El fútbol colombiano intenta procesar la partida de Santiago Castrillón, el futbolista santandereano que perdió la vida el pasado domingo tras sufrir un colapso mientras jugaba un partido con Millonarios ante Santa Fe.
KienyKe habló con David Barato, quien lo dirigió en la Selección Bogotá. Dio un retrato de un joven que no solo era una promesa deportiva, sino un ser humano que "contagiaba de alegría el camerino".
Antes de tenerlo bajo su mando, en abril de 2025, Barato sufrió el talento de Santiago desde el banquillo contrario cuando dirigía a la categoría Sub-17 de Fortaleza.
"Lo enfrenté con Millonarios por lo menos tres años consecutivos. Sabía que era un gran jugador, talentoso. Siempre que hacíamos planes de partido pensábamos en cómo taparlo y cómo evitar ese desequilibrio que siempre tuvo", recuerda el técnico.
Una vez en la Selección Bogotá, Barato confirmó sus sospechas: Santiago tenía una "huella tremenda" en el campo. "Me sorprendió su habilidad técnica: una sensibilidad en el pase, un dribling y una conducción muy cercana al pie. Tenía eso que hacen los cracks: ser determinante en zona tres con su finta, su gol y su filtro", aseguró Barato.
De la timidez a la "picardía" en el vestuario
Fuera de las canchas, el entrenador descubrió a un joven en plena transición a la adultez. Aunque al principio lo notó introvertido, con el tiempo Santiago reveló su verdadera esencia.
"Me encontré con esa faceta que suelen tener los jóvenes. Me pareció introvertido al hablar, pero luego me di cuenta de que era un chico muy alegre. Terminó haciendo bromas con el cuerpo técnico; era muy pícaro y contagiaba eso al camerino", indicó el entrenador.
El técnico atesora una anécdota tras una victoria clave ante Santander: "Él salió como figura tras anotar un golazo. Fue uno de los que tuvo la iniciativa de voltear la nevera con hielo y agua para celebrar con alegría".
Un impacto "fortuito e inexplicable"
La tragedia tras el partido contra Santa Fe dejó a allegados de Santiago. Según relata Barato, todo comenzó con una jugada que parecía rutinaria, pero resultó ser fatal.
"Recibió un impacto del rival: un balonazo directamente en el pecho e inmediatamente se desplomó. Al principio, ellos creyeron que estaba haciendo tiempo para cortar el juego, pero luego se dieron cuenta de que estaba privado, sin conocimiento", asegura.
A pesar de que el jugador alcanzó a reaccionar y a manifestar que "no quería continuar en el partido", su estado se agravó durante el traslado médico. El entrenador descarta cualquier negligencia: "Santi estaba en un equipo profesional desde hace más de tres años; allí siempre hacen exámenes médicos y electrocardiogramas. Me parece un tema más fortuito que cualquier otra cosa, un caso inexplicable", manifiesta el estratega.
Un legado que se despide entre aplausos
La noticia de la muerte cerebral de Santiago llegó a oídos del entrenador antes que a la propia familia, sumiéndolo en un sentimiento de "frustración y angustia". Santiago, quien vivía en la Casa Hogar de Millonarios, y que durante su etapa formativa en su natal Santander pasó por equipos como Guayo FC y Águilas, dejó una marca imborrable.
"Santiago Castrillón era un mago. Daba gusto verlo jugar porque era elegante y fino. Tomaba muy buenas decisiones. Es de esos jugadores que definitivamente merecen el aplauso y así debe irse al cielo".
Para David Barato, el futuro de Santiago era "tremendo", pero ahora su rol ha cambiado: "Se va a convertir, seguramente, en un ángel del fútbol. Así lo debemos recordar: con alegría y con un fútbol brillante".
