Toda una familia afectada por un conductor borracho

Toda una familia afectada por un conductor borracho

25 de julio del 2013

Después del accidente Jennifer y Arnoldo no se vieron durante cuatro meses. Cada uno estaba hospitalizado en diferentes lugares de Bogotá. Tampoco podían hablar por teléfono, pues estaban entubados. Con el tiempo lograron conversar por celular. Cuando aquel conductor ebrio los atropelló, le destruyó la pierna derecha a Jennifer y tuvieron que amputársela. No sabía cómo decírselo a Arnoldo, quien tuvo que ser reanimado en tres ocasiones antes de llegar al Hospital San Rafael. Ella prefería preguntarle cuánto la quería. Brandon, uno de sus tres hijos, tuvo lesiones en sus piernas y pies.

Casi un año después del accidente, la familia Carrillo Salas contó a KienyKe cómo un conductor borracho les cambió la vida. Han sido meses de muchas cirugías y terapias físicas. Arnoldo va al médico los lunes, miércoles y viernes y Jennifer los lunes y jueves. Sin contar los días en que van a pedir autorizaciones para ver un especialista o para un procedimiento. Solo pueden transportarse en taxi y cumplir una cita médica en Soacha puede costarles hasta 150 mil pesos.

Ninguno de los dos puede trabajar. Viven de la caridad y solidaridad de las personas. Pasan la mayor parte del día en la cama, sus hijos le tienen miedo a los carros y tienen que pedir ayuda para salir a la tienda. Jennifer tuvo que aprender a enfrentarse al espejo y llora casi todas las noches.

Víctimas borrachos, Colombia, Kienyke

Cifras de la Secretaría de Movilidad Distrital indican que 26 personas han muerto entre enero y junio de este año en accidentes de tránsito relacionados con el consumo del alcohol. Además 266 personas y mil familias han resultado afectadas. En cuanto a multas, 6.510 se impusieron en el primer semestre, un aumento notable comparado con las 3.388 del año pasado. A nivel nacional, los accidentes de tránsito relacionados con el consumo de alcohol matan ocho personas a la semana.

El 11 de agosto de 2012, una camioneta Mazda B 2000, de color negro y platón, giró sin control por una esquina del barrio El Portal, en el sur de Bogotá. Eran cerca de las 8.45 de la noche. Jennifer, de 27 años, y Arnoldo, de 35 años, cuidaban a sus hijos y sobrinos afuera de la casa donde se celebraba el cumpleaños de la mamá de ella. Vieron como el carro descontrolado atropelló a un niño que estaba montado en una bicicleta. Hubo poco tiempo para reaccionar.

Jennifer empujó a Dilan, su hijo menor, hacia la casa. Jennifer y Arnoldo quedaron aprisionados contra la fachada de la casa. Ambos recuerdan cada detalle: las ambulancias se demoraron en llegar, la policía y los bomberos fueron los primeros, no podían moverse y había mucha gente observándolos.

En el carro, conducido por un hombre identificado como José Antonio Pinzón, estaban los dos dueños del vehículo y una señora. Todos en un alto estado de embriaguez. Seis personas fueron víctimas del accidente. El hombre, quien aceptó los cargos, está detenido en la cárcel distrital donde paga 6 años y 8 meses, únicamente por el caso de Jennifer.

Víctimas borrachos, Colombia, Kienyke

El papá de Jennifer, Richard Salas, dice que en este momento el hombre encarcelado no tiene medios económicos para enfrentar el caso porque los dueños del carro que atropelló a la familia vendió sus bienes y los traspasó a otras personas, estancando el proceso.

“Yo perdí mi pierna derecha. En la izquierda tengo un colgajo que sacaron del abdomen porque se veía todo el hueso. No puedo moverla. El pie me duele mucho porque perdí el talón de Aquiles”, comenta Jennifer. “Fue muy duro (…) Se siente raro cuando uno no tiene algo en el cuerpo. Yo le preguntaba a mi mamá con señales o le escribía en un papel, preguntándole por mis piernas. Sabía que habían quedado entre el carro y la pared”.

Aquella noche Arnoldo casi se desangra y sufrió múltiples fracturas en su pierna y mano izquierda. Brandon tuvo algunas fracturas en sus pies y ahora camina cojeando. Por fortuna, Santiago, de 11 años, no tuvo ninguna lesión. Estaba dentro de la casa. El menor sufrió un hematoma.

Pese a su discapacidad, Jennifer se levanta todos los días a las cinco de la mañana. Alista los niños para ir a al colegio y comienza a hacer todas las tareas de su pequeño apartamento. Limpia, lava y cocina. Lo hace despacio porque se cansa muy rápido. Cada rincón es impecable. Por este espacio la familia paga 300 mil pesos mensuales sin contar los servicios. Además a diario gastan solo en comida entre 35 y 40 mil pesos.

Víctimas borrachos, Colombia, Kienyke

La situación económica es crítica porque ninguno de los dos puede trabajar. “Recién el accidente la gente nos ayudó muchísimo. Pero llega cierto tiempo donde el Gobierno y la gente lo van echando al olvido”, comenta Arnoldo.

Antes del accidente Arnoldo era operario en empresa donde se fabrica soldadura y aunque Jennifer permanecía en casa, ganaba algo de dinero cuidando niños o llevándolos al colegio. Ahora logran tener dinero gracias a la colaboración de la gente que los rodea y personas que han decidió ayudarles con mercado.

“Yo he visto a mi hija arrastrarse por el piso y eso me da tristeza. Por eso quiero pedir que los ayuden a conseguir un techo donde puedan meter la cabeza. Es doloroso ver a su familia en estas condiciones”, dice Richard Salas, papá de Jennifer. Tener una casa propia es un anhelo de todos.

En cuanto al tema de salud Jennifer, quien está afiliada a Unicajas a través del Sisben, tiene una cita pendiente con ortopedia para que le revisen el muñón y el pie izquierdo donde solo tiene piel. Deberá someterse a otra cirugía plástica para acomodarlo. “Está demorado por falta de plata”, confiesa. También acude a terapias físicas para recuperar la movilidad de su pie y para que el muñón tenga forma de cono y poder usar una prótesis.

Víctimas borrachos, Colombia, Kienyke

Arnoldo, afiliado a la Eps Cruz Blanca, espera que le digan si las fracturas de su pierna izquierda finalmente se arreglaron o debe someterse a una implante de hueso o platino. También está pendiente la recuperación de su mano izquierda.

La primera vez que Arnoldo y Jennifer se vieron luego del accidente fue reconfortante. Él casi se cae de la camilla cuando la vio entrar a la habitación. Ella tenía miedo y un poco de vergüenza por su pierna. Lloraron y se abrazaron. A él le dieron más ganas de vivir, pues su familia estaba completa. Llevan once años juntos y está pendiente una promesa de matrimonio. “Primordial la estabilidad y recuperación”, dice él.  Por ahora solo se atreven a decir que después de aquel episodio su amor se hizo más fuerte.