Una colección de esmaltes inspirados en sabores llegó a Colombia y empieza a marcar una tendencia que va más allá de lo estético. La propuesta, desarrollada por Vogue en alianza con Polet, pone sobre la mesa un fenómeno más amplio, cómo las marcas están cruzando categorías para responder a nuevas formas de consumo.
Los tonos, que evocan referencias como mocha, cacao, avellana o rosé, no buscan replicar sabores, sino trasladar sensaciones a un terreno distinto, el de la belleza. Ese movimiento no es aislado.
Hoy, los productos compiten menos por su función y más por su capacidad de generar conexión.
Una estrategia que cruza categorías
El vínculo entre alimentos y cosmética responde a una lógica clara, ampliar el alcance de marca a través de experiencias. En Colombia, donde el mercado de helados superó los $2,2 billones en 2025, conceptos como indulgencia, placer o antojo tienen un peso importante en la decisión de compra.
Esa carga simbólica es la que ahora se traslada a otras categorías.
En este caso, los esmaltes Vogue inspirados en sabores funcionan como un punto de entrada a un público que ya no responde únicamente a atributos técnicos, sino a narrativas que conecten con su estilo de vida.
Lo que dice esta tendencia sobre las mujeres
Este tipo de propuestas encuentra mayor eco en mujeres que sostienen rutinas exigentes, donde el tiempo personal es limitado y fragmentado. En ese contexto, las decisiones de consumo tienden a concentrarse en objetos que puedan integrarse a su día a día sin exigir tiempo adicional.
Ahí es donde productos como los esmaltes adquieren otro lugar.
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No son una prioridad, pero sí un recurso. Funcionan dentro de códigos de presentación, de identidad y, en muchos casos, de control sobre lo propio en medio de agendas cargadas.
Los tonos, en ese sentido, no son neutros. Acompañan distintos escenarios, desde espacios laborales hasta momentos más personales, y terminan operando como una extensión de cómo se quiere proyectar o habitar el día.
Más allá del color, una señal del mercado
Las alianzas entre marcas de distintos sectores, como la de Vogue y Polet, no son nuevas, pero sí cada vez más frecuentes. Lo que cambia es el propósito, ya no se trata solo de visibilidad, sino de construir propuestas que tengan sentido en la vida cotidiana del consumidor.
En un entorno donde las decisiones de compra están cada vez más ligadas a lo emocional, este tipo de lanzamientos deja ver hacia dónde se está moviendo el mercado.
Más que esmaltes, se trata de una forma de entender el consumo.
