¿Son los premios Oscar un espejismo?

22 de febrero del 2013

Henry Laguado cuenta cómo los galardones que otorga la academia se han convertido en la única guía para millones de personas que creen que los Oscar premian el mejor cine del mundo

Lincoln

Por Oscar Laguado

Los 200 invitados al Hotel Roosevelt en Hollywood, a la primera entrega de los Oscares por la Academia de Artes y Ciencias de Estados Unidos, nunca se imaginaron que una muy buena parte del mundo iba a estar pendiente de los nominados y de la noche gloriosa de los ganadores, en directo, a través de sus televisores.

“Alas”, de William Wellman, la película muda que obtuvo el primer “Oscar”, diseñado por el director de arte de la MGM, Cedric Gibson, abrió el camino para premiar una pléyade de buenas películas y excelentes actores que representan lo mejor de la cinematografía norteamericana.

La maquinaria publicitaria de los grandes estudios, la construcción de mitos, el cine como empresa productiva y de mercadeo, el manejo de la farándula y las necesidades del mundo de saber lo que hacen las grandes estrellas, actuaron en conjunto como una gran aplanadora. El cine norteamericano fue ocupando las pantallas teatro por teatro, ciudad por ciudad, habitante por  habitante y, en mucho, el Oscar ha contribuido a ello

Alas, William Wellman

“Alas”, de  William Wellman.

En Latinoamérica, por años, el cine hablaba mexicano. Terminada la generación de las grandes estrellas como Maria Feliz, Jorge Negrete y Pedro Infante, sin ninguna posibilidad de reemplazo estelar, el cine en español dejó su paso al “Sueño Americano”.

El Oscar ha creado, en las pantallas del mundo,  la imagen de premiar lo mejor: las películas norteamericanas. El resto del cine del planeta apenas existe.  Puede verse en las nominaciones a la Mejor Película Extranjera. Estas, en su gran mayoría, reflejan la idiosincrasia de los pueblos, casi a la manera de un documental y son tan pocas que en nada afectan a los millones de espectadores que viven  su  “way of life” cinematográfico.

Naturalmente hay muy buenas películas, excelentes actores, especialmente en el cine independiente, nuevos caminos para contar una historia y sorprender al espectador que es, en parte, la labor del cine.  Pero el mensaje subliminal es que el buen cine es el que recibe la estatuilla dorada.

Este domingo estaremos pendientes de los resultados. Nos conformaremos con que la espléndida “Amour” tenga algunos galardones, pero será “Lincoln” de Steven Spielberg, una película construida para tocar directamente el corazón norteamericano, la película que arrasará.

Así como en 1929, Emil Jannings obtuvo el Oscar como mejor actor en dos películas diferentes dirigidas por Josef von Sternberg y Victor Fleming, Daniel Day-Lewis, por “Lincoln”, de Steven Spielberg, alzará la estatuilla ante el beneplácito de miles de norteamericanos que sentirán engrandecido su amor patriótico.

En muchas partes del mundo, como en Colombia, el lunes la gente irá a cine y preferirá ver primero las películas ganadoras del Oscar, aceptando, sin darse cuenta, que ese es el mejor cine del mundo, olvidándose en muchos casos de las maravillas del propio.

Henry Laguado

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