Javier González, catre 206; Andrea Guerrero, catre 402; Josimar Abello catre 105; Julián González, catre 305; Pedro Álvarez, catre 510, estos datos y cientos más están guardados en la memoria de Miguel Ángel Calderón Páez, fundador del Madrugón, quien distribuye mercancías de los distribuidores casi de memoria por todo el centro comercial Gran San.
Este hombre recio y canoso que se pone en contacto con el mundo real solamente para lo necesario, grita las órdenes a los asistentes de almacén en la amplia bodega del Centro Comercial San Victorino, en Bogotá, desde las 10 de la noche y lo hace hasta las 4 de la mañana.
“Lleve eso rápido, don Carlos lo está esperando; ¡Pollo! ¿Cuánto lo tengo que esperar?”, grita desde la esquina del almacén iluminado por una luz de neón blanca. “Somos los fundadores del Madrugón y nuestra idea, hace 28 años, era acercar a los mayoristas con los puntos de fábrica; aquí todas las noches vienen personas de Madrid, Funza, Mosquera, Zipaquirá, Soacha, La Costa, Medellín, Cali, Bucaramanga y Los Llanos; llegan a la media noche, compran y se van hacia sus regiones para surtir sus negocios”, afirma.
La idea de poner en venta mercancía en medio de la noche no solo optimizó los horarios de los vendedores regionales, sino que convirtió a San Victorino, ubicado en la calle 10 entre carreras 10 y 14, en pleno centro de la capital, en un punto de desarrollo comercial, un sector que en su momento estaba tomado por la delincuencia y la criminalidad.
Esta zona colindaba con uno de los mayores dramas humanos de la Bogotá de finales del Siglo XX, la llamada calle del Cartucho; un espacio de la ciudad con cerca de 10 mil habitantes que terminaron en dinámicas de indigencia y drogadicción. San Victorino era, en esa época, un lugar donde confluían los mayores productores de ropa del país, rodeados por un foco de inseguridad que hacía del sector uno de los más inseguros de la capital.
Con esa fama a cuestas y luego de la intervención en 1998 que despejó a los miles de habitantes de calle, que ocupaban lo que hoy es el parque Tercer Milenio, el Sector de San Victorino sigue en la lucha por revivir de las cenizas como el Ave Fénix y convertirse en el Centro Comercial Mayorista más grande del país.
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Jose Vargas - Kienyke.com[/caption]
El Gran San se convirtió en el centro de la confección mayorista en Bogotá, un centro comercial que atrae a los compradores de prendas todo el país.
Como dice Miguel Ángel Calderón “este es un lugar donde la industria colombiana de buena calidad se distribuye”. Sin embargo, el sector de la confección no atraviesa por el mejor momento, las marcas chinas han invadido el mercado con calidad reducida y precios demasiado económicos. El fundador del Madrugón asegura que los comerciantes colombianos se están quebrando.
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“El flujo de gente ha bajado porque han aumentado las fábricas, pero lo que nos tiene peor son los chinos. Una prenda de calidad colombiana sale entre 30 y 25 mil pesos, mientras que ellos ofrecen una prenda de calidad inferior por 15 mil, ahí hay una competencia desleal y el Gobierno no ha tomado medidas para arreglar eso”, dice.
Miguel tiene a su cargo los 500 vendedores que se ubican en los catres entre los almacenes, una especie de pequeños puestos comerciales ubicados en los amplios pasillos del centro comercial San Victorino donde los minoristas se agolpan a negociar los precios. El reglamento de los catres no permite la venta de mercancía china, los fabricantes en su mayoría provienen de Bosa, Soacha, Perdomo, Tunjuelito, San Cristóbal y otros lugares del sur de Bogotá.
Los últimos días antes de fin de año los comerciantes de San Victorino le apostaron a atender 24 horas, y la meta será generar ingresos por más de un billón de pesos. Según cifras de la asociación están generando al menos 70 mil empleos.
Jose Vargas - Kienyke.com[/caption]
El Gran San se convirtió en el centro de la confección mayorista en Bogotá, un centro comercial que atrae a los compradores de prendas todo el país.
Como dice Miguel Ángel Calderón “este es un lugar donde la industria colombiana de buena calidad se distribuye”. Sin embargo, el sector de la confección no atraviesa por el mejor momento, las marcas chinas han invadido el mercado con calidad reducida y precios demasiado económicos. El fundador del Madrugón asegura que los comerciantes colombianos se están quebrando.
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Miguel tiene a su cargo los 500 vendedores que se ubican en los catres entre los almacenes, una especie de pequeños puestos comerciales ubicados en los amplios pasillos del centro comercial San Victorino donde los minoristas se agolpan a negociar los precios. El reglamento de los catres no permite la venta de mercancía china, los fabricantes en su mayoría provienen de Bosa, Soacha, Perdomo, Tunjuelito, San Cristóbal y otros lugares del sur de Bogotá.
Los últimos días antes de fin de año los comerciantes de San Victorino le apostaron a atender 24 horas, y la meta será generar ingresos por más de un billón de pesos. Según cifras de la asociación están generando al menos 70 mil empleos.
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Afuera del centro comercial, en la calle 10, los vendedores ambulantes son los protagonistas, pese a que la Policía hace operativos para mantener el control del espacio público, los días en que se realizan los madrugones (de 3 de la mañana hasta las 10 de la mañana) o los trasnochones (de 9 de la noche a 9 de la mañana) dichos operativos quedan reducidos a presencia de los uniformados, que trabajan por parejas, en las calles para evitar los robos. La Policía, que solo en fuerza disponible hace presencia con 180 uniformados, es la encargada de poner vallas en las inmediaciones de San Victorino para que todo esté controlado. [single-related post_id="1002825"] Desde la carrera 11 y hasta la avenida Caracas los pasajes comerciales se llenan de personas que caminan con un ritmo frenético cargando lonas llenas de medias, ropa interior, jeans, driles, chaquetas, maniquíes y todo lo que se necesita para vender. San Victorino se convierte en un solo organismo que grita sus precios casi al unísono mientras el aire caliente producto de la respiración y la comida que circula en la calle se eleva ante el inclemente frío bogotano de las dos de la mañana. Los materiales se agolpan en los miles de catres de los productores que forman todo un arcoíris lleno de marcas, eslóganes y moda “a los mejores precios” como reza un cartel acompañado de fotos de la capital mundial de la moda, París. El tinto es el protagonista en la noche de san Victorino, los vendedores con termos multicolor se pasean entre la multitud repartiendo el combustible de la noche, uno de los vendedores, que prefirió no decir su nombre, aseguró que el flujo de público ha mermado a medida que han avanzado los años “gente llama a gente y cuando la policía no deja que los vendedores se hagan en la calle lo que hacen es perjudicarnos, estamos en época de prima de sueldo y esto está solo”.***
A medida que despunta el día los compradores van buscando dónde sentarse mientras esperan el transporte que los llevará a sus lugares de destino, en las escaleras reposan con caras cansadas y ojeras marcadas junto a sus bultos llenos de telas. Las voces siguen en el ambiente: ¿en qué le puedo servir? ¡Le cargo, le ayudo!, siga y mire, sin compromiso, talla 16, regáleme dos. María Rodríguez espera el transporte que la lleve a Bosa antes de abrir su negocio a las 7 de la mañana “es una lástima que ahora en San Victorino estén haciendo estos trasnochones, eso nos está afectando mucho en los barrios porque la gente viene a comprar aquí directamente luego de su trabajo, ya nos hemos dado cuenta en estos días que eso nos ha bajado las ventas”. Luz Marina Rojas de Fusagasugá es un poco más optimista pues confía en la calidad de las telas que se vende en el Gran San. Sin embargo advierte que “si aquí siguen vendiendo al por mayor no pasa nada, pero si comienzan a vender por unidad nos comienzan a afectar”. Al final de la noche, cuando el alba se asoma con su brillo lechoso sobre Guadalupe, las voces del regateo continúan en los pasillos en un organismo que parece nunca dormir: los Jeans levanta cola a 35; las camisas a 25; Yo de aquí no me dejo sacar ¿no ve que el catre me cuesta 500 mil mensuales?
