosa evidente. Y lo que dijo es cierto y jamás será tarde para reconocérselo.  "Entiendo que el acto que hice fue irregular, un acto que no lo debía hacer. Lo hice de una manera impulsiva, de euforia ¿sí?", pues no. La euforia no justifica nada. Solo queda con más vigencia un viejo adagio: "El comportamiento tomultario es peligroso para las democracias". Eso es real, el arma usada por Fabián, según dijo, no lo es. "El arma es de venta libre, no tira ningún proyectil. Solo hace detonación". ¿Le creemos?
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