Los estudiantes que se encadenaron para conocer la verdad

Los estudiantes que se encadenaron para conocer la verdad

7 de Marzo del 2013

Aunque no celebran, sienten que les dieron la razón. Los líderes estudiantiles, que por semanas protestaron exigiendo la verdad de lo que sucedía en Venezuela con la salud de su Presidente, no ocultan su indignación porque nunca se supo a ciencia cierta lo que pasaba con Hugo Chávez, y por los detalles que se ocultarán sobre su muerte.

El colmo, la copa que rebasó su vaso fue la ausencia del Presidente electo el pasado 10 de enero, cuando debía posesionarse para un nuevo sexenio. Alejandro Zerpa, con 32 años de edad y estudiante de cuarto año de derecho en la Universidad Central de Venezuela, advirtió que ese día no se impuso a nadie la banda presidencial ni hubo juramento a la Constitución. En cambio, el Tribunal Supremo de Justicia avalaba la ausencia del mandatario y autorizaba a una investidura posterior a la fecha pactada.

La rabia lo embargó a él y a otros cuatro estudiantes universitarios, amigos suyos  y contradictores desde años atrás a la posibilidad de que Chávez conservara en sus manos las riendas del país. Por protesta decidieron encadenarse frente al edificio de la OEA en Caracas. Duraron 29 días en su manifestación.

El desencanto de la revolución

Alejandro Zerpa nació en 1980 y se crió en La Vega, Caracas, una popular parroquia capitalina que en el pasado fue asentamiento de esclavos y hoy acoge a cientos de miles de personas de estratos bajos, que en su gran mayoría tienen sus casas en los cerros, sin acceso a redes de comunicación y escasez de capacidad monetaria para decidirse por un menú de carne al almuerzo o la cena. Valga decir que La Vega, como muchos de los distritos del centro caraqueño, es bastión chavista.

De entrada le ofende que el oficialismo lo etiquete como “pequeño burgués” en un intento, bastante exitoso, por deslegitimar su protesta y en general, las ideas que viene reivindicando desde cuando se desilusionó del proyecto socialista, que ahora solo ve como autoritarismo.

“Vengo de la generación que sufrió el Caracazo, que vio dos golpes de estado, y que resultó marcada por ver a tantos amigos y conocidos muertos en las calles, -manifiesta Alejandro- y desde pequeño me hice una promesa: que eso no debía volver a pasar nunca más en el país, porque Venezuela no lo merecía”.

Alejandro aprendió cómo son las convulsiones políticas, cuando éstas pasaban frente a su casa. Recuerda dos estados de excepción, en 1989 y 1992. Dice que como nunca antes sintió miedo. “Veía a la gente golpeada correr en las calles y me di cuenta de una increíble escasez de alimentos. Para salir era necesario un permiso especial y llegar tempranito a la casa. Mis papás debían correr para que no los cogieran los militares, y andaban en las calles como escondidos”.

Estudió en un liceo público y se graduó de bachiller en 1995, a los 14 años. Tres años después ingresó a la Academia Militar. Meses antes ya era activista político y veía con desconfianza la candidatura del teniente coronel Hugo Chávez Frías para las presidenciales de 1998. “Sabíamos que no era buen candidato y decidimos no apoyarlo”, dice.

Desde muy joven, confiesa Zerpa, con varios de sus amigos se interesaron por las ideas políticas. Leían preceptos de izquierdas y derechas. Conocían las bondades y maldades que dejaron a sus pueblos varios líderes globales que empuñaron el poder.  “Nos comenzamos a cultivar la mente con una cultura de lectura muy importante. Eso me cambió la vida”.

Kienyke Estudiantes encadenados

 “No podíamos creer que la revolución -que muchos esperábamos- hubiera sido de cinta, falsa. Además llegó acompañada de sangre”: Alejandro Zerpa.

La asunción de Chávez, además de profundos cambios sociales y estructurales, también trajo una irremediable polarización que con el tiempo se hizo más evidente. Alejandro Zerpa recuerda con precisión la fecha en la que se indignó por su gobierno. “El 12 de febrero de 2000 nos movilizamos desde la Universidad contra los mandatarios. No podíamos creer que la revolución -que muchos esperábamos- hubiera sido de cinta, falsa. Además llegó acompañada de sangre”.

Para esa época, Alejandro estudiaba veterinaria en la sede del estado Aragua de la Universidad Central de Venezuela (UCV). Más tarde cambió de carrera y se decidió por Derecho. Mientras estudiaba, también participaba en el movimiento estudiantil.

De esto recuerda cómo la llegada del chavismo no sólo cambió al país, sino a su Universidad. Según él, la UCV ha sido por muchos años un templo de la izquierda, pero del ala comunista más radical que moderada, aquella facción que no le sonrió al Comandante. “Llegó el momento en que reprimían todas nuestras manifestaciones. Cambió mucho la Universidad; antes era llena de color y después nos sentíamos oprimidos”.

El movimiento estudiantil adquirió notabilidad internacional justamente cuando otros jóvenes se levantaban con fuerza en Chile, Perú y Argentina. El mundo conoció de Venezuela una singular protesta en 2011. Universitarios opositores cumplieron 23 días de huelga de hambre frente a  la sede de la OEA en Caracas exigiendo la liberación de presos políticos. La protesta fue bien vista en el mundo, pero ignorada y condenada por los gobernantes en Miraflores.

Generación del Siglo XXI

A Alejandro y a otros de sus compañeros de lucha estudiantil les parecía impropio que Hugo Chávez, en medio de un tratamiento contra el cáncer, se empeñara en participar en una campaña presidencial en 2012. Critican por ello al Consejo Nacional Electoral, que avaló dicha aspiración. Incluso rechazaron que justo después de la victoria el 7 de octubre, el mandatario se ausentara varias semanas para luego reaparecer (por última vez) en alocución pública el 8 de diciembre y pedir permiso de viaje a un tratamiento en Cuba.  Pero según ellos, el colmo, la copa que rebasó su vaso fue la ausencia del Presidente electo el pasado 10 de enero, día en que debía posesionarse.

El 14 de enero, con el apoyo de otros estudiantes, salió el movimiento Generación del Siglo XXI, e inició una protesta frente a la OEA. Decidieron no hacer huelga de hambre, o una marcha: de manera simbólica se encadenaron, buscando significar la lucha y la resistencia, y se propusieron demostrar quién aguantaba más: si el Gobierno que -insisten ellos- no decía la verdad, o los estudiantes que así lo exigían. Además rechazaban que la constitución no fuera respetada y que hasta se haya planteado que al Presidente se le pudiera juramentar a puerta cerrada en un hospital.

Kienyke Estudiantes encadenados

De izquierda a derecha: Rhina A. Martinez, Luis Herrera, Alejandro Zerpa, Ina Morgado y Tugomir Yepez. Encadenados frente a la OEA. 

Poco a poco se sumaron más agrupaciones universitarias. Resultaron 54 personas encadenadas frente a diferentes edificaciones del poder público. A inicios de marzo en todos los noticieros del país se hablaba del movimiento juvenil y sus marchas por todo el país. Aumentaban la presión y consideraban que iban acorralando al contrincante. Por supuesto, universitarios afines a Hugo Chávez organizaban sus contramarchas.

Tugimir Yepes, de 24 años y estudiante de Ciencias Políticas de la Central de Venezuela, participó desde el 14 de enero en la protesta que por poco cumple dos meses. Recuerda que en una demostración frente al Consejo Electoral fue golpeado por la policía. “Me entristece que ni siquiera se pueda protestar. Y esto se debe al estado de intolerancia, producto del discurso de odio”, asegura este joven de Aragua que ha dedicado seis años al activismo político.

“Duramos 29 días en huelga encadenados hasta que hicimos que el gobierno respondiera a las peticiones. Estamos ahora explicando a los venezolanos que se está violando la Carta Magna”, afirma Yepes y agrega: “Queríamos  que este gobierno venezolano le dijera la verdad al pueblo;  que no le vea la cara de bobo a los venezolanos”.

Alejandro, acompañado de Tugomir, cita una frase militar que dice aplicar en sus protestas: “Cuando la patria llama, hasta el llanto de la madre calla”. La recuerda porque confiesa que sus familias se preocupan  por su seguridad en medio de las protestas. Además denuncia que son permanentemente amenazados.

Al conocerse la muerte de Hugo Chávez, los estudiantes mostraron respeto por el fallecimiento y el luto en el país, pero subrayaron que provoca indignación el “engaño” sobre la salud del presidente, que según ellos se habría vuelto insostenible.

Pero la operación “Diga la verdad” no ha llegado a su fin. En una nueva campaña, que desde ya están adelantando, los estudiantes piden la dimisión del ministro de Defensa de Venezuela, Diego Molero. Lo acusan de violar el artículo 328 de la Constitución, por parcializarse como funcionario y jefe de las fuerzas armadas a favor de la posible candidatura de Nicolás Maduro.

“Tenemos luto, pero de Constitución”, anota otro líder estudiantil: Luis Herrera de la Universidad de Carabobo. “Estas personas no se cansan de violarla”, agrega.

El movimiento estudiantil en Venezuela y sus líderes dicen que no tienen financiamiento de grupos políticos, y que incluso estos no los han respaldado en sus manifestaciones. En Venezuela cobran protagonismo como grupo de presión, a veces más firme que la misma oposición que se reúne en la Mesa de Unidad Democrática.