“Yo maté al autor de El Principito”

“Yo maté al autor de El Principito”

8 de Noviembre del 2015

Antoine de Saint-Exupéry, autor de El Principito, el  éxito que alcanzó tras la publicación de su obra más representativa se le acabó muy rápido. Un año después de que su texto fuera publicado, murió.

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En 1944 una ráfaga de ametralladora derribó la aeronave que pilotaba durante un vuelo de reconocimiento en las inmediaciones de Toulon, en el sudeste de Francia.

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Era la recta final de la Segunda Guerra Mundial, ver un avión cayendo sobre el océano era normal, pero ese avión, un Lightning P-38, era un poco diferente, quien decidía su rumbo no era un hombre de guerra, era el autor del libro francés más leído en la historia, pero Horst Ripper, un expiloto alemán no lo sabía y simplemente disparó. Lo lamentó el resto de su vida.

En diálogo con el diario La Nación de Argentina, Ripper confesó en 2008, tras 64 años de silencio:”Derribé el avión de Antoine de Saint-Exupéry y nunca pude perdonármelo”.

Resulta que el piloto alemán era fanático de los textos de Exupéry,

“Para mí fue una auténtica catástrofe. En mi juventud había leído toda la obra publicada en Alemania hasta ese momento. Yo adoraba sus libros, sus aventuras en América del Sur y en otros sitios del planeta. Saint-Exupéry sabía como nadie describir el cielo, las sensaciones y los sentimientos de los pilotos. Su obra despertó gran cantidad de vocaciones en la Luftwaffe. Desde entonces esperé y sigo esperando que no haya sido él quien cayó en el mar ese día. Pero ¿qué podía hacer? Durante todos estos años me he repetido esa pregunta”.

Antoine de Saint-Exupéry

 Antoine de Saint-Exupéry

¿Qué hacía Antoine de Saint-Exupéry pilotando un avión en tiempos de guerra?

No solo era un gran escritor, era también un hombre apasionado por los aviones. Fue pionero de los vuelos postales internacionales en Europa, África y Sudamérica. Aprendió a volar cuando prestaba su servicio militar.

En 1926 publicó su primera novela breve, El Aviador, y consiguió un contrato como piloto de línea para una sociedad de aviación.

Durante muchos años se especuló sobre la manera como había muerto. Tuvieron que pasar muchos años para que la tecnología submarina lograra ver su avión en el fondo del mar. Solo fue hasta que Horst Ripper rompió su silencio que se pudo terminar con las especulaciones que se ciñeron en torno a la muerte de Exupéry.

Se dijo que el escritor se había suicidado, que había fingido su muerte, y que, agobiado por la fama, había decidido cambiar de identidad. Nada de eso fue cierto.

En 1998 un pescador encontró entre sus redes una pulsera de oro con el nombre: Antoine de Saint-Exupéry y unos años después, un submarino rescató del fondo del mar los restos del avión que pilotaba.

En su diálogo con el ‘La Nación’, el expiloto alemán confesó, entre otras cosas: “Me di cuenta de lo que había hecho cuando llegué a mi base. Allí se escuchaban todas las frecuencias de radio, incluida la francesa, que ese día señalaba que había sido derribado el Lightning de Saint- Exupéry”.

Antoine de Saint

Sin quererlo, este militar nazi había matado a su ídolo. “Si hubiera sabido que era él, no hubiese disparado. Eso es seguro. Desde entonces me digo que ese día abatí al más amigo de mis enemigos”.

Sin embargo, y cuando el imaginario colectivo trata de conservar aquella máxima que reza que no hay muerto malo, Ripper señala que Exupéry no era tan buen piloto como muchos dicen.

“El avión volaba en forma extraña. Era una forma de volar que yo calificaría de modesta, un estilo inseguro. Cuando uno participa en un duro combate aéreo, esa forma de volar no es normal. Deduje, entonces, que se trataba de una misión de observación. Entonces, descendí en picada y tiré”.

El Principito, fue traducida a 180 idiomas y es uno de los 50 libros más vendidos de la historia. Este año llegó al cine. Tuvo su premier mundial durante el Festival Cannes.

La película, dirigida por Mark Osborne es, según el crítico de cine, Claudio Cordero, “un esfuerzo por reimaginar el clásico infantil en tiempos duros para los soñadores, cuando un artista como Morrissey sentencia que no hay poesía en la vida moderna”.

Y agrega: “Los cineastas se han tomado muchas licencias con respecto a la obra original, pero al mismo tiempo han sido respetuosos con su romanticismo fuera de época; al hacerlo, han sido más fieles a la obra en espíritu que en literalidad”.